España - Cataluña

Concurso Viñas: clausura de la 51 edición

Jorge Binaghi
jueves, 30 de enero de 2014
Barcelona, domingo, 19 de enero de 2014. Gran Teatre del Liceu. Concierto de los premiados en el 51 Concurso Viñas. Stefano Giannini, pianista acompañante y Orquesta sinfónica del Liceu. Dirección: Gueràssim Voronkov
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El concierto final en el que el jurado en pleno repartió, luego de la pausa, todos los premios (oficiales, especiales y extraordinarios) que ustedes habrán visto en nota aparte, contó con diez cantantes en total acompañados dos de ellos al piano y los demás con la orquesta del Teatro en una discreta prestación (preparar un programa tan diverso con poco tiempo es un ‘tour de force’ y habrá que agradecer que no haya habido desencuentros, y que el único evidente se salvara con gran dignidad, y que la orquesta nunca -o casi- cobrara protagonismo para no cubrir las voces).

Abrió la tarde Salomé Jicia, soprano de Georgia, premio Mozart con una mejor interpretación que en la final de ‘Non mi dir’: voz con más cuerpo, aunque el trino sigue sin ser fuerte (estuve ubicado exactamente en la misma butaca que el día anterior).

Fue después el turno del premio oratorio y lied, Oddur Jonsson (barítono islandés), acompañado por su esposa, Julia Pujol, en Schumann (Stille Tränen) y Schubert (repitió el Totengräbers Heimweh de la final). Aquí estuvo, desde mi punto de vista, el momento más alto de música (canto y expresión), y si el Schumann fue de un lirismo tranquilo pero no indiferente, el Schubert resultó aún más impresionante que en la ocasión anterior (no sólo todo estuvo en su sitio, sino que los cambios de color, el descenso al grave y la emoción que se desprendía del duro texto fueron inmejorables).

El premio ‘Plácido Domingo’ al mejor cantante español, la soprano Miren Urbieta, cantó ‘Depuis le jour’ de Louise de Charpentier: lo hizo bien, pero sin encandilar por su color permanentemente mate.

El sexto premio (‘Hoteles Catalonia’) fue para el barítono coreano Joo Won Kang, sin duda el mejor de los de su cuerda que se oyeron en la final, sin por eso ser memorable: repitió su deslucida versión del aria de Yeletski de La dama de picas sin el menor matiz y toda forte incluido el final. Mucho mejor, por fraseo e interpretación, fue su monólogo de Ford del Falstaff.

El quinto premio (‘Fundació Josefina Gironés’) fue para la soprano moldava Ana Dimitriu que estuvo por debajo de la prueba final. En varios momentos de ‘Un bel dí vedremo’ fue escasamente audible y faltó belleza vocal a la canción a la luna del acto primero de Rusalka, aunque el canto fue siempre solvente.

La primera parte finalizó con la intervención de la soprano rusa Irina Churilova (cuarto premio y premio especial ‘Leonor Gago’ al mejor intérprete de música rusa), que repitió la excelente impresión causada en la final con su matizada entrada de Leonora de Il trovatore, seguida de una sensacional aria de Lisa de La dama de picas, para la que parece tener la voz ideal.

El tercer premio (liceístas de los pisos 4º y 5º, Bufet Bergós-Advocats y Fra Diavolo. premio especial del Teatro de la Zarzuela al mejor intérprete en el género, premio extraordinario ‘Amics de l’Òpera de Sabadell’ y premio del público asistente a la final) fue para la peruana Ximena Agurto que volvió a mostrar su línea de canto y fina expresividad en el ‘Caro nome’ de Rigoletto. Tratándose de la predilecta del público fue, sin embargo, mucho más aplaudida en la pirotécnica ‘Me llaman la primorosa’ (la mayor ovación de la velada) de la zarzuela de Nieto y Giménez: si fue explicable el entusiasmo ante tal despliegue técnico, de extensión y de ligera picardía, quedó claro que la mayoría del público sigue mostrándose ávida de proezas en el extremo agudo, y en este caso tuvo toda la razón del mundo.

El mérito del segundo premio (‘L’Aliança’), la soprano inglesa Anna Patalong, fue el de incluir la exquisita y difícil aria de Roxana de El rey Roger de Szymanowski (acompañada muy bien al piano por Stefano Giannini -la escritura es bien difícil-), aunque esto la penalizara en el aspecto aplausos. Su versión fue exquisita y pareció controlar mucho mejor el temblor de la mandíbula y demostró un centro y grave firmes. En cambio en el recitativo y aria de la Condesa de Le nozze di Figaro, muy bien cantada en sí mismo, el grave resultó sordo, el trino escolar, la mandíbula reapareció en parte hacia el final, y eso hizo que la interpretación quedara por debajo del anterior fragmento.

Después se alternaron los primeros gran premios ex aequo (‘Fundació Puig’), ambos de Corea.

El tenor Junghoon Kim (que acumuló además el premio especial Plácido Domingo a un tenor finalista, el premio extraordinario Castell de Peralada, el ‘Leonor Gago’ y el del público asistente a la prueba final) cantó primero el ‘Lamento de Federico’ de L’Arlesiana de Cilea. Lo hizo bien, demostrando como en la final, que los autores de la ‘giovane scuola’ le sientan mejor que Verdi. Prácticamente no hubo defectos de pronunciación, el molesto juego de cejas fue menos pronunciado, el fraseo menos genérico y acorde con el texto y la situación, y los agudos fueron más cubiertos. Repitió la última gran escena del protagonista de Un ballo in maschera, ópera y papel que requieren un intérprete tan apasionado como elegante y capaz de los mayores matices, mientras que aquí todo sirvió al efecto (hasta la intensidad y duración de la nota final), los sonidos de trompeta no pertenecen al personaje más que en contados pasajes (si alguno), el legato y el fraseo fueron elementales, la ‘r’ redoblada reapareció en toda su dureza, y las cejas funcionaron a toda máquina todo el tiempo. Evidentemente ser tenor lírico-spinto (especie claramente en extinción) paga cuando se tiene buen volumen y buenos pulmones además de un timbre claramente tenoril (pero absolutamente impersonal), no sólo en el favor del público sino del jurado. Dejemos de lado la faceta artística.

La otra ganadora (además premio extraordinario Castell de Peralada y ‘Caballé-Martí’ al mejor intérprete de Verdi), Seyoung Park, cantó una excelente versión de la gran escena de Amelia del comienzo del acto segundo del Ballo y una notable ‘Pace, pace, mio Dio’ de La forza del destino. La voz es claramente de lírico-spinto, más lírica en el color del agudo, más spinto en centro y grave sin que haya problema de homogeneidad en el cambio de registro, el fraseo muy correcto siguiendo los cánones de la tradición, el italiano impecable (el problema de qué hacer con las manos es común a varios de los premiados) y, como es normal en una voz de notable volumen, los filados se escatiman un poco por la dificultad obvia de flexibilidad (no obstante, cortos, hizo los imprescindibles en ambas oportunidades, pero en Forza faltó la dimensión de plegaria).

Ambos cantantes recibirán además contratos para próximas temporadas en el Liceu y el Real, además del concierto conjunto en Peralada. Y así ha acabado la edición 2014 y número 51 del Viñas de Barcelona.

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