Reportajes

La música es mi alegría. Dokumenta 13 (II)

Juan Carlos Tellechea
viernes, 22 de junio de 2012
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"La pintura es mi tormento, la música mi alegría", confiesa el artista plástico estadounidense Llyn Foulkes, (Yakima/Washington 1934) presente en la Documenta 13 de Kassel -centro-oeste de Alemania- con su instalacion The Machine, un dédalo de instrumentos musicales de percusión, vientos y cuerdas con el que ofrece conciertos hasta el próximo 19 de julio en el Museo Friedericianum, sede principal de la muestra.

La Documenta 13 se concentra este año en temas como el colapso y la reconstrucción del planeta y su sociedad o la preservación del medio ambiente, por lo que la música y la danza ocupan un lugar algo subordinado en esta exhibición. Hay, sin embargo, artistas de edades muy diversas que incorporan, cada uno a su manera, estos géneros a su vida y a sus obras, permitiendo echar una ojeada al desarrollo de la experimentación a través de diversas generaciones.

Foulkes, quien vive en Los Angeles, se ha convertido por fin en el hombre-orquesta con el que soñaba desde su infancia, tras integrar diversas formaciones de música rock y ser cofundador de The Rubber Band. Sentado detrás de una estructura diseñada por él mismo, toca simultánea o sucesivamente un xilofón, cencerros, una batería, así como una sección de antiguas cornetas y bocinas (utilizadas otrora en automóviles y bicicletas).

Rodean la instalacion dos grandes dioramas tridimensionales suyos, The Lost Frontier (1997-2005), sobre la pérdida del "sueño americano", y The Awakening (1994-2012), un escalofriante retrato de una pareja de ancianos en su dormitorio, donde la mujer parece yacer muerta sobre el lecho conyugal.

En las últimas cinco décadas, y tras haber sido inicialmente un expresionista con gran carga emocional, Foulkes ha creado de forma consecuente e inconsecuente una obra que escapa explícitamente a cualquier encasillamiento y que da respuesta, en el sentido del Pop Art, a la desaparición del país de las posibilidades ilimitadas.

© 2012 by Roman Maerz

 

Música electroacústica

Por su parte, el libanés Tarek Atoui, un nómada nacido en Beirut en 1980, recibe a los visitantes con su laboratorio provisional de música electroacústica en el rellano superior de la escalinata que conduce a la amplia entrada principal del Friedericianum. Este lluvioso mediodía del miércoles 6 de junio realiza una acción artística (performance) ante los representantes de la prensa que ingresan por primera vez a la exposición.

Atoui, músico, artista creador de sonidos y programador de ordenadores, centra su trabajo en una contínua reflexión sobre el concepto del instrumento musical y sobre la performance como proceso complejo, abierto y dinámico. Al contrario que una herramienta o una máquina, el instrumento musical expresa no sólo la individualidad y el virtuosismo del ejecutante; muestra también la relación del instrumentista con su cuerpo e intimidad, así como con otros contextos externos.

Para la Documenta 13 Atoui ha dividido su labor en tres fases interconectadas: la primera contempla la instalación de su laboratorio provisional y la creación de una plataforma de producción participativa, como preludio a la segunda etapa, en la que presenta su instrumento en diversas secciones de la muestra (entre ellas, en la Orangerie, cerca del Museo Friedericianum, donde hay un apartado dedicado a los equipos astronómicos y físicos, desde la Antigüedad hasta nuestros días).

En esta sección Atoui sostendrá discusiones con diversos círculos de oyentes, realizará acciones artísticas (performances) y se inspirará en la obra del diseñador, compositor y filósofo finés Erkki Kurenniemi (Hämeenlinna/Finlandia, 1941), pionero en su país en la electrónica aplicada a la música y a la robótica, también presente en la exposición (con innovaciones, como la serie de sintetizadores DIMI, DIgital Music Instrument, de las décadas de 1960 y 1970). El artista libanés intervendrá también en la exhibición de Kurenniemi con estos instrumentos reconstruídos para continuar con su cuestionamiento crítico sobre los conceptos de instrumento y performance desde la perspectiva de nuestros días.

Orangerie

© 2012 by Nils Klinger

 

Danza

Por otra parte, el coreógrafo francés Jérôme Bel (París, 1964) se interesa principalmente por aspectos que trascienden a las representaciones. En sus coreografías, las reglas de la danza y el teatro son abordadas como una sintaxis del lenguaje. Bailadas y declamadas por profesionales, las piezas pueden ser consideradas como manifestaciones en favor de la democratización de la danza.

En Kassel, Bel presenta su nueva producción Disabled Theatre, junto a la versión cinematográfica Disabled Cinema (ambas de 2012), en la que trabaja con artistas mentalmente discapacitados del grupo teatral suizo HORA, de Zúrich. El coreógrafo ha optado por llamar la atención del público sobre esta invalidez con el objetivo de abrir un espacio para que estas personas no queden fuera de las artes visuales y dramáticas u ocultos detrás de la cortina de lo que se considera habitualmente como políticamente correcto.

Paralelamente, Bel desarrolló un seminario en Kabul/Afganistán (una de las sedes adicionales de la Documenta, junto con Alejandría y El Cairo, en Egipto, y un parque natural en Canadá) basado en una pieza realizada en 2004 para la bailarina Véronique Doisneau (de la Ópera de París).

En este seminario expone "cómo las prácticas teatrales y coreográficas exteriorizan los aspectos personales, pero también los políticos; cómo la estética teatral está entrelazada con los momentos históricos; cómo la biografía de un actor está unida a la historia del teatro, pero también a la historia" en general, según sus propias declaraciones. Bel cuestiona aquí su propia estética en relación con el conocimiento y la realidad de los actores, mientras explora asuntos problemáticos como el eurocentrismo, el interculturalismo, y la globalización cultural.

© 2012 by Anders Sune

 

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