España - Madrid

Verbena actualizada o “son cosas de estos tiempos”

Germán García Tomás
lunes, 11 de marzo de 2013
--- ---
Madrid, domingo, 24 de febrero de 2013. Teatros del Canal. Noche de verano en La Verbena de la Paloma. Autor: Tomás Bretón. Dirección musical: Miguel Roa, Manuel Coves. Adaptación y dirección de escena: Marina Bollaín. Escenografía: Josune Lasa, Marie Greffrath, Natascha Von Steiger, Josune Cañas. Vestuario: Josune Lasa, Teresa Mora. Iluminación: Olga García, Rafael Mojas. Reparto: Amparo Navarro, César San Martín, María José Suárez, David Rubiera, Emilio Sánchez, Itxaro Mentxaka, Juanma Cifuentes, Cristina Luar, Olga Castro. Producción: Teatros del Canal.
0,0003619

De un tiempo a esta parte viene siendo práctica habitual, y ya casi se está imponiendo como norma, que directores de escena aboguen por la adaptación de obras de género lírico y de teatro clásico en general, traducido gran parte de las veces en una visión individual y personalista que de las mismas realizan. Un nuevo ejemplo de esta tendencia escénica producto de la era moderna lo hemos encontrado en la producción Noche de verano en La Verbena de la Paloma, una rabiosa actualización a los tiempos presentes del clásico sainete de género chico de Tomás Bretón y Ricardo de la Vega, a cargo de Marina Bollaín (hermana de la cineasta Icíar) y que ahora se ha repuesto en los madrileños Teatros del Canal.

Bollaín ha dejado meridianamente clara su propuesta escénica con esta declaración de intenciones y en cierta medida justificación, enormemente discutible: "En su estreno en 1894, esta zarzuela retrataba la realidad de entonces y situaba a sus personajes en la época de los espectadores. Además, estaba ambientada en una fiesta popular que se sigue celebrando hoy día. Mucho más que recrear una pieza de museo del Madrid de entonces, lo interesante para mí ha sido tratar de recuperar su carácter actual, buscar qué queda de entonces, qué se ha mantenido y cómo ha evolucionado. Así, esta puesta en escena nos traslada a Madrid hoy, por la tarde y noche del 15 de agosto, una ciudad cosmopolita que a la vez conserva sus tradiciones, sus costumbres y su música". También ha manifestado en entrevistas que una obra como La Verbena está de vuelta de todo, ya que todo el mundo la conoce en su original, y que "es interesante reinterpretar clásicos tan conocidos y aportar otros puntos de vista". Lo dicho, blanco y en botella.

Lo cierto es que los cambios introducidos en la obra son de tal calibre que la originaria Verbena se presenta de tal manera que no la reconocen ni los padres que la alumbraron. Respecto a los personajes: Don Hilarión ya no es un viejo verde e histriónico boticario, ahora es un presumido farmacéutico con treinta años menos y según Bollaín, "nuevo rico, hortera y aficionado al golf". A la Tía Antonia se le cambia de sexo convirtiéndola en el peluquero Tío Antonio. Julián no es cajista de imprenta, es un butanero que ahoga sus celos mal reprimidos viendo realities televisivos. La pareja de guardias urbanos gallegos del original desaparecen, al igual que el personaje de la cantaora Soledad, cuya copla que abre el segundo cuadro, "En Chiclana me crié", se la arrebata Casta, entonándolo en la peluquería mientras el Tío Antonio le saca con un peine enormes mechones de pelo (también desaparece por tanto el tablao flamenco de dicha escena).

 

Noche de verano en La Verbena de la Paloma.. Madrid-Teatros del Canal, 2013

 

Como estamos en el siglo XXI, no existe tampoco por las calles el sereno nocturno que no acude nunca a la llamada del vecino impaciente, "¡Franciscoooooo...!", sino que se ve ahora modificado por un "¡Sebastiáaaaaan...!" que histéricamente le grita su mujer Severiana al amigo de Don Hilarión, por lo que eso de "Consumos por aquí, consumos por allá" es cantado por el susodicho Sebastián. En el número de la mazurka no aparecen organillos, ni cafés, ni helaos ni licores ni , aquí la pareja de hermanas al son de la música danzable de Bretón no baila, sino que intenta atrapar un paquete que el pícaro farmacéutico las balancea desde el segundo piso por encima de sus cabezas, y que cuando consiguen abrirlo resulta contener: ¡aleluya, un reducto textil conservado del original: dos mantones de Manila!


