Ópera y Teatro musical

Ambos elencos de Attila presentan grandes cantantes

Johnny Teperman
miércoles, 10 de octubre de 2012
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Con grandes aplausos en todas sus funciones, se despidió del público del Teatro Municipal de Santiago de Chile, la ópera Attila de Giuseppe Verdi, quinto título de la temporada lírica 2012, que destacó la gran calidad vocal de su elenco de cantantes de las siete representaciones: cinco internacionales (incluyendo la Gala de Fiestas Patrias) y dos del segundo elenco o estelar.

Lo importante del balance anterior, reconocido en forma casi unánime por público y críticos, es el hecho que lucieran casi por igual los dos elencos, lo que no sucede en muchos escenario de la lírica del mundo, al decir de los expertos "operáticos".

Tras una ausencia de 20 años, volvió esta atractiva ópera, la cual es considerada por muchos como una de las más logradas del Verdi temprano. Llena de vibrantes e irresistibles melodías típicamente verdianas, y con una historia que mezcla lo heroico y lo patriótico con el amor y la pasión, contó con un elenco de primer nivel.

Luego de sus actuaciones en teatros como el MET de Nueva York y la Scala de Milán, en el rol protagónico debutó en nuestro país, el destacado bajo eslovaco Stefan Kocán, acompañado por la ascendente soprano ucraniana Liudmyla Monastyrska, quien también actuó por primera vez en Chile, confirmando en el Municipal, lo que se comenta en todo el mundo, donde ya es considerada como una de las voces verdianas del momento. Junto a ellos retornaron sólidos artistas que han participado en pasadas temporadas líricas del Municipal, como el director catalán Alberto Hold-Garrido (Macbeth, 2003), el barítono Vitaliy Bilyy y
el tenor italiano Walter Fraccaro.

Estrenada en 1846, la acción de la ópera transcurre en la Italia del siglo V, y muestra cómo la llegada de las huestes bárbaras encabezadas por el conquistador Atila, rey de los hunos, se encuentra con la fuerte oposición de los italianos encabezados por el heroico general Ezio y la valiente doncella Odabella, quien desea vengar a su padre que encontró la muerte en manos del bárbaro. Como era de esperar, este tema logró que, una vez más -como en Nabucco y Los Lombardos, ambas óperas del mismo Verdi- el pueblo italiano adoptará como propios los ideales libertarios y patrióticos de la trama.

Destacó nitidamente en el elenco internacional la soprano ucraniana Lyudmila Monarstyrska (Odabella), de una voz potente y afinada, que le permitía emitir sonidos vibrantes, seguros y de impresionante volumen y perfección melódica. Su 'Liberami or piangi', del acto inicial, fue sencillamente maravilloso. La siguió en méritos el talentoso bajo eslovaco Stefan Kocán, con voz caudalosa, un portento de potencia y calibración para enfocar pasajes difíciles. Destacó su duo del Prólogo junto al barítono ucraniano Vitaliy Bilyy, quien ya ha cantado siete veces en Chile y se siente a sus anchas sobre el escenario del Municipal. El tenor belcantista italiano Walter Fraccaro, lució la voz dulce y, a la vez, imponente.

En el elenco estelar, sorprendió la gran calidad de al menos dos solistas: primero el bajo coreano In Sun-Sing, de una bella voz, precisa y elegante, pareja en calidad en los tres actos, como el temible Attila. Lo siguió en méritos la bella y delicada soprano argentina Mónica Ferracani, impecable en el rol de Odabella, con una entrada impresionante con la cavatina 'Santo di Patria'.

El valeroso Ezio del barítono brasileño Rodolfo Giugliano, se mostró con muy buenas arias, aunque a veces tuvo problemas de afinación y de coordinación con el director orquestal. Este último, el español Alberto Hold-Garrido, fue un conductor atinado, buscando la mejor coordinación con sus dirigidos, músicos y cantantes, a quienes les exigió al máximo. El tenor chileno Pedro Espinoza (Foresto), partió con voz débil e insegura, pero con el correr de la acción fue mostrando aplomo a raudales. Especialmente su duo de amor con la argentina Ferracani y su participación en el terceto en medio de la ópera, fueron hermosos y a ratos, imponentes.

El Coro del Teatro Municipal, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornick, estuvo, una vez más, impecable, respondiendo a todo lo que se le pedía con una calidad a toda prueba.

En lo relativo a la dirección escénica del español Curro Carreres, esta fue esforzada y con una constante búsqueda para respaldar la acción que ocurría, para desarrollar la trama, aunque hubo muchos tintes exagerados, incluso extraños, que sólo contribuyeron a desorientar a los espectadores, quienes por fortuna, se deleitaron con la bella música y los cantantes.

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