Estados Unidos

Un debut afortunado

Horacio Tomalino
lunes, 17 de febrero de 2014
Nueva York, viernes, 24 de enero de 2014. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Madama Butterfly. Ópera en tres actos con música de Giacomo Puccini (1858-1924), sobre libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en la obra teatral homonima de David Belasco, basada en un relato de John L. Long. Estreno: Teatro alla Scala de Milán el 17 de febrero de 1904. Anthony Minghella, dirección escénica. Elenco: Amanda Echalaz (Cio-Cio-San), Bryan Hymel (Pinkerton), Tony Stevenson (Goro), Elizabeth DeShong (Suzuki), Scott Hendricks (Sharpless), Paul Corona (Comisario Imperial), Juhwan Lee (Magistrado), Alexey Lavrov (Príncipe Yamadori), Maya Lahyani (Kate Pinkerton). Coro y Orquesta del Met. Philippe Auguin, director musical. Temporada 2013-4
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Un buen puntapié inicial dio el primero de los varios elencos que intervendrán en la reposición que de la ópera Madama Butterfly llevará a cabo el MET esta temporada.

En esta oportunidad quien tuvo a su cargo la caracterización de la geisha Cio-Cio-San, fue la ascendente Amanda Echalaz que además hacia con este rol su debut en la compañía. Vocalmente, la soprano sudafricana posee un timbre de rico esmalte, mórbido y homogéneo. Sus graves son sonoros y bien timbrados, la zona central firme y sonora, y los agudos aunque cortos, seguros e incisivos. En todo momento su canto evidenció gran musicalidad y una técnica muy depurada. Para su caracterización de Butterfly, si bien supo adaptar su canto para obtener el lirismo requerido en el primer acto, fue en los dos actos siguientes donde su voz de tintes más dramáticos encontró el campo más propicio para alcanzar su máximo lucimiento. Su 'Due cose, potrei far...' y su posterior 'Tu, tu, piccolo iddio...' resultaron conmovedores y verdaderos puñales contra el corazón del oyente. Y para ello, además de sus ya mencionadas cualidades vocales, Echalaz carga las tintas con un fraseo y una intencionalidad muy estudiadas que en sus labios extraen el máximo potencial posible de cada una de las frases que le propone el texto de su personaje. En la escena, fue convincente y entregada. Al caer el telón, el teatro la ovacionó de pie y coronó un debut con el “pie derecho” en la casa.

Como el odioso Pinkerton, Bryan Hymel convenció en lo escénico y cumplió con las exigencias vocales de su parte pero no pareció sentirse confortable como el marino norteamericano. Su rico timbre, otrora lírico y ahora mas spinto, acusó las asperezas propias de sus incursiones en un repertorio más pesado y esto afectó su rendimiento en aquellos momentos de canto legato en los que su personaje requiere una voz de mayor vuelo lírico. Intentó compensar su desigual interpretación con unos agudos de acero que propinó con gran naturalidad y sin esfuerzo y con una interpretación de manual del 'Addio fiorito assil…' que fue gratamente recibida por el publico. Así y todo el resultado general de su prestación supo a poco.

Poner pie de foto.

En su debut en la casa, Scott Hendricks supo ser un Sharpless correcto sin descollar en lo vocal pero que resultó excelente a la hora de plasmar las emociones del cónsul norteamericano frente a la situación en la que se ve envuelto. Elizabeth DeShong fue una Suzuki de un nivel vocal estratosférico que dio una dimensión poco usual a su personaje. Hubo de lamentarse que no pudiese apreciarse en la medida de lo deseado las bellísimas intervenciones del personaje de Yamadori data la anodina interpretación de un poco inspirado Alexey Lavrov.

De los numerosos y bien cubiertos roles secundarios, tuvo un particular relieve el desempeño de Ryan Speedo Green como el zio Bonzo y de Maya Lahyani como Kate Pinkerton.

Desde del foso, con buen ritmo y suma competencia, Philippe Auguin extrajo de la orquesta todo la belleza y variedad de colores sonoros que comporta la partitura, sin desatender las necesidades de los cantantes y al mismo tiempo sin traicionar un ápice el estilo del capolaboro pucciniano.

 

Poner pie de foto.

De gran impacto simbólico y con una visión exacerbadamente japonesa de la trama, la producción escénica que estrenara -no sin controversia- en el 2006 el desaparecido director de escena Anthony Minghella, con su rico vestuario y sus marionetas, dio un marco excepcional para el desarrollo de la acción.

 

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