España - Madrid

El mejor sitio

Juan Krakenberger
miércoles, 12 de marzo de 2014
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Madrid, viernes, 21 de febrero de 2014. Sala Sony de la Fundación Albéniz. Cuarteto Jubilee, Cuarteto Van Kuijk y Cuarteto Schumann. Obras de Haydn, Debussy y Schubert. Instituto Internacional de Música de Cámara de Madrid. Profesor: Maestro Günter Pichler. Ciclo Da camera: Cuartetos de Cuerda. Asistencia: 90% del aforo
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Cada vez que voy a escuchar los cuartetos de cuerda del Instituto Internacional de Música de Cámara de Madrid me quedo asombrado de la calidad de los jóvenes músicos que nos ofrecen allí interpretaciones de gran envergadura de las mejores obras del repertorio cuartetístico. Estoy seguro -me fío de las informaciones que recojo- que algo semejante no ocurre en ningún otro sitio del planeta: resulta que la calidad de enseñanza que brinda la Escuela Superior de Música Reina Sofía ha hecho que en todo el mundo se hable de ello, y muchos alumnos con talento desean venir a Madrid para gozar de este ambiente. Lo que es inaudito es que nadie aquí se hace eco de ello -exceptuándome a mí- y francamente no lo entiendo: debería ser un orgullo tener entre nosotros semejante milagro. Puedo asegurar al amable lector que la realidad es ésa, y que los conciertos del auditorio Sony compiten favorablemente con lo que se escucha en las otras salas de concierto de la capital.

Y así fue también en esta ocasión: formados en 2006, 2011 y 2007, respectivamente, y habiendo los tres cuartetos ganado ya premios en concursos internacionales, vienen a Madrid para trabajar con el Maestro Pichler para mejorar aún más su calidad, y no podrían haber escogido mejor sitio para lograrlo. Y es aquí, que pueden exhibir su capacidad. Yo he oído, en mi vida, los mejores cuartetos del mundo -entre ellos el Cuarteto Alban Berg al cual perteneció el maestro Pichler- y puedo asegurar al amable lector de estas líneas que no exagero si incluyo a los tres cuartetos que actuaron hoy entre lo mejorcito que existe actualmente en esta especialidad. Eso sí, estos jóvenes cuartetos aún tienen que ampliar su repertorio para empezar a dar giras de conciertos. Y además hay mucha competencia porque todos quieren -o necesitan- un sitio en el mundo, para sobrevivir, pero por el momento, el placer que nos proporcionan, escuchándoles, es enorme, y vale la pena venir al Auditorio Sony, para verificarlo.

Me referiré brevemente a las tres obras que oímos:

Haydn, Cuarteto Nº 66 op 77 'Cuarteto Lobkowitz', tocado por el Cuarteto Jubilee (Teresa Privratska y Alma Olite, violines, Stephanie Edmundson, viola y Lauren Steel, violoncello). Se trata de uno de los más conocidos cuartetos de Haydn y es un auténtico placer volver a escucharlo, especialmente si lo interpretan estas cuatro señoritas, que formaron su cuarteto en la Royal Academy of Music de Londres en 2006. Tiene los cuatro movimientos de rigor: el Allegro Moderato inicial fue tocado con mucha marcha, y buenos contrastes dinámicos. Algún pasaje tocado piano sonó divinamente bien. El Adagio que sigue nos trae música maravillosa, y el canto de su melodía fue muy emocionante. Hay un pasaje de notas punteadas, pianísimo, algo arrebatador … y el final es muy imaginativo. Sigue el Menuetto (Presto) y un Trío muy vigoroso, y termina con un Finale: Presto que pone a prueba la habilidad técnica de los cuartetistas: empezaron con un unísono perfecto, y la rapidez de las notas no sonó en ningún momento apurado, lo que llevó a una brillantez extraordinaria. El fraseo, en todo momento, ágil y musical. ¡Qué gozada! El final brillante fue saludado con gritos de “Bravo” y aplausos de satisfacción. ¡Algo así no se escucha todos los días!

