España - Galicia

¡Qué gran pianista!

Maruxa Baliñas
jueves, 30 de mayo de 2013
Jorge Luis Prats © Ávila Primavera Fest Jorge Luis Prats © Ávila Primavera Fest
A Coruña, domingo, 19 de mayo de 2013. Palacio de la Ópera. Jorge Luis Prats, piano. Orquesta Sinfónica de Galicia. Jiri Belohlávek, director. Wolfgang Amadeus Mozart, Don Giovanni: Obertura K 527. Serguei Rachmaninov, Concierto para piano y orquesta nº 2 en do menor op. 18. Antonin Dvorák, Sinfonía nº 9 en mi menor 'del Nuevo Mundo' op. 95. Festival Mozart 2013.
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Conocía a Jorge Luis Prats (Camaguey, Cuba, 1956) de referencias, había oído alguna grabación suya, me había parecido un pianista muy bueno. Pero eso no aminoró la sorpresa que me produjo escucharlo por primera vez en directo. Tanto, que tardé casi todo el primer movimiento del Concierto nº 2 de Rachmaninov en empezar a escuchar realmente la música. Tiene una técnica impresionante y una potencia como he visto en muy pocos pianistas. Su uso del pedal es discutible en ocasiones -enturbia un poco el sonido-, quizás sus bajos son demasiado potentes, quizás debía haber planteado un Rachmaninov más romántico; pero nada de eso que fui percibiendo a medida que avanzaba el concierto consiguió emborronar la percepción básica: ¡qué gran pianista!

¿Mejor que Sokolov, mi pianista favorito entre los actuales? Pues no, la verdad es que no. Pero sin duda muy superior a todos estos jóvenes pianistas que aparecen constantemente -y desaparecen, me temo- llenos de virtuosismo aparente, pero vacíos cuando se les compara con un Prats. Y no lo digo sólo por su interpretación de Rachmaninov, sino porque -como los buenos cantantes- Prats dio abundantes bises, casi un pequeño concierto. Primero una endiablada fantasía de Busoni sobre temas de Carmen de Bizet [Sonatina No.6, BV 284 o Kammer-Fantasie über Bizets 'Carmen', de 1920], luego unas sencillas danzas de Ignacio Cervantes, creo que las Danzas cubanas, aunque 'ampliadas' al igual que el Busoni, en tercer lugar la Mazurca en glissando de Lecuona -también con aportaciones de Prats- y finalmente la Malagueña de Lecuona, nuevamente virtuosismo pero ahora con toque hispano.

¿Me gustó más Prats en las propinas que en el propio Concierto de Rachmaninov? Pues no lo sé. Las cuatro piezas sonaron maravillosamente y Prats es un gran intérprete de Lecuona. El Concierto de Rachmaninov me convenció totalmente en el tercer movimiento, el que más suelen descuidar los pianistas, que gastan sus recursos especialmente en el primero y el maravilloso segundo. En cambio Prats construyó para el tercer movimiento una estructura muy sólida en la que engarzó su virtuosismo como una consecuencia natural de la concepción abstracta previa. Mucho más me hicieron dudar el primer movimiento y especialmente el segundo: Prats no explota todo lo que pudiera el aspecto emocional y los lleva a un tempo más rápido de lo habitual, con lo que aumenta la tensión pero no da vuelo a las maravillosas melodías de Rachmaninov. A eso se une un pedal un poco emborronado por momentos, que nuevamente rompe la limpidez melódica en favor de la sonoridad general. Pero el  caso es que esto no se percibe como 'error', sino simplemente como el concepto de Prats, y no cabe duda de que es un concepto meditado. Verán que pongo varios enlaces de youtube al final de la reseña. En el caso de los dos movimientos de Rachmaninov, hay que tener en cuenta también la orquesta acompañante, en A Coruña sonó distinto, diría que mejor, pero estos enlaces sirven para hacerse una idea del planteamiento de Prats.

Pasemos entonces a la Orquesta Sinfónica de Galicia y a su director en esta ocasión, Jiri Belohlávek (Praga, 1946). Aquí las cosas estuvieron más claras. Belohlávek es un director que me gusta mucho, tiene ademÁs mucha experiencia y consiguió que la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) tocara realmente bien. Como en el caso de Prats es además un director que sabe lo que quiere y lo hace. Su Obertura de Don Giovanni fue más dramática que 'graciosa' (entendiendo por 'gracioso' ese sonido ligero que algunos asimilan con exclusividad a Mozart). De hecho, me gustaría mucho escuchar a Belohlávek dirigir un Don Giovanni completo (ópera que se estrenó en Praga, su ciudad natal) porque su planteamiento es más romántico que rococó. El acompañamiento del Concierto para piano de Rachmaninov fue también un gusto. Belohlávek se sometió al planteamiento de Prats con unos tempi algo acelerados para todos los movimientos, creando así tensión en la orquesta, que sonaba algo forzada pero no incorrecta. Sólo en el segundo movimiento Belohlávek dejó algo más suelta a la orquesta y compitió con Prats en emoción y melodiosidad.

Pero los grandes momentos de la OSG llegaron con la Sinfonía del Nuevo Mundo que ocupó la segunda parte del concierto. El comienzo fue precioso, delicadísimo, trémulo, con un completo control de la orquesta por parte de Belohlávek lo que convirtió el repentino forte en un primer pico de intensidad cuando sólo habían transcurrido unos segundos de la sinfonía. Y tras ese primer momento mágico, siguieron apareciendo otros muchos tanto en el primer como en el segundo movimiento. Belohlávek no le tiene miedo a los silencios, los hace tranquilamente, los deja sonar; y cuando llega una melodía actúa con la misma tranquilidad, deja cantar a la orquesta, deja lucirse a los solistas. Quizá el movimiento más débil fue el tercero, donde Belohlávek no parecía tener tan claro su criterio y se limitó a un planteamiento muy convencional. En el cuarto movimiento, Belohlávek no necesitaba demostrar nada y para algunos oyentes fue casi una decepción que la coda y el último acorde no fueran tan brillantes y fortes como esperaban, sino una simple -la dificultad de la sencillez- culminación de la sinfonía.

Aún quedan más conciertos de la OSG en el marco del Festival Mozart, entre ellos los dos dirigidos por Christian Zacharias (este año artista residente del Festival, con cuatro conciertos), el dirigido por Lorin Maazel con una versión en concierto de La fanciulla del West, y el programa wagneriano bajo la batuta de Víctor Pablo Pérez con el que culminará el Festival y también la larga etapa -veinte años- de Víctor Pablo como director de la OSG.

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