Estados Unidos

El público se divirtió

Horacio Tomalino
jueves, 13 de febrero de 2014
Nueva York, sábado, 14 de diciembre de 2013. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Falstaff. Ópera en tres actos con música de Giuseppe Verdi (1813-1901) y libreto en italiano de Arrigo Boito (1842-1918), basado en la pieza The Merry Wives of Windsor (Las alegres comadres de Windsor) y en escenas de Enrique IV de Shakespeare (1564-1616). Estreno: Teatro de la Scala de Milán, el 9 de febrero de 1893. Robert Carsen, dirección escénica. Brigitte Reiffenstuel, vestuario. Paul Steinberg, escenografía. Elenco: Ambrogio Maestri (Sir John Falstaff), Franco Vassallo (Ford), Paolo Fanale (Fenton), Carlo Bosi (Dr. Caius), Keith Jameson (Bardolfo), Christian Van Horn (Pistola), Angela Meade (Alice Ford), Jennifer Johnson Cano (Meg Page), Stephanie Blythe (Mistress Quickly), Lisette Oropesa (Nannetta). Coro y Orquesta de la Metropolitan Opera House. James Levine, director musical. Temporada 2013-4
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Dentro de los homenajes previstos por el bicentenario del nacimiento de Giuseppe Verdi, el MET subió a escena la nueva producción escénica que esta casa coproduce con varios teatros europeos y que firmó el renombrado Robert Carsen. En esta ocasión, el clásico de Shakespeare fue trasladado de comienzos del siglo XV a los años cincuenta del siglo pasado. En la visión de Carsen, Sir John reside en un hotel de lujo frecuentado por una distinguida clientela y es en el salón de fumar del establecimiento donde recibe sus visitas. Las comadres traman su venganza en el restaurante del mismo hotel donde además Fenton trabaja como mozo y la ejecutan arrojando a Sir John por la ventana de una moderna y gigantesca cocina en lo que suponemos es la burguesa casa de los Ford. Solo la escena final en el bosque -sin bosque aquí- resulta despojada. En líneas generales, el espectáculo resulto visualmente atractivo y el público se divirtió. Contribuyeron a este resultado, el muy atractivo vestuario de Brigitte Reiffenstuel y la cuidada escenografía de Paul Steinberg. Teatralmente estuvo bien resuelto y si no se entra en demasiados detalles puede afirmarse que con el traslado de época la esencia cómica de la trama de la ópera verdiana no fue alterada.

A cargo del personaje protagónico, Ambrogio Maestri fue físicamente ideal y de indiscutible patrimonio vocal para la parte. Su voz amplia, de enorme volumen -por momentos demasiado grande e innominable- y su elegante fraseo lo ubican como un referente casi ideal para la parte. Fue de lamentar que su composición no haya tenido algunas pinceladas de buffo, con lo que seguramente su personaje hubiese ganado mucho en lo teatral.

 

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Como Mrs. Quickly, la enorme voz y figura de Stephanie Blythe le sacó un gran partido a cada momento en los que su canto se cruzó con el de Maestri provocando las delicias del público. A Angela Meade la parte de Alice Ford le exige algo más de lo que sus liricos medios pueden ofrecer, pero no obstante con gran inteligencia logró llegar su composición a buen puerto. Completó el elenco de las comadres la muy desenvuelta tanto vocal como escénicamente Jennifer Johnson Cano.

 

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De voz franca, dúctil y expresiva, Franco Vasallo tuvo su gran momento interpretando con gran clase, acentos justos y gran nobleza el aria 'É sogno o realta…' aunque en el resto de la ópera su caracterización se fue apagando, apenas superando lo discreto.

Como su hija, Lisette Oropesa encontró en Nannetta una parte ideal para poder hacer gala de su bellísima voz lirica y de su canto intencionado. Debutando en la casa, Paolo Fanale dejó una muy grata impresión delineando un Fenton muy bien plantado en lo escénico y vocalmente atractivo. Desopilantes, el Dr. Caius de Carlo Bosi y la pareja de secuaces sirvientes del protagonista, Bartolfo de Keith Jameson y Pistola de Christian Van Horn les arrancaron más de una sonrisa al público.

 

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El coro de la casa, que dirigió Donald Palumbo, tuvo una excelente noche destacando por su sólida preparación en cada una de sus intervenciones.

En su segundo título en esta temporada, James Levine volvió a deslumbrar por su lectura siempre chispeante, de cuidadísima concertación, de elegante fraseo y que denotó un conocimiento de la partitura de altri tempi que irradió seguridad a la escena y contribuyó al éxito final de la presentación.

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