Debussy, Cuarteto op 10, tocado por el Cuarteto Van Kuijk, (Nicolas Van Kuijk y Sylvain Favre, violines, Grégoire Vecchioni, viola y Sebastien Van Kuijk, violoncello). El único cuarteto que compuso Debussy es muy hermoso y nos sorprende por la riqueza de sonoridades que nos ofrece. En el Animé et très décidé inicial, tocado con mucho brío, atraen los breves cambios de tempi. Hay un solo de viola que suena estupendamente bien. Todo es muy expresivo, con contrastes entre pasajes tranquilos y enérgicos. El final nos ofrece contrastes dinámicos muy atractivos. En el Assez vif et bien rythmé que sigue prevalece el pizzicato con la viola cantando el tema. Los problemas técnicos que ofrece fueron superados con facilidad, y el pizzicato de todos juntos sonó muy convincente. El Andantino, doucement expressif -tercer movimiento- es introducido por el primer violín cantando el tema, que luego es imitado por el violoncello. Después viene un solo de viola que suena muy bien y que nos lleva al segundo tema, luego repetido por el violoncello y ambos en unísono con el segundo violín. Todo esto muy sentido y emotivo, hasta el fin de la pieza que casi desaparece en pianísimo: muy emocionante. El último movimiento dice claramente en su título qué se espera de él: “Très modéré – En animant peu à peu. Très mouvementé et avec passion”. El cuarteto Van Kuijk obedeció todas estas indicaciones y nos ofreció una versión muy emocionante, que dejó una impresión excelente. El conjunto funcionó a las mil maravillas, y el resultado fueron largos y animados aplausos por parte de los asistentes. ¡Bravi!

Como última obra del programa sonó el Cuarteto Nº15, op 161, de Schubert, en manos del Cuarteto Schumann: Erik y Ken Schumann, violines, Liisa Randalu, viola, y Mark Schumann, violoncello. Este cuarteto se formó en 2007 en Colonia (Alemania) y desde 2011 viene a Madrid a perfeccionarse. Este es uno de los cuartetos más tocados de Schubert, el último que compuso en 1826, dos años antes de morir. Tiene los cuatro movimientos de rigor, pero hay que constatar el lenguaje bastante moderno que emplea -con algunas disonancias acentuadas a propósito- y la extensión de la obra, de más de media hora. El Allegro molto moderato empieza de forma misteriosa. En este movimiento, los contrastes dinámicos son parte esencial de la estructura, y pasajes de unísono, un diálogo de primer violín y viola, luego de primer violín y violoncello, construyen pasajes muy emotivos. Y cuando se vuelve al primer tema, el violoncello sobresale con efecto sorprendente. Luego hay unos unísonos en piano, forte y de nuevo piano, que conducen al fin espléndido de este primer movimiento. El Andante un poco moto empieza con el violoncello cantando discretamente el tema, seguido del primer violín, con algún acento nuevo. La parte central, con un unísono, tiene unas salidas modernas -casi atonales- pero que son resueltas de forma muy efectiva, llegando a un final muy convincente. El Scherzo. Allegro vivace que sigue es muy enérgico, con contrastes extraordinarios. El Trío es cantado por el violoncello y luego el primer violín. Todo concluye con un pasaje bellísimo. Y el último movimiento Allegro assai nos atrae a través de sus fuertes contrastes dinámicos, mucha marcha y pasajes alegres. Esto exige un trabajo especialmente preciso del conjunto, pero el cuarteto Schumann supo afrontar hábilmente estos desafíos. Un angelical unísono de primer y segundo violín en pp y el crescendo que nos lleva al acorde final coronaron una interpretación de primer orden, que cosechó aplausos agradecidos y prolongados.

Conciertos de esta calidad, y tan buena música, no se escucha todos los días. Estoy seguro que el público lo pasó tan bien como yo. ¡Felicitaciones efusivas a todos que participaron!

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