Vox nostra resonat

Salvado, Rosendo

La música para piano de Dom Rosendo Salvado (2/2)

Xoán M. Carreira
lunes, 31 de marzo de 2014
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No se conocen fuentes documentales ni testimonios sobre ningún concierto de Rosendo Salvado en su época de noviciado, sea en San Juan de Corias o en San Martín Pinario. Según Eladio Ros, hacia finales de 1839 "le nombraron gerente de la comunidad y organista oficial de la abadía" de Cava dei Tirreni. 

En sus frecuentes visitas a Nápoles se versa en la música italiana contemporánea, familiarizándose con los compositores italianos y las óperas en boga. Y así su fama como organista se extendió por la región de Nápoles. Por otra parte, en su calidad de administrador y organista, persuadió al abad a que se adquiriese un nuevo órgano.*

El concierto de inauguración del órgano en 1844, tras tres años de obras, fue uno de los momentos de gloria de Salvado en La Cava y ha pasado a formar parte de su mitología. La mejor narración de este suceso la debemos a Dom William Giménez:

El órgano al que se hace referencia, considerado entonces como monumento nacional de gran valor artístico, se construyó principalmente en atención a Rosendo Salvado. Este había dado tantas pruebas de su talento musical que Marincola, el entonces abad de Cava, decidió que Salvado debía demostrar su genio en plenitud, y pare ello, en 1841, dispuso la instalación de un órgano que, por la perfección de su mecanismo, categoría y belleza, pudiese rivalizar con los mejores de Europa. Contaba con tres teclados, ochenta y cuatro registros, seis mil tubos y otra serie de instrumentos de percusión. Fueron necesarios tres años para construir este gran órgano, y costó la suma de 1.700 libras. Al principio de 1844, cuando este magnífico órgano estaba a punto de inaugurarse, la gente afluyó de todas partes para disfrutar de la maestría de Salvado. Entre la numerosa asistencia se contaban el rey y la reina de Nápoles y el compositor italiano Mercadante, que prodigaba elogios para órgano y organista. Los dos músicos se convirtieron posteriormente en amigos para toda la vida.*

Ros informa asimismo de un recital de piano ofrecido por Salvado en Bath en junio de 1845, cuando se dirigía a la abadía de Downside para reunirse con el obispo Brady.

Respecto a la obra interpretada, no se conservan datos. Probablemente el recital lo componían unas piezas clásicas junto con algunas improvisaciones del momento, y posiblemente, canciones italianas o españolas acompañadas por él mismo. Podemos supones que la finalidad de la actuación fuera recoger fondos para el obispo Brady, que estaba entonces muy necesitado de ellos.*

El concierto de Perth de 1846

Apenas dos meses después de su primer asentamiento en la selva, Salvado decidió regresar a Perth acompañado de un aborigen, para solicitar al obispo Brady ayuda para la incipiente misión que se encontraba en la más absoluta miseria. Al conocer la precaria situación económica de la diócesis, Salvado resuelve organizar una Academia musical en beneficio de su misión. Leamos su propia narración según fue publicada cinco años más tarde, siguiendo un evidente código literario:

