España - Cataluña

Difícil equilibrio

Jorge Binaghi
lunes, 24 de marzo de 2014
Barcelona, jueves, 13 de marzo de 2014. Gran Teatre del Liceu. Tosca, Roma, Teatro Costanzi, 14 de enero de 1900. Libreto de G. Giacosa y L. Illica sobre La Tosca de V. Sardou y música de G. Puccini. Dirección escénica y escenografía: Paco Azorín. Vestuario: Isidre Prunés. Intérpretes: Martina Serafin (Floria Tosca), Alfred Kim (Mario Cavaradossi), Scott Hendricks (Barón Scarpia), Alessandro Guerzoni (Angelotti), Valeriano Lanchas (Sacristán), José Manuel Zapata (Spoletta), Manel Esteve (Sciarrone), Pierpaolo Palloni (Carcelero) y Elena Copons (Un pastor). Orquesta y coro del Teatro (maestro de coro: José Luis Basso). Director: Paolo Carignani
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Aunque al parecer habrá un nuevo tenor más adelante (el muy interesante Andrea Caré, del que ya he tenido oportunidad de hablar aquí) con esta función se completan los tres repartos distintos para esta popular ópera. Hubo también mucho público aunque tampoco esta vez había localidades agotadas.

Considerando el conjunto. esta resultó la versión más equilibrada, aunque hubo también algunos puntos débiles.

De los comprimarios fue correcto, pero sin mucho caudal, el carcelero de Palloni y en cambio atronador, pero oscilante y no siempre timbrado, el Angelotti de Guerzoni. Los demás repitieron sus actuaciones anteriores, excepto Lanchas que ha ido creciendo en su sacristán.

La orquesta se volvió a mostrar en buena forma (tal vez las cuerdas pudieran ser más transparentes y de sonido más opulento) y Carignani repitió su buena labor.

Ignoro por qué al final no salió a saludar ni el coro ni los miembros del coro infantil aunque sí lo hicieron los actores que representaban conspiradores, presos y, en el último acto, compañía fusiladora.

Tuvimos el mejor Mario en Alfred Kim, una voz segura si no bella o muy personal, de sólida técnica, buen estilo y extensión adecuada. Fue el único de los tenores aplaudidos en ‘Recondita armonia’ (de las funciones que he presenciado) y tuvo la ovación de la noche tras ‘E lucevan le stelle’.

 

Scott Hendricks  como Barón Scarpia en 'Tosca' de Puccini. Director musical, Paolo Carignani. Director escénico, Paco Azorín. Barcelona, Teatro del Liceu, marzo de 2014.

 

Hendricks ha sido un Scarpia fantástico en lo escénico. De sus mejores interpretaciones conserva la atención por la palabra (siempre inteligible, siempre cargada de intención) y su capacidad actoral (fue un gusto ver qué se puede hacer con un bastón en la mano). Tal vez a su actuación en el monólogo que cierra el primer acto se debió que se notara mucho más la pérdida de ropas de las imágenes de santas en la iglesia. Muchas veces este personaje se habla más que se canta. No fue el caso de este interesante barítono, pero las limitaciones de su instrumento y su emisión, que no se notan en el repertorio moderno y contemporáneo, se hacen presentes, menos que cuando canta Bellini, pero igualmente hubo tensiones en el agudo, que perdía volumen, y el grave resultaba engrosado de forma poco natural.

Serafin es una cantante notable, pero creo que por su tipo de canto más que por su voz, que es más apta para el repertorio alemán (le recuerdo una algo lejana pero muy buena Elisabeth en Tannhauser en Amsterdam). Se trata de un instrumento amplio y homogéneo en el que las medias voces, si no abundantes, están presentes casi siempre que hacen falta, y cuyo grave, menos por insuficiencia que por decisión personal de la cantante, suena poco (los casos más extremos se tuvieron en el segundo acto con ‘quanto? Il prezzo!’ y la famosa ‘E avanti a lui tremava tutta Roma’, y, algo menos, ‘gli piantai nel cor’ en el tercero -lo que vuelve a plantear el problema de las frases recitadas o habladas, que se reflejó también, por ejemplo en ‘Ecco un artista!’ o en los gritos al descubrir Tosca que su amante está muerto de verdad). El agudo es bueno aunque en algunos momentos (no siempre los más difíciles o extremos) tiende a crecer o a hacerse muy áspero. Una frase ‘central’ como ‘Dio mi perdona; egli vede ch’io piango’ (la última del personaje en el primer acto) la encontró algo corta e imprevistamente la voz osciló; en cambio resultó muy buena su versión de ‘Vissi d’arte’. Como artista es elegante y tal vez reservada en más de un momento, pero no resulta fría (quizás en el último acto debería repensar sus gestos en el final del dúo con Mario porque ponerse a aletear en el momento de decir ‘nuvole leggere’ no las favorece, ni a ella ni a la música).

Si procurar tres compañías diferentes de parejo nivel es difícil o imposible para Tosca en cualquier teatro, no es la única ópera ‘popular’ con la que esto sucede (véase, a modo de ejemplo y sobre el papel, lo que se ha pensado para La traviata de la próxima temporada).

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