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Pasión verista

Javier del Olivo
viernes, 24 de enero de 2014
Bilbao, sábado, 18 de enero de 2014. Palacio Euskalduna. Francesco Cilea. Adriana Lecouvreur. Libreto de Arturo Colautti, basado en Adrienne Lecouvreur de Eugène Scribe y Ernest Legouvé. Lorenzo Mariani, dirección de escena. Eleonora Gravagnola, dirección de escena en la reposición. Nicola Rubertelli, escenografía. Giusi Giustino, vestuario. Claudio Schmid, iluminación. Ainhoa Arteta, Adriana. Bruno Ribeiro, Maurizio. Luciana D’Intino, Princesa de Bouillon. Luca Salsi, Michonnet. Stefano Palatchi, Príncipe de Bouillon. Francisco Vas, Abate de Chazeuil. Marta Ubieta, Mlle. Jouvenot. Nuria Lorenzo, Mlle. Dangeville. Miguel Ángel Arias, Quinault. Manuel de Diego, Poisson. Xabier Odriozola, mayordomo. Igor Yebra, coreografía y bailarín estrella. Oxana Kucheruk, bailarina estrella. Coro de Ópera de Bilbao, Boris Dujin, director del Coro. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Fabrizio Carminati, director musical. 62 Temporada de la ABAO
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Arranca la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera) un nuevo año, dentro de su 62 temporada, con uno de los títulos más reconocidos de la llamada ópera verista: Adriana Leocuvreur de Francesco Cilea. Fue estrenada en Milán en 1902 y, con un libreto de Arturo Colautti, se basa en la obra del mismo nombre de Eugène Scribe y Ernest Legouvé. Está documentada la historia de esta actriz de la Comédie Française del s. XVIII y los hechos que se narran son, con algunos significativos cambios atribuibles a las necesidades dramáticas, fieles a las crónicas de la época. La pasión que dos mujeres de tan distinta extracción (una de la alta nobleza y otra del mundo del teatro, considerado en la época uno de los más bajos peldaños de la escala social) sienten por un noble con pretensiones regias da pie a un entramado de enfrentamientos, retos y venganzas que, como tantas veces, acabará con la vida del eslabón más débil, en este caso la actriz. Es significativa la frase que el amigo y mentor de Adriana, Michonnet, le dirige en el segundo acto: “¡Imprudente! Nosotros somos pobre gente… Deja a los señores que se diviertan. Nosotros no ganamos nada.”

Con estos elementos, Cilea, que no es el primer compositor que utiliza la historia, crea una obra llena de intensidad musical y donde se mezclan momentos de gran lirismo con escenas de enfrentamiento entre las dos féminas que hacen saltar chispas. Pero como en otras obras que abordan el teatro dentro del teatro introduce también música más ligera, casi cómica, servida por varios personajes secundarios como los actores compañeros de la diva o el intrigante y pícaro Abate de Chazeuil, y que permite relajar la tensión dramática.

Adriana es un personaje muy agradecido para una soprano con buenas dotes actorales. El público instintivamente se pone de su parte porque no es una mojigata que se deja vencer por la poderosa sino que le planta cara e incluso se venga públicamente de ella aunque esto le cueste muy caro. Pero además tiene ese lado tierno, amoroso, que la humaniza y que, ayudada por una música bellísima, llega al corazón del oyente. Por eso grandes cantantes-actrices han hecho de este papel uno de sus estandartes triunfales.

Ainhoa Arteta debuta el rol en estas funciones de ABAO. La tolosana tiene todas las características necesarias para triunfar: posee carácter, es buena actriz y transmite esa mezcla de fuerza y ternura que reclama el personaje. Además su voz, más curtida, con más cuerpo y carnosidad según pasa el tiempo, es la adecuada. Así no es extraño afirmar que la soprano triunfó con su actuación, arropada, además, por un público que le profesa un especial cariño. A destacar sus maravillosos reguladores que nos permitieron disfrutar de unas matizaciones en el fraseo bellísimas. También brilló un agudo limpio y bien proyectado y sin esos gritos que a veces se oyen en las divas de antaño. Como actriz fue lo mejor del reparto. Trasmitió con su voz y sus gestos todos los estados por los que transita su personaje. Está claro que cuando el rodaje del papel sea mayor y se corrijan algunos detalles, como el excesivo vibrato de su aria de presentación, Arteta será un referente internacional como la Lecouvreur.

Francesco Cilea. Adriana Lecouvreur. Fabrizio Carminati, director musical. Lorenzo Mariani, dirección de escena. 62 Temporada de la ABAO. Bilbao, enero de 2014

Luciana D’Intino defendía el papel de la celosa y malvada, pero también enamorada, Princesa de Bouillon. Su aria de presentación del segundo acto es una perita en dulce para una mezzo de sus características y aunque vocalmente estuvo correcta, con esos saltos de tesitura tan espectaculares, no transmitió la pasión, el ardor amoroso que la música pide. Más templada en el resto de sus intervenciones, estuvo muy bien en el dúo de ese mismo acto con la protagonista. Aún así siempre le faltó un pelín de volumen y de proyección para llegar con la necesaria contundencia a todo el Euskalduna.