Tras la gresca del famoso concertante entre un subido de humos Hilarión y un agresivo Julián que cierra el segundo cuadro (que se produce en igualdad de condiciones, no desde la original superioridad juvenil de Julián hacia un asustado y ridículo boticario), Bollaín opta por algo que se estima muy acertado: visionar un pequeño vídeo de imágenes de los últimos 30 ó 40 años de verbenas madrileñas (entre las que se ven divertidas corridas de toros con enanos) al son del pasodoble en versión orquestal "Las mujeres españolas" de la zarzuela María Manuela de Moreno Torroba.

El cuadro final se traslada a una verbena de barrio en nuestros días, con una orquesta pop y la voz de Severiana, que, cantante de música actual, nos sorprende cantando "Si la vida son dos días" de Lolita, el "Waka waka" de Shakira y "Dos gardenias" de Machín, al son de los cuales bailan alegremente todas las parejas menos el amargado Julián. Durante la actuación, que convierte la Sala Roja del Teatro en una feria, diversos figurantes vestidos de camareros ofrecen al respetable vasos de mosto mientras Severiana (la cantante pop Cristina Luar) anima al público a dar palmas al son de la música. Otros añadidos musicales tolerables de Bollaín al original de Bretón son una versión instrumental de “la tarántula” o zapateado de La Tempranica de Gerónimo Giménez (para exhibición de una bailarina) y una canción gallega destinada al Tío Antonio con texto de la poetisa Rosalía de Castro.

Por otro lado, Ricardo de la Vega ha sido la gran víctima en esta adaptación de Bollaín: las partes habladas de su texto se han visto afectadas por una reducción al mínimo (por no decir mutilación), y gran parte de las situaciones cómicas originales ya no lo parecen siquiera. Según la directora de escena, "la resolución (de la obra) resulta muy pobre escénicamente”, y por ello, el amplio parlamento final del cuadro tercero ha sido sustituido por la inclusión de la mencionada escena en la verbena madrileña actual. Tampoco aquella frescura y chulería del lenguaje castizo madrileño que es parte consustancial del sainete se ha traslucido tanto como hubiera sido deseable. Es más, la impresión causada es que lo retrechero y garboso ha cedido el paso a lo “choni” y cutre.

El embalaje escenográfico, en honor a la verdad no exento de originalidad, por el cual se decanta Bollaín para sustentar su propuesta, es una estructura de andamios similar al popular cómic de Francisco Ibáñez 13 Rue del Percebe, un edificio de cuatro plantas con tres habitaciones en cada uno, menos el ático, que ocupa toda la planta superior. Casi toda la obra transcurre en cada una de las pequeñas estancias de este andamiaje excepto la escena final, donde el espacio escénico habitual es aprovechado ampliamente. Las celebérrimas seguidillas "Por ser la Virgen de la Paloma" se convierten en un colorista número (sin mantones de la “China na” ni churros ni vino ni ná… ¡Pa qué!) repetido hasta tres veces por el coro cuando alguien menciona la palabra "verbena", y presentando una coreografía y un juego de parpadeos lumínicos que le acercan al musical americano, lo que desvirtúa en cierta manera su sentido original. Todo ello está edulcorado con unos multicolores figurines de una profunda estética almodovariana.

Lo que parece percibirse con esta actualización (temido vocablo éste cuando hablamos de nuestro teatro lírico) es que Marina Bollaín se ha adueñado caprichosamente, quizá por ser hija de la modernidad, de un sainete que tiene unas clarísimas variables espacio-temporales. La zarzuela es un género testimonial, y al acercarse a él se debería tener en cuenta que sus obras fueron escritas en una época determinada, que retratan una realidad social e histórica concreta y que lo esencial y sustancial no debería ser cambiado, porque simple y llanamente, se desdibujan las obras, cuando no las alteran completamente. Si se mete en exceso la mano modificando o maquillando, puede llegar a surgir un producto escénico final diferente, se presenta al público (conocedor de la obra o no) algo que no es ni de lejos. Pero no lo neguemos, todo esto resulta muy cool y fácil de justificar, máxime cuando se pretende acercar el género lírico a las nuevas generaciones. Pero no deberíamos apuntarnos al carro del “todo vale”, porque nos cargamos la esencia de cualquier cosa y el respeto a los autores.

