Reportajes

Dudamel y sus dos familias

Agustín Blanco Bazán
lunes, 8 de abril de 2013
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Si no hubiera sido director de orquesta podría haberse ganado la vida como diplomático a demostrar por la forma en que respondió a algunas preguntas de tinte político en una entrevista a la BBC. Por empezar, las criticas de la prensa inglesa sobre la adoración fúnebre de Hugo Chavez fueron sorteadas por Gustavo Dudamel con convincente moderación. El joven director recuerda a Chavez no sólo como un sostenedor del Sistema sino también como un amante de la música. “Lo conocí cuando tenía diecisiete años y nos siguió en cada concierto en una gira de la entonces Orquesta Nacional Juvenil a través de varias ciudades de Brasil”. Y por supuesto que fue para él lo mas natural del mundo dejar el podio del Walt Disney Hall en Los Angeles para dirigir a la Simón Bolívar durante el funeral del líder. La orquesta no sólo es para él una familia sino parte constitutiva del Estado, de su constitución, un símbolo similar a la bandera o el himno. El derecho a tocar un instrumento se encuentra entre los derechos fundamentales de los ciudadanos de Venezuela, un derecho que como tal el Estado está obligado a sostener y no algo dependiente de la filantropía. Aunque también la filantropía es importante, agregó el Maestro, seguramente pensando en sus actividades al frente de su otra familia, la Filarmónica de los Ángeles. Allí ningún pobre tiene un derecho estatal garantizado a tocar un instrumento, aún cuando la beneficencia ayuda, y mucho. Como ejemplo, viajaron a Londres miembros de la YOLA (Youth Orchestra of Los Ángeles) para compartir con niños y jóvenes de orquestas de barrios pobres londinenses un ensayo abierto de la Obertura Fantasía de Romeo y Julieta de Chaicovksy que Dudamel capitaneó con humor e instructiva musicalidad.

Con su familia de ejecutantes venezolanos, Dudamel atrajo la atención londinense hace algunos meses durante un fin de semana largo en el Royal Festival Hall. A su familia yanqui, ostensiblemente patrocinada por la Embajada de los Estados Unidos le tocó el turno en el Barbican, con conciertos que incluyeron la première europea de El Evangelio según la otra María de John Adams (que Andrew Maisel reseña para mundoclasico.com en una crónica aparte), mas La Mer de Debussy y El pájaro de fuego de Stravinsky.

Por razones de viaje, mi función de crítico se redujo en esta oportunidad a un excelente concierto de música contemporánea al frente del Los Angeles Philharmonic New Music Group, que John Adams abrió dirigiendo su Son of Chamber Symphony. Se trata de una obra de característica prestancia rítmica, reminiscente de Nixon in China en su movimiento final y cautivante en el segundo gracias a una expresivamente articulada melodía central apoyada en un palpitante rasgueo de cuerdas.

Bajo la batuta de Dudamel, el grupo presentó la première europea de Graffiti, una sucesión de tres movimientos (Palimsest, Notturno urbano y Passacaglia) de la compositora coreana Unsuk Chin. El primero es de virtuosa diferenciación polifónica y cromática, en contraste con un Nocturno de espectral tratamiento de glissandi sobre percusión de campanas. La importancia de un director como Dudamel para combinar estrictez técnica con expresividad de interpretación fue particularmente perceptible en éste movimiento y los incisivos acordes de la passacaglia final.

Finalmente: la obra que mayor impresión nos causó a algunos críticos. Joseph Pereira, el timbalista principal de la Filarmónica de los Ángeles se presentó como solista en la premiére europea de su Concierto para percusión y orquesta de cámara en tres movimientos: Con slancio, Lontanísimo, y Vivacissimo, Molto ritmico. ¡He aquí una obra ejemplar en la exploración de sonidos a través del balance orquestal entre cuerdas y vientos frente a timbales, marimbas y vibráfonos! Se trata de una cautivante exploración sonora, rigurosamente insertada en una estructura que admite trémolos, subito piano y otros matices interpretativos a través de un desarrollo coherente de secciones tonales y atonales que culmina en una coda de fulminante expresividad.

La residencia de la Filarmónica de Los Angeles en el Barbican también incluyó clases magistrales de chelo, trombón, arpa y corno ingles, una biografía filmada de John Adams y la exhibición de la película con la Octava de Mahler dirigida por Dudamel en Caracas. El público cumplió con la mezcla de entusiasmo y adulación que solo las celebridades artísticas saben despertar, pero confío que los mas correctamente impresionados habrán sido los jóvenes que consiguieron interactuar con Dudamel durante el ensayo de Romeo y Julieta. Aquí, el director no escatimó alusiones a Shakespeare, el amor y el odio para inspirar a los ejecutantes a ponerlo todo en música y dar al mismo tiempo precisas instrucciones interpretativas: se non è vero, è ben trovato.

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