Memoria viva

Primeros años de la Orquesta Sinfónica de Bilbao

Mikel Chamizo
lunes, 13 de enero de 2014
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La Orquesta Sinfónica de Bilbao -ha cambiado de nombre varias veces, pero aquí nos referiremos a ella como BOS- nació en 1922, tras varios intentos previos por dotar a la ciudad de una agrupación sinfónica que no se consolidaron. Llegó en una época en que muchas ciudades de todo el mundo propulsaban sus propias orquestas, un poderoso símbolo de prosperidad económica y prestigio cultural: Estocolmo lo hizo en 1914, Cleveland en 1918, Birmingham en 1920... El caso de Bilbao, una villa pequeña en comparación con las citadas, es un caso excepcional en España, donde las orquestas sinfónicas estaban centralizadas en Madrid y Barcelona. La mayoría del resto de territorios no tuvieron sus orquestas hasta muy recientemente, con el impulso al sistema de autonomías, pero Bilbao, gracias al enorme dinamismo de su industria desde finales del siglo XIX, gozaba de una clase burguesa lo suficientemente acomodada para hacer frente a los elevados requerimientos económicos de sustentar una orquesta estable.

La BOS, en sus inicios, tuvo por impulsores y mecenas destacados a un reducido grupo de ciudadanos cuyos nombres se encuentran vinculados a casi todas las iniciativas musicales de la época. Especialmente tres de ellos: el violinista Lope de Alaña, Juan Carlos Gortázar y Javier Arisqueta, fundadores del famoso «Cuartito» del Kurding Club bilbaino, una habitación donde los miembros melómanos del selecto club comenzaron a programar conciertos y donde se gestó gran parte del movimiento musical de la ciudad en las siguientes décadas. Del germen de aquel «Cuartito» nacieron luego la Sociedad Filarmónica (1896), los centros pedagógicos Academia Vizcaina de Música (1903) y Conservatorio Vizcaino (1920), y las Sociedades de Conciertos de 1904 y 1910, precursoras directas de la Sinfónica de Bilbao.

Orquesta Sinfónica de Bilbao con su director Armand Marsick. Año 1923.

La BOS tomó forma definitiva en torno a Armand Marsick, un compositor y director de orquesta belga que llegó a Bilbo para encargarse de la dirección del Conservatorio y que fue el primer director artístico de una orquesta formada por los músicos profesionales de la villa y las primeras promociones de instrumentistas procedentes de los centros de enseñanza. Pero los inicios de la orquesta no fueron fáciles por múltiples razones. La sociedad civil de Bilbao gozaba de una vida musical relativamente rica a principios del siglo XX: zarzuelas, óperas, la temporada de la Banda Municipal, conciertos corales, numerosos cafés musicales y, ocasionalmente, llegaban también en gira hasta la ciudad las grandes figuras de la música clásica. Por eso la BOS, a pesar del esfuerzo de sus promotores -que llegaron a ir casa por casa pidiendo que la gente se asociara a la nueva orquesta-, tuvo problemas en sus primeros años para atraer y llenar de público sus conciertos. También era compleja la organización interna de la agrupación, pues sus músicos, una profesión muy mal pagada en la época, tenían que pluriemplearse para subsistir y a menudo no podían asistir a los ensayos de la orquesta. Atendiendo a los documentos de la época, parece que la BOS estuvo a punto de naufragar económicamente en sus primeros años de vida, pero consiguió salir siempre adelante gracias al generoso apoyo puntual de sus mecenas y, en especial, de la Diputación de Bizkaia, que desde el principio patrocinó a la orquesta al considerarla un proyecto de interés público.

Aunque la BOS se enfrentó a un complejo marco de financiación y los conciertos que podía programar anualmente se limitaban a una quincena, desde un primer momento mostró altas aspiraciones artísticas contratando a algunos de los solistas más destacados del mundo. Desde 1922 hasta 1937 actuaron con la sinfónica figuras de la talla de Arthur Rubinstein, Joseph Szigeti, Jacques Thibaud, Fritz Kreisler, José Iturbi, Vladimir Horowitz o Gregor Piatigorsky, entre muchos otros. El mismísimo Ravel figura en esa lista de insignes músicos que se acercaron hasta Bilbao, y lo hicieron para participar en programas en los que la música contemporánea estaba casi siempre presente. Según un estudio de la musicóloga María Nagore, un 44% de las obras que interpretó la BOS en aquella época fueron contemporáneas. Además, un tercio de los compositores que se tocaban eran vascos o españoles, lo que explica la importancia que tuvo la BOS para que autores como Jesús Guridi escribieran música sinfónica.

La implantación de la BOS en la sociedad bilbaina comenzó a mejorar a partir de 1928, cuando Marsick cedió la batuta a Vladimir Golschmann, un director que había trabajado con los Ballets Rusos y que levantaba pasiones entre el público. Gracias a su tirón y al de otros directores de relumbrón que desfilaron por Bilbao comenzaron a llenarse los conciertos de la BOS, pero en 1932 la directiva de la orquesta vio la necesidad de dar un giro artístico a la agrupación: contratarían para ello al joven compositor bilbaino Jesús Arámbarri, alma mater de la orquesta durante los siguientes 20 años. Arámbarri elevaría la orquesta a altas cotas de calidad musical, gracias a un compromiso continuo y entusiasta que sobrevivió a los duros años de la guerra y la primera postguerra, y que terminó por afianzar a la BOS, ya bajo titularidad municipal, como una de las principales orquestas del Estado durante la dictadura franquista.

A la primera Orquesta de Bilbo, ofrecer un concierto en una ciudad tan cercana como Vitoria le resultaba prácticamente imposible, debido al enorme esfuerzo económico que implicaba el desplazamiento de los músicos. Sin embargo, a partir de su refundación en 1939, la ahora Orquesta Municipal de Bilbao se convirtió en la orquesta española que más kilómetros recorría. Solo en los ocho primeros años, de 1939 al 25 de febrero de 1947, ofreció ciento diecinueve conciertos fuera de Bilbao, especialmente en Oviedo, San Sebastián, Vitoria y Zaragoza. Desde 1945 y hasta 1964 la Orquesta realizó, casi cada año, giras por el norte y el centro de la península (en algunos caso fueron mucho mas allá, llegando hasta Andalucía), por lo que comenzó a ser conocida por todos como la Orquesta del Norte de España. La propia BOS estima que en aquellas giras recorrieron en total más de 61.000 kilómetros, una vez y media la vuelta a la tierra por el Ecuador.

Llegó luego la confusión política de los últimos años del Franquismo y la Transición, y la orquesta, expuesta a las derivas políticas, vio reducida su financiación, se encontró sin sede donde ensayar y a punto estuvo de desmantelarse. Pero con los años la situación fue normalizándose y la BOS, tímidamente, reemprendió sus giras. Las más destacadas han llegado en la última década, con la invitación de Valery Gergiev en el 2003 para actuar en el Teatro Mariinski de San Petersburgo. También es presencia habitual en los Festivales La folle journée en Nantes y La Roque D'Antheron en Marsella. Pero quizá su mayor hito se produjo en el 2007, con una serie de 10 conciertos en Tokio para cerca de 40.000 personas. Cosecharon un importante éxito, por lo que en 2009 repitieron en otras ciudades de Japón.

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