Francia

`L’instant du bonheur’

Jorge Binaghi
viernes, 26 de octubre de 2012
París, jueves, 18 de octubre de 2012. Opéra Bastille. La fille du régiment , libreto de J. Henri Vernoy de Saint-Georges y Jean-François-Alfred Bayard (diálogos adicionales de Agathe Mélinand). Puesta en escena y vestuario: Laurent Pelly. Escenografía: Chantal Thomas. Música de G. Donizetti. Intérpretes: Natalie Dessay (Marie), Juan Diego Flórez (Tonio), Alessandro Corbelli (Sulpice), Doris Lamprecht (Marquise de Berkenfield), Felicity Lott (Duchesse de Crakentorp) y otros. Orquesta y coro del Teatro (preparado por Patrick Maria Aubert). Dirección: Marco Armiliato
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Visto tanto predominio del inglés, bien podemos volver un poco al antes tan internacional francés. Sobre todo si pertenece al libreto original de esta ópera de Donizetti, su primer experimento original en francés, que tanto éxito tuvo ante la envidia de nada menos que un Berlioz.

Este espectáculo ha sido ya reseñado aquí, no sé si en Viena, pero seguramente sí en Londres y Nueva York. A París llega en etapa final (y merecidamente, vista la lengua y el tema) y cuando se podía suponer que la ‘sorpresa’ de la producción ya no lo fuera y alguno de sus intérpretes pudiera no estar en el apogeo de sus medios. Y bien, no. Todo lo contrario. Incluso si se ha visto o se tiene el dvd de la primera temporada londinense (hubo dos), siendo sustancialmente el mismo, ha mejorado como los buenos vinos con el tiempo. No sólo porque se haya introducido algún detalle nuevo, sino porque los tres principales lo llevan tan rodado y se lo han apropiado de tal manera que no parece exagerado hablar de referencia histórica, de un hito que probablemente ya no se repetirá (salvo milagro, que siempre puede haberlos) y que marcará la historia de este título y de los que lo han hecho posible.

Además, hemos tenido la mejor Marquesa en una pletórica Doris Lamprecht que además de excelente cómica es buena cantante (lo demuestran las pocas notas de ‘J’ai perdu mon Euridice’ que improvisa en el segundo acto) y la más divertida (sin perder aplomo ni clase) Duquesa: la Lott no ha sido nunca mi favorita, pero hay que reconocer aquí sus méritos (incluso también en su pequeña canción con acompañamiento de acordeón).

© 2012 by Agathe Poupeney

En el pasivo una dirección rutinaria de Armiliato, que se limita a acompañar y a hacer de una obertura que no es genial algo plúmbeo aunque la orquesta es más que buena. Tampoco el coro (confiarlo a dos directores no parece la mejor de las ideas) pasó de lo correcto e incluso en el ‘Rataplan’ sonó algo anémico.

Pero el dechado de gracia, comicidad, dinamismo de esta puesta en escena vencería cualquier reserva. Si además, se la interpreta y se la canta como ha sido el caso. Un vendaval de ovaciones en los números y un merecido estrépido ensordecedor al final de la función: exactamente lo que se necesita y lo que se aprecia.

© 2012 by Agathe Poupeney

No parece posible escribir ya nada de la comicidad legítima y el buen canto (y francés, además) de un Corbelli, que exprime cada frase del viejo soldado y la hace nueva. Menos se puede escribir de la elegancia (unida a una buena expresividad) de Flórez, que supera de lejos los dichosos nueve dos de su aria inicial (parece aún más impresionante su legato en la romanza del segundo acto). Y, más que probablemente, este es el papel que Dessay puede continuar cantando hoy sin temores a comparaciones odiosas consigo misma. Un elegante señor norteamericano salió diciendo una gran verdad: “She’s Lucy with a voice’. Para aclarar, Lucy era Lucile Ball en la serie I love Lucy, y me parece todo un cumplido para la gran soprano que siempre ha querido ser una gran actriz la comparación. Es un auténtico terremoto físico y la parte no le ofrece ningún tipo de problemas de tesitura (aunque hoy brilla más que nunca en los momentos elegíacos como ‘Il faut partir’ y el aria del segundo acto que corona sin problemas con un vibrante ‘Salut à la France!’). Hubo momentos en su actuación más vertiginosos en lo vocal, escénico y hablado que antes y en el segundo acto más de un recuerdo de su última y fenomenal encarnación de la muñeca Olympia en esta misma sala. Si la diminuta y fenomenal Madame Dessay tuviera que pensar, tal vez muy pronto, que ‘es preciso marcharse’ (con toda la punzante melancolía del fragmento aludido), debería hacerlo con un espectáculo como este.

Entretanto, gracias. A todos (y hasta al ‘teniente’ Donizetti, tal como aparece en el telón, al que algún mérito alguna vez habrá que reconocerle).

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