DVD - Reseñas

Salvatore Sciarrino, frontera del conocimiento

Paco Yáñez
lunes, 4 de junio de 2012
Salvatore Sciarrino: Luci mie traditrici. Nina Tarandek (La Malaspina). Christian Miedl (Il Malaspina). Roland Schneider (L’Ospite). Simon Bode (Un Servo). Ensemble Algoritmo. Marco Angius, director musical. Christian Pade, director de escena. Giancarlo Matcovich, productor. Un DVD de 102 minutos de duración, grabado en el Teatro Poliziano de Montepulciano (Italia), del 29 de julio al 1 de agosto de 2010. EuroArts 2059038. Distribuidor en España: Ferysa.
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Después de que el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento 2011 recalara, de forma merecidísima, en el alemán Helmut Lachenmann, este año el destinatario de tal honor es el italiano Salvatore Sciarrino (Palermo, 1947), compositor fundamental en la escena de la música actual europea, cuyo galardón no hace sino confirmar el buen criterio que desde su nacimiento ha guiado a los jurados de dicha convocatoria.

Si algo caracteriza a la música de Sciarrino es, precisamente, ese internarse en el umbral de lo fronterizo, en el límite, en los márgenes que definen nuestras estéticas y lenguajes; unos contornos estilísticos que el compositor italiano reconstruye en cada una de sus creaciones, brindándonos soluciones inauditas y un acervo idiomático en el terreno de la contemporaneidad sin parangón en la música italiana de las últimas décadas (en especial tras la muerte de Luigi Nono, del cual se vio en Sciarrino a una suerte de ‘sucesor’ al comienzo de su carrera, pero del que ya se ha distanciado de forma considerable, alquitarando ese verdadero objetivo del arte que es la creación de un lenguaje propio, sustantivo, sólido, e inmediatamente reconocible: tal es la voz de Salvatore Sciarrino.

Como recogió Mundoclasico.com en su día, el jurado de los premios Fronteras del Conocimiento destacó el hecho de que Sciarrino «ha desarrollado una sintaxis nueva y única», así como su «reelaboración consciente de ideas y materiales de culturas y épocas pasadas». El extraordinario y referencial DVD que hoy reseñamos sería un perfecto ejemplo de ambos aspectos, conjugados de forma singular en una de las óperas más valoradas, representadas y aplaudidas de nuestro tiempo: la turbadora y oscura Luci mie traditrici (1996-98).

Salvatore Sciarrino, como el alemán Hans Werner Henze, el español José María Sánchez-Verdú, el húngaro Péter Eötvös, o el francés Pascal Dusapin, es uno de los responsables de que el género operístico mantenga su vigencia y una floración estilística excepcional en lo que llevamos de siglo XXI. Entre sus aportaciones al género se encuentran piezas de gran personalidad y valor musical como Amore e Psiche (1973), Cailles en sarcophage (1979-80), Lohengrin (1982-84), Perseo e Andromeda (1990), Infinito nero (1998), Macbeth (2001-02), La porta della legge (2008), o Superflumina (2010), su última incursión en el medio. Luci mie traditrici es un típico ejemplo de la concepción sciarriniana de lo operístico, con una plantilla instrumental de cámara, reducido efectivo vocal, división en dos actos y ocho escenas, y libreto del propio compositor libremente inspirado en una obra clásica; en este caso Il tradimento per l'onore, escrita por Giacinto Andrea Cicognini (1606-1651) y publicada en 1659. Il tradimento per l'onore se centra en la figura del noble y compositor italiano del Renacimiento tardío Carlo Gesualdo (1566-1613), cuyos madrigales han sido una inspiración para Salvatore Sciarrino a lo largo de toda su carrera, y cuyo modelo cromático ha interpelado a la música del compositor de Palermo en numerosas ocasiones. Luci mie traditrici narra el episodio de infidelidad conyugal de la esposa de Gesualdo, Donna Maria d’Avalos, con Fabrizio Carafa, Duque de Andria, tras cuyo descubrimiento son asesinados la noche del 16 al 17 de octubre de 1590, en el Palazzo San Severo de Nápoles, a manos del propio Gesualdo, un crimen de un ensañamiento especialmente brutal, que acabó en un furibundo baño de sangre, violentas amputaciones, descuartizamiento, y que agravó sus resonancias y gran notoriedad por la exposición pública de los cadáveres como lección a sus súbditos, algo que obligó a Gesualdo a la huida ante la posible venganza de los familiares de sus víctimas.

