España - Madrid

Una formación envidiable

Juan Krakenberger
jueves, 6 de marzo de 2014
Madrid, jueves, 13 de febrero de 2014. Auditorio Sony de la Fundación Albéniz. George Onslow, Quinteto para vientos op 81. Mozart, Serenata nº 11 KV 375 y Quinteto para clarinete y cuerdas KV 581. Mendelssohn, Pieza de concierto Nº 2 op 114. Intérpretes: Alumnos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Ciclo Da Camera: grupos de vientos. Asistencia: 50% del aforo
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No por menos numerosos que los alumnos de instrumentos de cuerda de la Escuela Reina Sofía, los que se dedican a instrumentos de vientos reciben igualmente una formación envidiable, y esto se pudo comprobar a través de la calidad que demostraron en todo momento durante el concierto que nos ofrecieron. Me referiré a cada obra por separado, con los nombres de los respectivos intérpretes:

1) Quinteto para vientos op 81, de George Onslow (1784-1853), pianista y compositor francés (el padre fue británico, de ahí el nombre). Estudió composición con Reicha en Paris, donde se estableció. La mayoría de sus obras son de cámara. La interpretación corrió a cargo del Quinteto Orfeo, formado por Paula Martínez, flauta, Mercedes Guzmán, oboe, Joan Tormo, clarinete, Daniel Mota, fagot, y Pablo Cadenas, trompa. Este Quinteto está formado por cuatro movimientos, a saber: Allegro non troppo / Scherzo. Enérgico / Andante sostenuto y Finale. Allegro spirituoso. El primer movimiento tiene un segundo tema de carácter más bien romántico, pero en general la obra tiene el perfil de la música clásica del siglo XVIII. Suena bien: los instrumentos cumplen cada uno con la sonoridad que les corresponde, y el resultado fue muy bueno. El Scherzo, un 3/8 muy movido y breve fue muy placentero, y también el Trío central, en un 6/8 más relajado, dejó un buen sabor. El movimiento lento, cuyo tema fue presentado por el oboe, y luego por la flauta, tuvo una excelente interpretación. Y el Finale tiene una instrumentación atractiva: clarinete, fagot y trompa marcaron un ritmo sobre el cual la flauta y el oboe cantaron frases, algunas rápidas, otras más cantábiles. El final, rápido y muy resultón, técnicamente bastante exigente, contribuyó al mayor lucimiento de los intérpretes, que hicieron una labor admirable, y cosecharon los aplausos agradecidos del público asistente. Confieso que nunca había oído antes una obra de este compositor y quedé gratamente sorprendido por la buena calidad de esta música, bien escrita, y -hay que repetirlo- muy bien tocada.

2) La Serenata Nº11 KV 375 de Mozart sonó a continuación. Está escrita para ocho instrumentos de viento, y la tocaron los siguientes alumnos de la Escuela: Carlos Quiñonero y Shaun Little (oboes), Takuma Sato y Saulo Guerra (clarinetes), María Rosario Martínez y Oscar Pérez (fagotes), y Adrián García y Pablo Fernández (trompas). Esta Serenata tiene cinco movimientos, a saber: 1) Allegro maestoso, 2) Menuetto 3) Adagio 4) Menuetto y 5) Allegro. Esta obra, bastante conocida por cierto por su gran calidad musical, se inicia con un Allegro non troppo, con una exposición muy nítida (que no fue repetida). Había unos unísonos que sonaron gloriosamente bien. Hacia el final, un diálogo muy interesante entre oboes y fagotes, que conduce al término del movimiento, que sonó muy, muy bien. El primer Menuetto trae un unísono muy atractivo, luego un Trío central más relajado. El Adagio tiene un tema encantador, con un desarrollo magistral, que finalmente lleva hacia un clímax. Luego se producen contrastes dinámicos muy atractivos, para terminar en calma. ¡Precioso! El segundo Menuetto es anunciado por el clarinete y esto lleva a un diálogo muy ameno. El Trío es más tranquilo y cantábile, pero sonó gloriosamente bien. Y el Allegro, con que termina la obra, da al conjunto la oportunidad de lucirse, lo que supieron hacer con gran maestría. Los aplausos fueron unánimes: habíamos escuchado un Mozart magníficamente interpretado por un conjunto que entusiasmó a los asistentes.

3) Mendelssohn: Pieza de concierto Nº 2 op 114, para clarinete, fagot y piano, tocado por Sergio Castelló, Oscar Pérez y Luis Arias, respectivamente. Se trata de tres piezas cortas -juntas duran unos diez minutos- que sonaban a una obra de encargo porque realmente se ocupa de proveer a cada músico de la ocasión de lucirse, sin que eso afecta a la calidad de la música. Al contrario, Mendelssohn estaba en una de sus mejores épocas de creatividad: esta obra fue compuesta en el año 1833, el mismo año que su formidable Sinfonía italiana. El Allegretto inicial, con un unísono brillante, sonó muy bien. Siguió un Adagio en ¾, en el cual se destaca un dúo de clarinete y fagot, al cual se junta luego el piano. El dúo de los dos vientos se repite luego. Y para terminar, un Rondó – Allegro que provee pasajes rápidos a los vientos, que luego tocan una especie de cadenza. Este brillante movimiento cierra la obra y provoca, desde luego, aplausos entusiasmados. La versión fue excelente y creo que los jóvenes músicos pasaron un buen rato tocando esta música.

4) Como obra final del programa, la más famosa de todas ellas: el célebre Quinteto para clarinete y cuerdas KV 581, de Mozart. Fue interpretado por Joan Tormo, clarinete, Laura Delgado y Javier Baltar, violines, Sandra García, viola y Laura Szabo, violoncello. Tiene cuatro movimientos: Allñegro / Larghetto / Menuetto, y Allegretto con variazioni. Esta vez, el conjunto repitió la exposición del primer movimiento, y eso hizo descollar aún más los solos de las cuerdas en el desarrollo de la segunda parte. También en el movimiento lento, el primer violín sonó espléndidamente, y la vuelta al tema inicial, en tesitura de un muy delicado piano, terminó esta pieza de forma muy emocionante. El Menuetto que sigue fue muy musicalmente interpretado, y el Trío -dedicado solo a las cuerdas- sonó con mucha belleza. Hay un segundo trío, que presenta un solo de clarinete y luego del primer violín, todo muy bien sonante. El cuarto movimiento nos presenta tema y cinco variaciones, del cual destacaría la cuarta, que tiene mucha marcha. Luego viene una especia de coda, lenta, donde primer violín y clarinete traen mucha tranquilidad, para desembocar en la variación final, un Allegro feliz.

Todo este quinteto es genial. Fue compuesto en 1789, dos años antes de la muerte del compositor. Es una obra madura, y tanto Joan Tormo, a cargo del clarinete, como los cuatro jóvenes que formaron el cuarteto de cuerdas, tocaron a gusto y nos hicieron pasar un rato muy agradable. Los aplausos no se hicieron esperar: fueron generosos y agradecidos. Así terminó un concierto muy, muy agradable y solamente es de lamentar que no viniera todo el público que suele presenciar esta serie Da Camera que tanto placer nos trae.

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