España - Valencia

Primera sesión matinal del 27 FMA

José-Luis López López
lunes, 10 de octubre de 2011
Alicante, sábado, 17 de septiembre de 2011. Centro Cultural Las Cigarreras. Academia de Música Contemporánea de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE). Programa I (12:00 h). Obras: Marisa Manchado, Lockta (estreno absoluto); Joan Tower, Island Prelude; Joan Magrané Figuera, Grabado de Dürer (encargo del 27 FMA, estreno absoluto, Premio “Promoción de estrenos para jóvenes compositores”). Director: José Antonio Trigueros. Programa II (13:00 h). Obras: Nuria Núñez Hierro, Desvío del horizonte (encargo del 27 FMA, estreno absoluto, Premio “Promoción de estrenos para jóvenes compositores”); Oliver Knussen, Processionals. Director: Francisco Valero-Terribas. Conciertos celebrados dentro del Encuentro Profesional de Música Contemporánea de Alicante
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Mientras tenía lugar la primera jornada del II Encuentro Profesional de Música Contemporánea de Alicante (de 10:00 h a 15:00 h, los días 17, 18 y 19), con 29 atractivos stands, inaugurado oficialmente a las 11:00 h del 17 en la 'Caja Blanca' del C.C. Las Cigarreras (donde cada uno de los tres días tuvo lugar, a las 14:00 h, un Networking Meeting), en la 'Caja Negra', agradable Sala de Cámara del mismo Centro, se celebraron dos breves, pero muy interesantes conciertos, a cargo de miembros de la Academia de Música Contemporánea de la JONDE.

Nos cupo el placer de escuchar, como apertura de estos conciertos (y los tres que los seguirían los dos días posteriores del Encuentro) el estreno absoluto de una obra compuesta, nada menos que hace 30 años, por Marisa Manchado. Escrita en 1981, como dice nuestra autora, “contra la corriente estética de aquellos momentos”: y añade, con su inteligente humor: “Alguna ventaja tendría que tener el postmodernismo, y una de ellas ha sido que esta obra, escrita con tanto cariño, pueda ser estrenada hoy; todavía recuerdo el entusiasmo y la alegría con que la compuse”. Marisa es una “fuerza tranquila”, segura, y no tiene, en efecto, que renunciar a obras como esta, aunque tenga tres décadas de vida “oculta”; y hemos de agradecerle el regalo de esta joyita (primitivamente para xilófono, piano, trompeta, cuarteto de viento madera y cello; hoy reinstrumentada para flauta, oboe, clarinete, fagot, trompa, dos violines, viola y cello) de 6 minutos de duración. Pieza encantadora, que se nutre de las músicas afro-repetitivas de Terry Riley y Steve Reich, amables y perdurables sones de nuestra memoria musical.

Siguió Island Prelude (1989) de la estadounidense Joan Tower (n. 1938), de la que existen tres versiones, todas escritas en el mismo año: para oboe y orquesta de cuerdas, para oboe y cuarteto de viento (flauta, clarinete, trompa y fagot), y -la que aquí escuchamos- para oboe y cuarteto de cuerda. Durante sus 10 minutos, la autora evoca un “escenario paradisíaco, algo así como una isla tropical en algún lugar de las Bahamas”. Es innegable, desde luego, la influencia del Adagio para cuerdas de Barber. Joan Tower imagina el lugar así: "The Island is remote, lush, tropical with stretches of white beach interspersed with thick green jungle. Above is a large, powerful, and brightly colored bird which soars and glides, spirals up, and plummets with folded wings as it dominates but lives in complete harmony with its island home". Variedad y armonía: las playas de blancas arenas, la espesa y verde jungla, el gran pájaro de brillantes colores que se eleva, planea, vuela en espiral y cae en picado… Dividida en tres secciones, cercanas a la forma sonata, ABA, se inaugura con un Largo consonante muy lento, que poco a poco se torna más activo y disonante. El oboe emerge como una línea más prominente y melismática, para liberar su energía contenida en dos breves cadencias ascendentes, sucesión de notas rápidas que conducen a una serena coda. Otra miniatura encantadora.

Concluyó este “miniconcierto” con Grabado de Dürer (2011) del reusense Joan Magrané Figueras (n. 1988), premio 'Promoción de estrenos para jóvenes intérpretes de la Jonde', estreno absoluto. Autor novel (su catálogo se estrenó hace apenas tres años) cuenta ya con una veintena de composiciones. Respecto a esta pieza (10 minutos) Magrané señala dos fuentes de inspiración diferentes: el grabado de Durero Melancholia I, y la primera frase del poema Serán ceniza de José Ángel Valente (1929-2000): “Cruzo un desierto y su secreta desolación sin nombre […]”. Ambas, señala el compositor, sugieren una línea recta, un límite infinito, un horizonte desolado y secreto. De ahí el entramado musical simbólico que se mueve dentro de un esqueleto formal guiado por el discurso melódico, equiparable a la línea recta de la técnica del grabado y también al horizonte desértico del poema. Obra bien lograda, a cargo de un noneto: flauta, oboe, clarinete, fagot, trompa, dos violines, viola y cello.