Sciarrino concentra de forma intensiva los episodios del drama, en una implacable progresión hacia el horror. En su composición destacan dos niveles de forma muy marcada, cada uno con peculiaridades distintivas: voz y ensemble instrumental. En la voz destaca su tendencia al parlato, así como un procedimiento ya en otras ocasiones analizado en la vocalidad sciarriniana y que Lothar Knessl califica de actualización contemporánea de la sillobazione scivolata barroca, caracterizada por un crescendo muy breve, de apenas una sílaba estilizada, al que sigue un decrescendo acelerado a base de pequeños intervalos zigzagueantes, casi indeterminados. Esta técnica acaba por conformar una suerte de poética desintegrada, de canto truncado, de imposibilidad de todo lirismo y afianzamiento tanto armónico como melódico; algo que casa perfectamente con una ópera tan obscura y transida de fatalidad como Luci mie traditrici. Otro aspecto que complejiza la presencia vocal en esta ópera es el carácter instrumental de la misma, así como un uso constante e intensivo de la repetición (de características muy alejadas a las del minimalismo, en todo caso). El continuo empaste y fusión de las voces en los diálogos crea ilusiones de unísonos, confusiones a la hora de discernir la proveniencia y sentido del discurso, algo que se agudiza con un uso del glissando para ornamentar las voces y acusar aún más el carácter esquizoide de las mismas. La suerte de ‘canto quebrado’ que atraviesa toda la partitura podría ser definido como de esencialidades amputadas. Si Péter Eötvös habla de Speech-opera para referirse a su pieza escénica As I crossed a bridge of dreams (1998-99), en Luci mie traditrici podemos hablar de ‘ópera de murmullos’; tal es el carácter de la voz, al tiempo soterrada y cargada de violencia, de engaños, de fatalidad.

En el ámbito instrumental destaca el uso constante de técnicas extendidas, una búsqueda tímbrica sin concesiones, la dispersión de sonoridades cristalizadas, aisladas, atravesadas por silencios de profundo peso específico, etc. Todo ello acaba confiando a los instrumentos acústicos un carácter cuasi-electrónico de enorme originalidad e insospechadas cargas metafóricas. Por otra parte, hay un uso muy naturalista de ciertos sonidos instrumentales -especialmente los vientos, absolutamente nuevos en cuanto a sonido en manos de Sciarrino-, que acaban reproduciendo el ritmo de respiraciones, latidos cardíacos, jadeos, etc. El oyente se adentra, de este modo, en el organismo de los torturados protagonistas de la ópera, en su misma fisiología, convirtiendo la música en todo un organismo sonoro, algo que se confronta con el canto, que vehicula un discurso racional marcado por la mentira y el engaño, por la apariencia domesticada de lo social. De esta forma, esos dos niveles sugieren dos planos de la realidad que se entrecruzan y enriquecen -razón y pulsión-, que nos permiten conocer los dilemas y tormentos que se (a)baten en cada uno de los protagonistas, conformando un paisaje sonoro de gran originalidad y sentido dramático.

Este carácter ‘fisiológico’ del sonido instrumental es algo que Sciarrino ya había explorado en composiciones tan fulminantes y perturbadoras como la terrible Introduzione all’oscuro (1981), uno de los ejercicios musicales más angustiosos que uno haya conocido. Como en aquella pieza para ensemble, el elenco instrumental de Luci mie traditrici se concentra de forma esencial en la definición de los matices a través del timbre, de los suspiros, de la levedad, rehuyendo las grandes arquitecturas sonoras y casi por completo los clímax y tensiones de súbita irrupción, excepto en momentos muy señalados (como el primero de los asesinatos). El compositor italiano destaca por su timbre instrumental, inmediatamente reconocible, así como por una escritura original y técnicamente perfecta donde la levedad, el refinamiento y la poesía sonora hacen de él uno de los grandes artistas del presente. Algunos de los elementos que definen a la ópera que hoy reseñamos estarán presentes, igualmente, en otras partituras de Sciarrino en mayor o menor grado inspiradas en/por la figura y drama de Gesualdo, como Le voci sottovento (1998), o su particular e inaudita colección de Madrigali (2007). Sin embargo, y a pesar de las virtudes de estas piezas, Luci mie traditrici continúa erigiéndose como uno de los puntos álgidos en el catálogo del italiano, de ahí el valor sustancial de este DVD.

