Austria

Alto profesionalismo

Jorge Binaghi
martes, 2 de julio de 2013
Viena, domingo, 23 de junio de 2013. Staatsoper. Die Walküre (Munich, 26 de junio de 1870), texto y música de R. Wagner. Puesta en escena: Sven-Eric Bechtolf. Escenografía: Rolf Glittenberg. Vestuario: Marianne Glittenberg. Viedo: fettFilm. Intérpretes: Katarina Dalayman (Brünhilde), Tomasz Konieczny (Wotan), Anja Kampe (Sieglinde), Johan Botha (Siegmund), Ain Anger (Hunding), Mihoko Fujimura (Fricka) y las ocho valquirias. Orquesta del Teatro. Dirección: Peter Schneider. Aforo completo
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Los torrenciales aplausos que recibieron el final de cada acto y los saludos finales parecían decirnos que estábamos ante una versión de referencia o poco menos. Y es cierto que la dirección de Schneider, sin cambiar el curso de la historia, y tal vez menos interesante en los pasajes más íntimos que en los de más dramatismo, fue muy buena y sólida (creo que el elemento en sí mismo más valioso y que dio continuidad a un elevado nivel de seriedad y responsabilidad) y sin ceder al escenario supo mantener siempre el equilibrio. La orquesta estuvo memorable.

La producción (una de las más recientes si se compara con las de otros títulos aquí) no irrita ni molesta y se mueve entre un esquema de abstracción espacial y temporal (tanto en los bastante escasos decorados -salvando los caballos inmóviles de las valquirias que, si no conté mal, eran uno menos de los previsibles- como en los trajes ‘neutros’). La utilización del video, que podría haber sido interesante para la cabalgata, se limitó al fuego del final y a hacer correr por el fondo de la escena a un lobo cada vez que se mencionaba a Wotan disfrazado de Välsa en el primer acto.

La dirección de actores no pareció particularmente ‘personalizada’, pero los cantantes pudieron mostrar sus calidades o limitaciones como intérpretes. Esto último vale para el excelente Botha, un cantante confiable y de muy buen nivel (o más), pero siempre flemático o poco interesado (e interesante) como intérprete. Debo decir que su gemelo divino llegó a ser creíble en algunos momentos también desde el punto de vista dramático, pero como me sucede siempre prefiero escucharlo (no me refiero a su robusta figura -soy de los que todavía piensan que un cantante primero debe cantar- sino a su desempeño teatral).

Johan Botha (Siegmund) y Anja Kampe (Sieglinde) en 'Die Walküre' de R. Wagner. Viena, Staatsoper, junio de 2013. Dirección escénica, Sven-Eric Bechtolf. Dirección musical, Peter Schneider.

De Kampe puede decirse lo contrario: es, en primer lugar, un artista muy intensa (y una figura estupenda). El problema con ella es que a veces la intensidad la lleva a extremos vocales poco gratos: no fue el caso esta vez, por suerte, aunque uno tiene derecho a esperar una caracterización por momentos más íntima o por lo menos que resulte continuamente exaltada, pero creo que en vivo es lo que mejor le he oído y de modo uniforme en los tres actos (sustituía además a una colega indispuesta).

También el dios de los dioses era una sustitución y yo ya quisiera encontrarme un sustituto para este papel como Konieczny aunque no esté exento de reservas. En primer lugar, lo bueno: un excelente volumen, buen color, una juventud quizás algo excesiva pero bienvenida, y un agudo sin problemas, además de una resistencia notable (pocos son los que no llegan cansados a la gran escena final). Es un ‘Wotan’ muy fogoso: se supone que aquí puede ser todo lo iracundo que se quiera, pero está menos seguro y más pensativo y preocupado que en El oro del Rhin. Su punto débil está en el grave, que tiene que ensuciar o ‘inventarse’ en más de una ocasión (y no sé si le conviene frecuentar tanto la parte ahora).

Katarina Dalayman (Brünnhilde) en Die Walküre de R. Wagner. Viena, Staatsoper, junio de 2013. Dirección escénica,  Sven-Eric Bechtolf. Dirección musical, Peter Schneider.

Dalayman empezó mejor que en mi recuerdo, pero ya en la repetición del famoso -y peligroso- grito de guerra empezó a crecer y descontrolarse en el agudo y así continuó, con adecuado color oscuro, buen volumen y mucha intención y atención en la expresión, pero, con ser su ‘Brunilda’ más que aceptable (por lo menos se trata de una soprano auténtica), como en ocasiones anteriores en este papel, no perdura en el recuerdo. Las valquirias tuvieron altibajos un tanto llamativos para lo que suele ofrecer la casa (en especial los agudos de algunas eran puro grito).

Los que despertaron interés constante por su canto y actuación (en una mezcla ideal) fueron -como no siempre es fácil que ocurra- quienes menos tienen que intervenir: si Fujimura fue una notable diosa indignada (la parte es tan cargante que el triunfo con ella es mayor), Anger resultó un ´Hunding’ simplemente ideal por voz, emisión, articulación y actuación (lástima que el personaje sea tan elemental como el de Fricka, aunque ligeramente más desagradable -lo que finalmente lo hace más humano, y al menos Wagner lo mata sin esperar al fuego de la tercera jornada).

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