España - Canarias

De aversiones, despechos e indignados

Sergio Corral
martes, 6 de marzo de 2012
Las Palmas de Gran Canaria, lunes, 27 de febrero de 2012. Teatro Pérez Galdós. Carmen, opéra-comique en cuatro actos. Música de Georges Bizet. Libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy basado en la novela de Prosper Mérimée. Estrenada en la Opéra-Comique de París -Salle Favart- el 3 de marzo de 1875. Mario Pontiggia, dirección escénica, escenografía y vestuario. Nuria Castejón, coreografía. Alfonso Malanda, diseño de iluminación. Elenco: Nancy Fabiola Herrera (Carmen), Aquiles Machado (Don José), Beatriz Díaz (Micaëla), Luca Grassi (Escamillo), Víctor García Sierra (Zuniga), Javier Galán (Moralès y Le Dancaïre), Elisandra Melián (Frasquita), Rosa Delia Martín (Mercédès), y Juan Manuel Padrón (Le Remendado). Coro Infantil de la OFGC (Marcela Garrón Velarde, dirección). Coro de la Ópera de Las Palmas (Olga Santana Correa, dirección). Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Alain Guingal, dirección musical. 45 Temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria Alfredo Kraus 2012
0,0001808

Tras unos días revueltos en los que el futuro del festival -y de la presente edición en concreto- parecía pender de un hilo mientras se esperaba saber cuál sería la dotación económica que el gobierno canario iba a entregar definitivamente a ACO, las aguas volvieron a su cauce; aunque la cuantía recibida -muy inferior a la habitualmente percibida años anteriores- no convenciera a los socios, quienes han interpretado esta señal como una muestra de desprecio a la institución.

Desprecio que ha abierto una herida en el sentir y el orgullo de los seguidores del género lírico en la provincia de Las Palmas, quienes no logran comprender que los políticos de turno desconozcan o no hayan tenido en cuenta el “legado histórico” de un festival que este año cumple su 45 edición.

Para refrescar la memoria a sus señorías, ACO recurre a la escenificación de un drama. Antes de comenzar la representación de la obra de Bizet, hacen su aparición sobre las tablas del teatro el director de escenografía Mario Pontiggia -de la mano de unos de los niños del reparto- para leernos una abrumadora lista de nombres ilustres del bel canto que han actuado en la isla gracias a este festival. Terminaba esta sutil y emotiva proclama de derechos dirigiendo nuestras miradas a una gran fotografía situada sobre el fondo del escenario que retrata a todo el personal implicado en la producción que nos disponíamos a ver. El público no alzó y agitó las manos pidiendo dimisiones, sino que, como es de uso y costumbre, llenó el teatro con una sentida ovación.

© 2012 by Nacho González

 

Inevitablemente nuestra apreciación de la obra de Bizet se vio condicionada por lo descrito anteriormente. La representación parecía adquirir un valor añadido, simbólico, como si asistiéramos al principio del fin de algo muy importante. A este sentimiento vino a unirse la circunstancia de que presenciábamos sobre el escenario la actuación de una artista canaria de adopción, en la piel de un personaje como el de Carmen, cuya interpretación es ya un referente internacional reconocido así por la crítica. Coyuntura esta que también puede interpretarse como un nuevo dardo envenenado enviado de manera indirecta y sutil a los políticos ciegos a la realidad y “cicateros”.

Pero los mensajes subliminales -para los que así quieran interpretarlo- no acaban aquí. El resultado global obtenido en la noche del estreno fue más allá de una sesuda y meticulosa apreciación estética que pudiera agradar a los expertos en materia operística. Esta nueva producción de ACO fue un verdadero espectáculo -con mayúscula- capaz de entretener y entusiasmar al más iletrado.

© 2012 by Nacho González

 

Por este motivo, ante el valor y el significado que este resultado puede tener en estos momentos tan delicados, he preferido quedarme en una apreciación global del conjunto. No queriendo entrar en detalles que podrían hablar acerca de la soberbia interpretación -una vez más- de la mezzo grancanaria y de su pareja de reparto, Aquiles Machado, así como de la no menos brillante actuación de Beatriz Díaz como Micaela, ni de la inteligente dirección escénica y contundente participación del coro, ni de la belleza plástica de las coreografías a cargo de unos bailarines muy inspirados...

Ciertamente ACO podría haberse ahorrado la “escena-proclama” inicial, y dejar que los resultados artísticos hablasen por sí solos sobre la importancia que tiene en nuestra sociedad acontecimientos culturales de esta índole; a pesar de que aún en España se siga considerando a la Ópera, y el mundo que le rodea ¿clasista y propio de las élites cultivadas?

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.