De Luci mie traditrici disponíamos, hasta el momento, de una nutrida discografía para tratarse de una ópera contemporánea, género éste desgraciadamente tan limitado a la versión-por-ópera. En el año 2000, Beat Furrer ya había grabado la partitura para el sello austriaco Kairos (0012222KAI), mientras que en 2002 Tito Ceccherini lo había realizado para Stradivarius (STR 33645). Precisamente el sello italiano nos había permitido conocer en formato CD audio la puesta en escena que ahora edita EuroArts en DVD vídeo, con dirección de Marco Angius, en el marco del festival ‘Cantiere Internazionale d’Arte di Montepulciano’ (Stradivarius STR 33900). En diversas ocasiones Salvatore Sciarrino se ha referido a esta producción como la mejor referencia hasta el momento de Luci mie traditrici, y la verdad es que no es para menos, suscribiendo quien estas líneas firma la opinión del compositor. El apartado vocal lo cubren con un nivel realmente sobresaliente Nina Tarandek, en el papel de una fría y calculadora La Malaspina; Christian Miedl, excepcional en su rol protagonista de Il Malaspina; Roland Schneider, una voz de un registro agudo perturbador como L’Ospite; y Simon Bode, con gran corrección en el papel menor de Un Servo. En lo instrumental, el Ensemble Algoritmo vuelve a demostrar por qué está considerado uno de los conjuntos que mejor da cuenta de la música de Sciarrino, con atenta y precisa dirección de Marco Angius, que da un relieve magnífico al ensemble. La definición tímbrica es excelsa y fascinante, de una personalidad rotunda, marcada, sustancial. Aunque parecía difícil en ciertos aspectos superar la lectura de un conjunto tan sobresaliente como el Klangforum Wien (con Furrer, para Kairos), el Algoritmo mejora ampliamente las prestaciones del grupo austriaco, seduciendo en su mezcla de pasión y tragedia, de sensualidad y rencor. Una auténtica gozada, se mire por donde se mire.

La toma sonora -la mejor para esta ópera hasta la fecha- es impactante, de una presencia abrumadora, en la que lo instrumental cobra un relieve inusitado, adquiriendo un peso decisivo a la hora de enfatizar los dos niveles a los que nos hemos referido en esta reseña para construir los elementos significantes de Luci mie traditrici. La edición del sonido se presenta en PCM-Stereo de excepcional calidad. Además de los 69 minutos de la ópera, se presenta como bonus un making of de 33 minutos de duración, un auténtico regalo para los interesados ya no sólo en la música de Sciarrino, sino en lo que significa el mundo de la música escénica contemporánea, al adentrarse con todo detalle en lo que supone el montaje de una ópera desde una perspectiva netamente actual, marcada por la excelencia y el compromiso con el arte habituales en el festival toscano. Giancarlo Matcovich es el director tanto del documental como de la edición visual de la ópera, muy cercana y caracterizada por la alternancia plano-contraplano. No exime ello el que conozcamos, en algunos huidizos planos generales, la brillante y austera escenografía de Christian Pade; una escena que con una serie de paneles móviles representa el laberinto y abismo del adulterio. Ese adentrarse en el alma del drama busca de forma recurrente la correlación con la música, con su interioridad fisiológica, cual un pozo en caída libre: más tragedia que explosión de anhelos y deseos, que en su explicitación acaban por ser velados por la oscuridad de la escena y un contacto entre los protagonistas que si bien es cercano, parece distanciado por simas insalvables. Muy acertado el rescate del lenguaje de los abanicos -que hoy nos parece arcano pretérito- y cuyo sentido metafórico es crucial para comprender la relación entre el matrimonio Malaspina y su progresivo distanciamiento.

Por lo demás, la ratio de imagen es 16:9, el formato NTSC, la región 0, y tan sólo nos podemos lamentar de la falta de subtítulos en castellano; carencia que nos sorprende cuando lanzamientos previos del EuroArts sí disponían de subtítulos en nuestro idioma (quizás las compras cada vez más masivas de títulos operísticos a través de internet a webs no ubicadas en España estén pasando una factura que no esperábamos). Así pues, lanzamiento de enorme importancia en la escena de la música contemporánea, una invitación al corazón de la mejor ópera de hoy, al dualismo que palpita en Luci mie traditrici entre los rituales modos de la nobleza renacentista y su furibundas pasiones, enclavadas, a través de la fisiológica música de Sciarrino, en pleno corazón, en pleno estómago, en plenas vísceras...; y en pleno rostro, pues una de las virtudes de este DVD es presentarnos un lenguaje facial riquísimo y extraordinario, especialmente en lo que a Christian Miedl se refiere, hipnótico en su personaje central de Gesualdo, al tiempo irónico, mordaz, vehemente y terrible. Lección de teatro y voz, la suya. Experiencia(s) a no perder, las de Luci mie traditrici, enclavadas en las mismas fronteras del arte como forma de conocimiento.

Este DVD ha sido enviado para su recensión por EuroArts.

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