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Giovanna D’Arco abre la nueva temporada de ABAO

Javier del Olivo
viernes, 27 de septiembre de 2013
Bilbao, sábado, 21 de septiembre de 2013. Palacio Euskalduna. Giuseppe Verdi. Giovanna D’Arco. Libreto Temistocle Solera (basado en Die Jungfrau von Orleans, de Friedrich Schiller). Gabriele Lavia, dirección de escena. Alesssandro Camera, escenografía. Andrea Viotti, vestuario. Andrea Borelli, iluminación. Krassimira Stoyanova, Giovanna. Alejandro Roy, Carlo VII. Claudio Sgura, Giacomo. Miguel Ángel Zapater, Talbot. Eduardo Ituarte, Delil. Coro de Ópera de Bilbao, Boris Dujin, director de Coro. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Yves Abel, director musical. 62 Temporada de la ABAO. Ocupación 85%.
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Fiel a su cita con sus abonados, la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera) abrió el pasado sábado, 21 de septiembre, su 62 temporada. Hay que destacar que esta asociación privada, aunque con significativas ayudas públicas, ofrece a lo largo de este curso siete óperas escenificadas, algo que en estos tiempos de recortes es de agradecer.

Para comenzar, y dentro del proyecto Tutto Verdi, que como ya hemos señalado en otras ocasiones tiene como objetivo representar todas las obras del genio italiano, se ha presentado una ópera poco frecuente en los escenarios internacionales: Giovanna d’Arco. Algunas coincidencias tiene el libreto que firma Temistocle Solera (basado en Die Jungfrau von Orleans de Schiller) con la historia real de la santa francesa, como por ejemplo la inspiración divina de su destino como capitana de las tropas francesas. Pero el libreto se precipita por derroteros de amores regios y supuestas traiciones al honor paterno terminando la heroína no en la hoguera sino muerta en el campo de batalla, en paz con Dios y los hombres, y rodeada de los protagonistas de la obra. Poco más interesante tiene lo narrado, que resulta a día de hoy totalmente arcaico. Todo esto explica en parte el olvido en el que cayó la obra que musicalmente no se encuentra entre el mejor Verdi, está claro, pero tiene momentos de lucimiento, sobre todo para soprano y barítono, y que nos sirve para conocer como el compositor iba ensayando melodías y estructuras que luego veremos plenamente desarrolladas y con mucha más entidad en obras como Macbeth y otras posteriores.

El mayor atractivo de esta representación, a parte de la infrecuencia del título, era la presencia en el rol titular de la gran soprano Krassimira Stoyanova. Y no decepcionó. Fue el suyo un recital de buen canto, de trabajo bien hecho en las diversas circunstancias vocales por las que pasa el personaje, desde la doncella tímida y entregada al destino divino hasta la ardiente capitana de las milicias francesas. Su voz es de una ductilidad exquisita, con un timbre de gran belleza. Destacaron sus perfectas coloraturas y un fiato sin mácula. Fue un lujo oír todas sus intervenciones, desde su aria de introducción “Sempre all’alba ed alla sera” pasando por “O fatidica foresta” o el maravilloso dúo con su padre en el III Acto, quizá el mejor momento musical de toda la obra. Anotar también que a la voz no le hizo justicia el temible espacio del Euskalduna y nunca logró la potencia y el volumen, aunque sí la claridad, que este recinto exige a los cantantes.

Momento de la representación de 'Giovanna D'Arco' de G. Verdi. Dirección escénica, Gabriele Lavia. Dirección musical, Yves Abel. Bilbao, Temporada de la ABAO, septiembre de 2013

En el papel principal masculino escuchamos al tenor asturiano Alejandro Roy que sustituía al anunciado Fabio Sartori. Desafortunadamente no estuvo a la altura de los otros dos protagonistas. Aunque se mostró voluntarioso en todo momento y sus notas más agudas se oyeron sin dificultad y bien emitidas, en el resto de la zona alta se mostró muy inseguro, con notas que no salían perfectamente emitidas, con desequilibrios, con una técnica deficiente. Una lástima porque se nota que es un tenor con una buena materia prima. Su mejor momento, sin duda, fue el bello “Quale più fido amico” del III acto donde mejoró notablemente su actuación.

Debutaba en las temporadas de la ABAO el barítono italiano Claudio Sgura y su actuación dejó muy buen sabor de boca. Es un voz totalmente adecuada para estos papeles verdianos. Aunque seguramente debido a las exigencias del teatro su canto lo emitió casi siempre en forte, demostró gran calidad en toda la tesitura, sin aparentar problemas en los pasajes más comprometidos como las coloraturas del final del aria “Speme al vecchio era una figlia…” del II acto. Destacar su perfecto legato y esa elegancia tan necesaria para estos roles “paternos”. Si sigue por este camino se le augura una gran carrera.
El bajo Miguel Ángel Zapater cantó un flojo Talbot y estuvo correcto Eduardo Ituarte como Delil.

Momento de la representación de 'Giovanna D'Arco' de G. Verdi. Dirección escénica, Gabriele Lavia. Dirección musical, Yves Abel. Bilbao, Temporada de la ABAO, septiembre de 2013

Especialmente destacable estuvo el Coro de Ópera de Bilbao, que dirige Boris Dujin. Se mostró en todo momento muy bien empastado y todas sus cuerdas estuvieron a la altura que exigía la partitura. Una de sus mejores intervenciones de los últimos tiempos.

Dirigía musicalmente la obra Yves Abel ya conocido por los aficionados bilbaínos. La partitura de Giovanna no es demasiado brillante y alterna, como ya se ha dicho, momentos de apreciable belleza con otros mucho más flojos, sobre todo los llamados “ritmos de batalla” que suelen sonar, si se permite la expresión, bastante “verbeneros”. No ocultó Abel éstos y lanzó a la eficaz Orquesta Sinfónica de Euskadi a un ritmo vivaz. En los momentos más íntimos controló perfectamente el volumen de la orquesta y se mostró siempre atento a los cantantes y especialmente con el coro.

Momento de la representación de 'Giovanna D'Arco' de G. Verdi. Dirección escénica, Gabriele Lavia. Dirección musical, Yves Abel. Bilbao, Temporada de la ABAO, septiembre de 2013

La producción que subió al Euskalduna provenía del Teatro Regio de Parma y la firmaba Gabriele Lavia (sustituida en Bilbao por Marina L. Bianchi). Trabajando casi como único elemento móvil escenográfico con unos paneles que representaban una batalla de la unificación italiana del S.XIX (un guiño, seguramente, a la lucha de los italianos del momento del estreno con la de los franceses del S.XV) y con unas grandes piezas (un gran crucifijo en la escena de la coronación, una máquina de guerra en el campo inglés, unos grandes ramas en las escenas de exteriores, todo bajo la responsabilidad del escenógrafo Alessandro Camera) la dramaturgia no pasó de ser correcta sin un destacable trabajo con los actores y con, casi siempre, un envarado movimiento del coro. Eficaz iluminación firmada por Andrea Borelli y rico vestuario, aunque quizá demasiado orientalista, de Andrea Viotti.

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