Finalmente llegué a Perth, y habiéndome presentado al Sr. obispo, le manifesté lo apurada que se hallaba la misión, diciéndole al mismo tiempo que los misioneros perecerían todos de hambre, si no se les enviaban prontos socorros. Entristecióse su Ilma. con estas noticias, y lo que más pena le dió fue el hallarse tan absolutamente falto de recursos, que ni lo estuvo siquiera para proporcionarme un par de zapatos, y en verdad que los necesitaba, pues puedo decir que iba descalzo. No me bastan las palabras para explicar la amargura de que se llenó mi corazón con lo que me dijo el Sr. obispo, particularmente cuando volvía la vista hacia mis cuatro compañeros que había dejado en tan crítica posición, en tan extrema miseria. Monseñor era de parecer de que nos retirásemos todos a Perth, en donde opinaba que no debía faltarnos un pedazo de pan que llevar a la boca. Contestéle con la debida moderación y respeto, que estábamos prontos a hacerlo siempre que su Ilma. nos lo mandase por orden de santa obediencia; mas entretanto le supliqué se sirviese socorrernos del modo que pudiese, pues en cuanto a nosotros estábamos decididos a sufrir, con la ayuda de Dios, todo género de privaciones antes que abandonar a los pobres salvajes. Determinó entonces su Ilma. predicar el domingo siguiente en favor de la misión, y yo me coloqué en la puerta de la iglesia pidiendo limosna, lo que hice repetidas veces. De este modo logré recoger un poco de dinero, mas no lo suficiente para socorrer nuestra excesiva penuria: los católicos de Perth no eran muchos ni pertenecían a la clase más acomodada; motivo por el cual, siguiendo los consejos de Monseñor, pensaba ir a las casas de los más ricos protestantes pidiéndoles una limosna; pues tratándose de salvar la misión, nada en el mundo era capaz de sonrojarme. A este fin estaba haciendo una lista de todos ellos, cuando se me ocurrió la idea de dar al público una academia de piano: comuniquésela a su Ilma., quien me la aprobó; y no pareció sino que el Señor la bendecía, según me ofrecieron a porfía sus servicios todos los habitantes de Perth a fin de llevarla a efecto. El Gobernador Mr. Clarke tuvo la bondad de franquearme la gran sala del Tribunal; el impresor, a pesar de ser también protestante, se ofreció a imprimir gratis los avisos y el programa de la academia: el ministro anglicano me mandó, sin habérselo yo pedido, los candeleros de su templo, y hasta el sacristán se ofreció a cuidar de la iluminación y adornos del salón.
Por fin el Sr. Samson, judío, quiso encargarse del despacho de billetes de entrada y de convidar a las primeras familias. En cuanto al piano, muchos protestantes me ofrecieron el suyo; pero yo les di las gracias prefiriendo pedírselo a las virtuosas monjas de las Mercedes, que me lo facilitaron gustosísimas. No quiero detenerme más en hablar de la disposición de la sala y de algunos otros incidentes de poca monta, que no harían más que alargar la relación sin provecho. Llegó finalmente la noche del 21 de mayo, en que me presenté al respetable y numeroso concurso, llevando, como tenía de costumbre, mis hábitos monásticos. Pero ¡Dios mío! ¡cuán roto y andrajoso iba! la saya, hecha toda jirones, apenas me llegaba a las rodillas, los calzones negros estaban remendados con piezas e hilo de varios colores; las medias, gracias mis cuidados, aún estaban algo decentes; pero en cambio los zapatos, buenos y nuevos cuando salí de Italia, habían dejado las suelas en los bosques de la Australia, de suerte que mis pies besaban el suelo. Añádase a esto una barba de tres meses y más que medianamente desaliñada, y un color de manos y cara tan cobrizo cuasi como el de los salvajes, y se tendrá una idea exacta de mi figura, que en realidad era tan rara que movía a risa y compasión al mismo tiempo. Recibiome el público con grandes aplausos que se iban repitiendo de vez en cuando; pero mal podía mi corazón escuchar aquel alegre clamoreo, al acordarme de cuatro compañeros míos que perecían de hambre en medio de los bosques. Tres horas duró el concierto, concluido el cual me despedí del auditorio, confundido por los excesivos aplausos y agasajos que se me habían prodigado.
¡Dios mío! pensaba entre mí: ¿cuándo hubiera yo podido imaginar que debía presentarme al público para dar una academia de música? Pero me tranquilizaba el objeto que me había movido a dar aquel atrevido paso.
El producto de la academia me bastó para comprar no sólo todo género de provisiones, sino también un par de bueyes, cuya compra me detuvo hasta el 19 de junio: pues tuve que seguir varios puntos de la colonia para encontrarlos. Por fin los hallé, y vuelto con ellos a Perth lo tuve todo pronto porque el carro, único medio de transporte que me faltaba, me lo ofreció un buen protestante.*

Si creemos el testimonio de Salvado, este se presentó en escena tal y como había salido de la selva unas semanas antes, lo que resulta cuanto menos sorprendente si tenemos en cuenta que eso significaría que no se habría aseado en modo alguno en todo ese tiempo. Por otra parte, no se entienden los motivos por los cuales Salvado hubiera optado por presentarse vestido de modo indecoroso en vez de utilizar la sotana nueva y el par de zapatos que le había regalado una bondadosa señora católica antes de entrar en Perth. Quizás, como sugiere irónicamente Ros, 

prefirió reservar estas valiosas prendas para un día de lluvia o más aún, que estaba decidido a aparecer en escena como un simple mendigo.*

Desde mi perspectiva, nada tiene de sorprendente que Salvado utilizase los recursos literarios del humor y de la fantasía para narrar el episodio de su concierto de 1846 -incluyendo la obligada claúsula del escrúpulo moral en el penúltimo párrafo para someter su texto al canon de la severidad-, forma parte del género literario de los libros de viajeros tal y como se entendían a mediados del siglo XIX. Lo que me parece realmente sorprendente es la credulidad lindante en lo ingenuo por parte de lectores presuntamente profesionales, como viene sucediendo en el caso de buena parte de los biógrafos de Dom Rosendo Salvado. Como botón de muestra citaré a George Russo, quien no solo interpreta los hechos a partir del "aspecto harapiento" del concertista sino que, a mayores, se inventa que Salvado, "incluso añadió un toque local imitando los sonidos musicales propios de los aborígenes propios de los corroborree."*

Afortunadamente, conservamos varias reseñas hemerográficas del concierto y en ningunas de ellas se hace la menor mención al aspecto de Salvado, cuestión que no hubiera sido eludida de haberse presentado en escena de la guisa grotesca que describe en su libro.

Veamos en primer lugar lo que dice The Perth Gazette and Western Australian Journal de Perth.