Se antojan preguntas como: ¿por qué Bollaín actualiza algunas partes del libreto (musicadas o no) y mantiene otras tal cual, como por ejemplo la primera intervención de Don Hilarión y Sebastián, "El aceite de ricino", cuyos comentarios acerca de productos medicinales de la época podrían parecer anacrónicos al espectador de hoy en una actualización tan descarada como la suya? En su conjunto, el mismo libreto primigenio está configurado con las características de la época en el que fue redactado y los personajes son como el libreto detalla: si Don Hilarión dice en sus coplas que "se siente como un muchacho" lo hace porque se trata de un vejete, ¡no un presumido y arrogante adonis de 30! Igualmente es obvia la irónica burla en la frase que Julián dirige a Susana en el famoso dúo: "¿Y quién es ese chico tan guapo / con quien luego la vais a correr?", y que en esta adaptación tristemente pierde su gracia, porque el neoHilarión ya viene atractivo de fábrica.

Y para concluir, todo esto lleva a plantearnos seriamente una y otra vez la cuestión general: ¿por qué ese obsesivo empeño en actualizar, modernizar, adaptar, revisar? ¿Es que lo necesitan obras de género chico tan castizas que se valen por sí mismas como La Verbena? ¿Acaso hay que soplarles lo que denominan "caspa" los intelectuales posmodernos de ceja elevada que desprecian -cuando no denigran- nuestro patrimonio musical? ¿Qué me dicen de las compañías privadas que con mucho esfuerzo económico continúan montando las obras “que se conoce todo el mundo” al estilo tradicional, respetando su esencia original y sólo innovando mediante los recursos escenográficos, la iluminación, el atrezzo, la coreografía...? Parece que muchas de las denominadas "puestas al día" (esta expresión sí que es para echarse a temblar) demuestran a las claras que existe un aprovechamiento económico por parte de algunos directores escénicos del esfuerzo de los autores originales. Una especie de egocentrismo en grado sumo, la ya demasiado común y familiar dictadura del director/a de escena, pero sazonada con fines lucrativos.

A pesar de todo, hay que alabar ampliamente el trabajo desarrollado por todo el equipo, en especial el reparto que ha participado en este montaje. Entre los cantantes, en primer lugar el barítono César San Martín como Julián, acomete con arrojo y voz bien timbrada el ingrato papel de amante despechado. La mezzo Itxaro Mentxaka, una gran actriz en escena, en su versión de manola fashion señá Rita, demostró una evidente falta de dicción en su primera escena con Julián por su incisivo vibrato, problema que se atenuó en el dúo que mantiene con él, previo al concertante final. Las dos sopranos que encarnaron a las dos hermanas cumplieron sobresalientemente sus papeles tanto vocal como actoralmente, brillando con luz propia: en la Casta, María José Suárez, que entonó la soleá (no propiedad suya) con mucha gracia y desenvoltura (a pesar de que Bollaín hace bailar la copla a una bailarina en su lugar) y Amparo Navarro como Susana, que proyectó en escena un fascinante poder de seducción. Muy divertido el tenor cómico Juanma Cifuentes como el Tío Antonio, al cual se le ha visto recientemente como el Don Nuez en La reina mora y el Tío Zurito de Alma de Dios de José Serrano en la reciente producción de Jesús Castejón para el Teatro de la Zarzuela, y se aprecia que guarda mucho de estas disparatadas caracterizaciones. El Don Hilarión rejuvenecido del barítono David Rubiera pecó en lo vocal de un canto un tanto almibarado, separando mucho las frases musicales, especialmente apreciable en las coplas de su personaje, y el Don Sebastián del tenor Emilio Sánchez cumplió favorablemente en sus intervenciones vocales más copiosas de la cuenta gracias a Bollaín. Como siempre magnífico el trabajo de Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid a las órdenes de un Manuel Coves que participó como el que más del jolgorio final.

Al final, siguiendo con la modernidad aplicada a esta obra maestra del género chico nos atrevemos ahora nosotros a hacerle exclamar al Sereno: “¡Buena está La Verbena!” a lo que es respondido por el guardia: “Sí, sí, bonita está… ¡Son cosas de estos tiempos!”.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.