Países Bajos

Sonrisas y lágrimas

Agustín Blanco Bazán
jueves, 10 de mayo de 2012
Ámsterdam, lunes, 19 de marzo de 2012. Stopera. Deidamia, ópera en tres actos con libreto de Paolo Antonio Rolli y música de Georg Friedrich Händel. Regie: David Alden. Escenografía: Paul Steinberg. Vestuario: Constance Hoffman. Deidamia: Sally Matthews; Nerea: Verónica Cangemi; Achille: Olga Pasichnyk; Ulisse: Silvia Tro Santafé; Fenice: Andrew Foster-Williams; Licomede: Umberto Chiummo; Nestore: Jan-Willem Schaafsma. Concerto Köln. Ivor Bolton, director musical
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Para las representaciones de Deidamia la Stopera de Amsterdam elevó su foso y así los instrumentos de período del Concerto Köln, bajo la dirección de Ivor Bolton, pudieron proyectar gloriosamente su incisividad y transparencia en esta sala, tal vez la más hermosa entre las contemporáneas europeas. La ocasión sirvió para despedirse de uno de esos “lujos” que a la Stopera le será imposible afrontar en el futuro debido a estrecheces económicas. La compañía operística líder holandesa insistió desde un primer momento en no tener orquesta estable, para poder así invitar a su foso a diferentes agrupaciones orquestales del país, desde la de Rotterdam hasta la del Concertgebow. El poder hacerlo con agrupaciones del extranjero, aún de países vecinos, como ocurrió en el caso del Concerto Köln, no será ahora factible durante los próximos años, algo de lamentar en el caso de las orquestas especializadas en preparar concienzudamente óperas difíciles de vivificar para las audiencias contemporáneas.

En el caso de esta Deidamia, Concerto Köln fue dirigida por Ivor Bolton, un experto del repertorio haendeliano que logró una prístina transparencia de texturas y un sonido cálido, expresivo y de expansión melódica casi milagrosa para una orquesta de época. Vitalidad, premura y brillantez fueron correspondidas por una perspicaz regie de David Alden, de esas que se cargan la parsimonia barroca con una irresistible mezcla de ironía, comicidad y auto-ridiculización en situaciones serias.

Como comedia musical, y como fue el caso en esta oportunidad, con cantantes actores de refinada capacidad estilística, las óperas de Haendel suelen salir bien. Deidamia cuenta la historia de un Aquiles que para escapar de la guerra de Troya se disfraza de mujer para refugiarse en la isla de Skyros, donde apenas si puede controlarse en su amor por Deidamia, la hija del rey del lugar. ¿Qué mejor idea entonces que ensayar una comedia de playa y travestismo con reminiscencias de Some like it hot? Sólo que un aire de final trágico pende sobre la comedia, ya que por obra de un Ulises especialmente destacado para descubrir a Aquiles y llevárselo a Troya, Deidamia esperará vanamente el regreso de su amante.

© 2012 by Stopera

Alden resuelve la alternativa de risas y lágrimas concentrándose en una interacción esencialmente cómica por las ansiedades y represiones de los personajes, con conmovedora seriedad en las maravillosas arias reflexivas. Nada mas risueño, por ejemplo, que la llegada de Ulises y los suyos en submarino y nada más conmovedor que 'Perdere il bene amato', el aria de este último que cierra el acto primero. Silvia Tro Santafé la cantó como los dioses, poniéndose al servicio de esta y otras intervenciones suyas con una voz densa y cálida y a la vez penetrante en la proyección, tanto de líneas legato como de una asombrosa marcación de coloratura. Sin duda estamos ante una especie combinada de Horne y Berganza, una de las más importantes voces de mezzo de la actualidad.

También Verónica Cangemi, beneficiada por la genial ocurrencia de hacerla aparecer como una suerte de Audrey Hepburn, explayó su usual histrionismo escénico junto a una voz hoy algo mas mórbida y sólida en el medio, pero siempre segura en el passagio y ágil y radiante en el registro alto. Pocas cantantes saben dar a los recitativos una pluralidad de sentido e insinuación como ella lo hace.

© 2012 by Stopera

Sally Matthews fue una Deidamia de fiato algo corto y cierta fragilidad en el medio en el primer acto, pero a partir del segundo se transformó, hasta el punto de parecer en posesión de una voz diferente para triunfar con plenitud dramático-vocal en arias como 'Va, va, perfido'. En el Aquiles de Olga Pasichnyk fueron admirables el squillo y la precisión de ataque, y … ¿para que seguir? También el resto se incorporó para consumar uno de esos ensembles milagrosos donde los cantantes se adueñan de la escena para divertirse, hacer travesuras, divertir al público y manipularlo hasta las lágrimas de vez en cuando. Andrew Foster-Williams (Fenice), Umberto Chiummo (Licomede) y Jan-Willen Schaafsma (Nestore) ayudaron a las mujeres a coronar una irresistible vena teatral en la escena de ninfas y cazadores que cierra el acto segundo.

Comedia y nostalgia, ¿reír o llorar? Todo al mismo tiempo, como ocurre con la vida misma. Y todo con el plus de la música de Haendel, un compositor que sabe vivir mejor que nadie en el siglo XXI, cuando lo ayudan artistas capaces de descubrir su actualidad.

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