Albrecht Dürer (1471-1528): Melancholia I

El segundo de los programas, una hora más tarde que el primero, constó de dos obras. En primer lugar, Desvío del horizonte (2011) de Nuria Núñez Hierro (Jerez de la Frontera, 1980), igualmente premio 'Promoción de estrenos para jóvenes compositores de la JONDE', estreno absoluto. En ella se desarrollan planteamientos que interesan grandemente a la autora: espacialización escénica instrumental, asimilación de la voz dentro del conjunto de los instrumentos, la idea de timbre como motor de nuevas posibilidades expresivas… A lo largo de 10 minutos, este sexteto (flauta, clarinete, dps violines, viola y cello), llama, efectivamente, la atención por su riqueza tímbrica. Inspirado en textos de Xavier Villaurrutia (Ciudad de México, 1903-1950); por ejemplo,

Nocturno en que nada se oye (fragmento)

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen, sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte en esta soledad sin paredes al tiempo que huyeron los ángulos en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre (...) Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro cae mi voz y mi voz que madura y mi voz quemadura y mi bosque madura y mi voz quema dura como el hielo de vidrio como el grito de hielo aquí en el caracol de la oreja el latido de un mar en el que no sé nada en el que no se nada porque he dejado pies y brazos en la orilla siento caer fuera de mí la red de mis nervios mas huye todo como el pez que se da cuenta hasta ciento en el pulso de mis sienes muda telegrafía a la que nadie responde porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.

Y de Mahmoudan Hawad, que nació en 1950, en el macizo del Aire del Sahara Central. Pertenece a la tribu tuareg de los nómadas Ikaskazen. Desde muy joven entró en contacto con grupos de sufíes itinerantes. Ha residido en monasterios sufíes de Egipto y Libia, y en campamentos nómadas alrededor de Bagdad. Actualmente trabaja en la relación entre lenguaje, grafismo y espacio, continuando sus investigaciones sobre la cosmogonía tuareg, dominios que en su obra aparecen estrechamente ligados. Ha publicado, aparte de dos novelas, las selecciones poéticas y de caligrafías Caravana de la sed (1985), Cantos de la sed y de extravío (1987) y Testamento nómada (1989). Aunque esas influencias (más cercanas de lo que parecerían) del surrealismo mexicano y de la mística sufí, 'laten' en la obra de Nuria (probando, una vez más, la fecundidad de las relaciones entre las diferentes artes), “todas ellas están integradas desde el primer momento y siempre al servicio del sonido y de la idea musical”, afirma la compositora. Y claro está que se trata de música; pero la verdadera música no es sólo música, sino que es 'todo', añadimos nosotros. Y así lo percibimos en este caso.

Oliver Knussen (Glasgow, 1952) es, ya, un 'clásico', tanto en dirección como en composición, del siglo XX y lo que va del XXI. Processsionals Op. 2 (1978) es una reelaboración de Pantomima, obra escrita en 1968 para el Melos Ensemble (ahora descatalogada por el autor). La “recuperación revisada” se debe a una escucha casual de Pantomima en la que “se demostró, sorprendentemente, que no era tan mala como cabía esperar. […] Me dediqué a podar y recomponer, añadiendo bastante música nueva, hasta alcanzar algo 'nuevo', Processionals, con dos movimientos y duración alrededor de 12 minutos (las obras de Knussen, son, habitualmente, de tamaño breve). Una pieza de carácter sombrío y abstracto, para quinteto de vientos (flauta, oboe, clarinete, fagot y trompa) y cuarteto de cuerdas, grupos que comienzan con mundos sonoros diferentes, cuyos contrastes se difuminan hasta que, en el climax, las articulaciones se intercambian entre vientos y cuerdas: si antes los vientos protagonizaban una melodía prolongada e ininterrumpida y a las cuerdas se les asignaban notas breves y separadas, ahora es al revés. Ambas texturas sirven para acompañar una melodía de trompa, mientras el primer movimiento se desvanece. El segundo presenta funciones instrumentales más ambiguas, hasta llegar a una última sección en la que se restablece una sencilla antifonía entre vientos y cuerdas, con violentos intercambios de acordes que conducen a un final al unísono. Interesante obra.

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