En 2010 comentábamos las buenas sensaciones que nos había transmitido el tenor portugués Bruno Ribeiro como protagonista de Il Corsario de Verdi. Desafortunadamente esta vez no podemos decir lo mismo. Maurizio es un personaje, que tal como lo dibuja Cilea, debe transmitir galanura, nobleza y pasión, virtudes por las que dos mujeres de tanto carácter luchen por su amor. Ribeiro, ni en su gesto ni en su voz, transmitió ninguna de ellas. Como actor resultó muy estático y sólo en el tercer acto se mostró un poco más apasionado. Vocalmente posee la proyección y volumen adecuado y una zona central con la que canta con gusto pero en la zona aguda, muy exigente en este rol, siempre se mostró inseguro, incluso a veces desafinado. Aunque no escatimó esfuerzos su canto no consiguió convencer.

Excelente el Michonnet de Luca Salsi. Aunque al principio de la obra su voz sonó tosca y poco matizada nos regaló una preciosa aria 'Ecco el monologo', quizá con algún tinte verdiano, pero llena de pasión y sentimiento. Estuvo muy correcto en el resto de la noche y especialmente acertada fue su manera de cantar la frase que comentábamos más arriba sobre la situación de los cómicos.

Del resto de cantantes destacar el Abate que hizo Francisco Vas. Bien Marta Urbieta, Nuria Lorenzo, Miguel Ángel Arias y Manuel de Diego como los compañeros actores de Adriana. Simplemente correcto Stefano Palatchi como Príncipe de Bouillon y cumplidor Xabier Odriozola como mayordomo. El Coro de Ópera de Bilbao que dirige Boris Dujin, no tiene muchas intervenciones en esta obra pero destacó la parte femenina en la bella canzonetta que acompaña la danza de Paris.

Adriana Lecouvreur intercala en la acción del segundo acto un ballet para el que Cilea creó una bella música que nos atreveríamos a llamar “neoclásica”. El Juicio de Paris estuvo estupendamente interpretado por los bailarines de la escuela de Igor Yebra (que también participaron con una pantomima en el primer acto). Destacar, por supuesto, a Yebra en el papel de Paris que nos ofreció una lección de ballet acompañado por una excelente Oksana Kucheruk.

Francesco Cilea. Adriana Lecouvreur. Fabrizio Carminati, director musical. Lorenzo Mariani, dirección de escena. 62 Temporada de la ABAO. Bilbao, enero de 2014

Junto a Arteta el gran triunfador de la noche por méritos propios fue el director musical, el maestro Fabrizio Carminati. No sólo estuvo constantemente atento a sus cantantes, señalándoles todas las entradas, si no que, sobre todo, nos brindó una lectura maravillosa de la partitura, de un rico lirismo, con unos tempi a veces retardados pero que dibujaron perfectamente todas las notas del pentagrama y nos permitieron apreciar todos los matices de la música de Cilea. Una auténtica lección de cómo se debe dirigir y que entronca directamente con la más autentica tradición italiana. Si Carminati fue un maestro superlativo la Orquesta Sinfónica de Bilbao supo responderle de forma extraordinaria. Sonó como si todos los días se encontrara en el foso de La Fenice o el Regio de Turín. Estupendas todas las secciones pero realmente destacables las cuerdas y el solista de violín que tocó de una manera impecable.

La producción escénica proviene del San Carlo de Nápoles. Poco hay que destacar de ella. Es del clasicismo más puro, incluso a veces con un toque rancio. Un poco abigarrada en el primer acto, simplemente sirvió de soporte a la acción en el resto, siempre con unos decorados, firmados por Nicola Rubertelli, correctos pero sin mucho interés. Acertada la iluminación de Claudio Schmid y adecuado el vestuario que diseñó Giusi Giustino. Eleonora Gravagnola se encargó en Bilbao de la dirección escénica que originalmente firma Lorenzo Mariani. Si bien, como decíamos, en el primer acto hay demasiados figurantes en escena y el movimiento constante de las plataformas donde están algunos personajes hace difícil seguir la acción, en el resto de la obra dejó a los cantantes moverse bien por el escenario. Pero no se sabe si por la incorrecta dirección o por la falta de dotes actorales de alguno de ellos, no brotó la pasión, sea ésta por celos o por amor, que la obra reclama.

Una noche, en fin, para celebrar que Arteta haya decidido estrenar este difícil pero agradecido papel y para congratularnos que haya directores musicales que transmitan con su trabajo tanto amor por la Ópera.

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