Alemania

Un cuento estilo 'años veinte'

Maruxa Baliñas
jueves, 20 de febrero de 2014
Berlín, viernes, 24 de enero de 2014. Komische Oper. Die Liebe zu drei Orangen, ópera en cuatro actos y un prólogo de Serguei Prokofiev. Texto alemán de Jürgen Beythien y Eberhard Sprink. Andreas Homoki, dirección escénica. Annette Seiltgen (Fata Morgana), Philipp Meierhöfer (Celio), Carsten Sabrowski (Der König), Mirko Roschkowski (Der Prinz), Caren van Oijen (Prinzessin Clarice), Horst Lamnek (Leander), Dominik Köninger (Pantalone), Peter Renz (Truffaldino), Katarina Morfa (Prinzessin Linetta), Adela Zaharia (Prinzessin Nicoletta), Mirka Wagner (Prinzessin Ninetta), Karolina Gumos (Smeraldine), Hans-Peter Scheidegger (Die Köchin), Bernhard Hansky (Farfarello), Bogdan Talos (Der Herold). Coro y Orquesta de la Komische Oper. Mikhel Kütson, dirección musical.
0,0002249

La Komische Oper presentó entre el 18 y el 24 de enero una "semana Prokofiev" que incluyó representaciones de El ángel de fuego y El amor de las tres naranjas, así como un concierto de cámara, varias interpretaciones de Pedro y el lobo en horario infantil y un programa fílmico con Gabriela Montero, aunque yo sólo pude asistir el último día, el 24 de enero, a la última función de El amor de las tres naranjas (ópera que ya había visto hace justo cinco años en este mismo teatro y producción).

No es esta una ópera característica de Prokofiev, generalmente aficionado a los grandes argumentos, sino un maravilloso divertimentos escrito en 1919 para intentar conquistar al público norteamericano, cansado de la Primera Guerra Mundial y deseoso de escuchar una música nueva, pero al tiempo sin complicaciones. El amor de las tres naranjas no es una obra neoclásica tan característica como por ejemplo el Pulcinella stravinskiano, prácticamente contemporáneo, y destinado a un público europeo, más traumatizado por la guerra, pero de algún modo ese prólogo donde el público no es capaz de ponerse de acuerdo sobre el tipo de ópera que desea escuchar y el triunfo de "Los ridículos" es un perfecto reflejo del desconcierto de este período y un anticipo de la locura teatral que se desencadenará durante los llamados "años de entreguerras".

'El amor de las tres naranjas' de Prokofiev. Dirección musical, Mikhel Kütson. Dirección escénica, Andreas Homoki. Berlín, Komische Oper, enero de 2014.

Desde hace años, Andreas Homoki (Marl, Alemania, 1960) es uno de mis directores de escena favoritos. Y si en algo destaca especialmente es en aquellas óperas que le permiten mostrar su lado más infantil y colorista. Es por ello que este Amor de las tres naranjas que estrenó en 1998 se ha convertido en una de sus producciones más populares y más apreciadas por el público, que disfruta de su sencillez narrativa, siempre al servicio de la partitura y el libreto originales. Los libros gigantes o sus páginas que reaparecen periódicamente a lo largo de la ópera, la caracterización de los diferentes grupos de público por sus sombreros y sus complementos siempre a partir de un traje blanco que varía en su diseño, y que contrasta netamente con los personajes del cuento, con un vestuario cargado de color y tópicos, hacen esta una ópera que incluso los niños -y había bastantes en esta representación- disfrutan. De hecho, esta producción de El amor de las tres naranjas va a ser una de tres óperas presentadas en el festival infantil que la Komische Oper presentará a partir del 19 de febrero (junto -obviamente- a La flauta mágica y Hansel y Gretel).

'El amor de las tres naranjas' de Prokofiev. Dirección musical, Mikhel Kütson. Dirección escénica, Andreas Homoki. Berlín, Komische Oper, enero de 2014.

Mikhel Kütson (Tallin, Estonia, 1971), a quien escuchaba por primera vez, me gustó mucho como director. Formado en Estonia y Hamburgo, curtido en la ópera de Hannover, donde dirigió más de 200 representaciones según su biografía oficial, y en otros teatros estonios y alemanes, se muestra como un director muy eficaz, atento a los cantantes y con un buen conocimiento del estilo de Prokofiev, a quien dotó de una gran ligereza, que es lo que necesitan sus partituras de los años parisinos-norteamericanos.

Esa soltura musical se trasmitió a los cantantes, que como es habitual en la Komische Oper berlinesa no son famosos -el presupuesto de este teatro es bastante más escaso que el de los otros dos teatros de ópera de Berlín- pero sí elegidos con cuidado. Mirko Roschkowski dominó el escenario más por sus cualidades actorales que vocales, pero cantó correctamente en todo momento y especialmente en las escenas de conjunto. Por su parte Peter Renz se convirtió en protagonista de la ópera tanto o más que el Príncipe gracias tanto a su ágil actuación como a una técnica que le permite sacar el mejor partido de sus discretas cualidades vocales, algo a lo que sin duda ayuda el tamaño relativamente reducido del Teatro Metropol, sede de la Komische Oper. Mirka Wagner, la Princesa Ninetta, resultó poco expresiva actuando, seguramente porque Homoki quiere resaltar su carácter irreal, tópico más que de persona real, con sentimientos. Más humanidad en cambio se le concede a las dos malas, Caren van Oijen y especialmente Annette Seiltgen, que consiguió destacar su papel sobre el de su contrincante Celio, Philipp Meierhöfer, gracias a su presencia escénica. Bernhard Hansky resultó un tanto excesivo en su papel demoníaco.

'El amor de las tres naranjas' de Prokofiev. Dirección musical, Mikhel Kütson. Dirección escénica, Andreas Homoki. Berlín, Komische Oper, enero de 2014.

De los roles secundarios, no quiero mencionar a ningún cantante en especial, porque precisamente lo más destacado es su adecuación a la producción y al conjunto en general. Todos ellos cumplieron correctamente en lo musical y sobre todo en lo escénico. Y entre todos construyeron una obra que nos tuvo a todos -pequeños y mayores, la sala casi llena- encandilados durante los 150 minutos que dura la obra y que se nos hicieron, por lo menos a mí, enormemente cortos.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.