Discos

Tres cuartos de acierto

Alfredo López-Vivié Palencia
miércoles, 24 de abril de 2013
Gustav Mahler: Sinfonía nº 6 en La menor. Wiener Symphoniker. Fabio Luisi, director. Productores ejecutivos: Gergely Sugár, Johannes Neubert; ingeniero de sonido: Wolfgang Fahrner. Dos discos compactos de 85 minutos de duración, grabados en el Musikverein de Viena los días 29 y 30 de enero de 2011. WS 003
0,0001772 Fabio Luisi y la Sinfónica de Viena vuelven a Gustav Mahler para el tercer lanzamiento del sello discográfico de la orquesta. Después de una Titán absolutamente luminosa, he aquí la complicada Sexta, grabada también en estudio después de haberla paseado en concierto. La Sinfonía en La menor puede convertirse en una obra muy peligrosa si se deja llevar uno por la leyenda psicodramática que siempre ha acompañado a esta pieza, esquiva como pocas. De quererse meter un director en semejante berenjenal, más vale que se llame Leonard Bernstein o Klaus Tennstedt; de otro modo, es recomendable observarla desde lejos, como hacen Claudio Abbado o Pierre Boulez.

Luisi intenta una tercera vía -que en ocasiones me recuerda al Mahler que hacía el llorado Gary Bertini- siguiendo el camino abierto con la Primera sinfonía. De nuevo es la inspiración schubertiana la que mueve esta interpretación, natural en el pulso, cómoda en el tiempo, contenida en la expresividad, flexible en el fraseo. El maestro genovés huye de cualquier exageración, y aunque analiza la partitura con microscopio, el discurso fluye con naturalidad y transparencia (siempre es una alegría observar los mil detalles de la orquestación mahleriana), haciendo que suene ligera la mastodóntica plantilla instrumental requerida.

La receta funciona muy bien en los tres primeros movimientos: marcha, desde luego, en el allegro inicial, pero no fúnebre ni cansina, con una conclusión lógica en las antípodas del apocalipsis; el andante (en segundo lugar) camina, no se arrastra, y emociona no por su carácter lacrimógeno, sino por el cuidado y la templanza en el fraseo de la cuerda (es buen ejemplo la contención en el clímax -13’45’’ en adelante-); y el scherzo suena liviano, pastoral, con la percusión atada en corto: no hay aquí réplica del primer movimiento, y por lo tanto me parece acertado que se de tras el tiempo lento.

Otra cosa es el finale. Ni carrera al abismo, ni catástrofe sinfónica, ni nada por el estilo: nadie acaba malherido. Es una opción, y en este caso de una coherencia intachable con el concepto aplicado. Pero creo que este movimiento, por la propia desmesura de su duración y obligado por esos cambios de humor constantes y radicales, necesita ese “algo más” para que uno se quede con, al menos, cierta sensación de inquietud al acabar de escuchar esto (sobre todo cuando se escucha sin el atractivo visual del concierto en directo). El lamento de los trombones, por ejemplo, debe conmover, y los martillazos tienen que doler. Luisi obvia todo esto, y al hacerlo me temo que está hurtando el sentido final de la obra, que en ningún caso puede ser el de “aquí no ha pasado nada”.

Por lo demás, la calidad de la grabación es excelente (algún momento de saturación no obstante, seguramente debido a que este disco se registró en el Musikverein, que es una sala demasiado pequeña para tocar Mahler), y es un renovado placer escuchar el sonido auténticamente centroeuropeo -oscuro y cálido- de esta orquesta estupenda, que fue la encargada de dar la primera ejecución vienesa de esta sinfonía en 1907, ya que Mahler -según explica Ernst Kobau en las extensas notas de la carpetilla- no se fiaba de la Orquesta de la Ópera, a quienes conocía demasiado bien. 
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