De acuerdo con lo anunciado, Don Rosendo Salvado dio una academia de pianoforte en el Tribunal de Perth el pasado jueves [21 de mayo] siendo el objetivo para el beneficio de los nativos de Nursia, donde este caballero ha instalado su morada, y es el infatigable y enérgico trayendo un sistema de civilización entre los habitantes aborígenes de esta parte de nuestro territorio. El celo devoto con el cual Mr. Salvado ha afrontado esta empresa le hace merecedor de nuestra más favorable consideración, y sea él católico romano o protestante, sus esfuerzos para alcanzar este fin no deben ser examinados con ningún tipo de principios sectarios. Esto en lo que nosotros hemos fallado en llevar a cabo, Mr. Salvado promete llevarlo a cabo; será hora de alegrarse de su fracaso si por casualidad este ocurre, pero en el ínterin, nosotros debemos hacer una pausa antes de hacer reflexiones injustas sobre sus esfuerzos y declarar que fallarán sus energías porque es un católico romano. Nociones tan intolerantes pueden estar en las mentes de algunas personas, pero nosotros esperamos sinceramente que no sean las prevalentes entre la comunidad protestante.
El público asistente consideró una cuestión asombrosa –y esa es también nuestra opinión- que una sola persona pueda llevar a cabo la tarea de distraer a la audiencia durante tres horas con su solo esfuerzo.  En pocas ocasiones o nunca se ha alcanzado se ha alcanzado semejante fin, pero debemos manifestar que esta fue una interpretación singular, el piano fue obligado a expresar la más elocuente música bajo el toque de Mr. Salvado, los sonidos que se produjeron no podían ser previsibles en ningún otro instrumento. La selección principal fue de obras de la escuela moderna; aunque como estas requieren actuación y el añadido vocal, el principal atractivo se perdió. Sin embargo, a pesar de estos peros, el estilo de interpretación de Mr. Salvado, al tiempo que puede ser efectivo en el piano, resultó muy distinguido. Nuestros miembros más jóvenes de la comunidad que tienen gusto por la música y tienen el hábito de practicarla, deben haber adquirido mucha sabiduría y conocimiento práctico de esta exhibición.
Es muy de lamentar que Mr. Salvado deba limitarse a una vida salvaje, donde sus destacados talentos deban desperdiciarse; esto es una pérdida importante para la comunidad, y nos tememos seriamente que su entusiasmo por la causa de la que se ha hecho cargo, acabe siendo correspondida con el fracaso. Esperemos que sea de otra manera y vuelva a la parte civilizada de este territorio el talento de persona tan digna, meritoria y distinguida en la dedicación a la causa de la armonía, ya sea con las blancas o con las negras.* [“with the blacks or the whites”, N. T. : el periodista parece hacer un juego de palabras entre las teclas blancas y las negras, y las personas blancas y negras].

Mucho más interesante e informativo  es el artículo publicado en el Inquirer de Perth, un semanario que salía los miércoles y cuyo redactor oscila curiosamente entre un lenguaje que sugiere que asistió al concierto y que habla de oídas:

El jueves pasado [21 de mayo], Don Rosendo Salvado, uno de los misioneros católicos romanos, dio una soirée musicale en el Tribunal, Perth, en ayuda de los fondos para su misión para convertir y civilizar a los aborígenes de ese territorio; este celoso misionero se ha dedicado personalmente a esta tarea y ya se ha ido a vivir en los bosques, en las cercanías del Río Moore. El espectáculo estuvo limitado a las interpretaciones en el pianoforte del propio Don Rosendo, con el añadido de una canción nacional española, que interpretó con energía y refinamiento, que hemos oído que fue muy admirada. Con respecto a las capacidades de Don Rosendo, él es sin la más mínima duda un intérprete extraordinario, y tiene un dominio sobre su instrumento tal que sólo lo poseen los pianistas de primera categoría. Tiene además el más extraordinario talento natural para la música, que le permite improvisar las fugas más encantadoras, incluso sobre algunos temas muy conocidos, o incluso sobre temas compuestos por él mismo en el momento; siendo esto último, en nuestra opinión, la parte más efectiva, y con diferencia, de sus interpretaciones.
Las obras tocadas el pasado jueves fueron mayoritariamente de la ópera Norma, y estamos bastante dispuestos a creer que las delicadas arias que en esta ópera abundan, recibieron una nueva perspectiva y belleza por parte del genio del intérprete. Hemos oído que el número estimado de asistentes fue de más de 60, lo que hace que las ganancias fueran en torno a las 8 o 9 libras.*

Tres meses después, un resumen de esta crónica se publicaba en el South Australian Register de Adelaide y sería reproducida posteriormente por otros diarios australianos, lo que nos hace suponer que la noticia del concierto de Dom Rosendo Salvado circuló por toda Australia.

El 21 de mayo, Don Rosendo Salvado, uno de los misioneros católico romanos, dio una soirée musicale en el Tribunal, Perth, en ayuda de los fondos para su misión para convertir y civilizar a los aborígenes de ese territorio; este celoso misionero se ha dedicado personalmente a esta tarea y ya se ha ido a vivir en los bosques, en las cercanías del Río Moore. El espectáculo estuvo limitado a las interpretaciones en el pianoforte del propio Don Rosendo, con el añadido de una canción nacional española, que interpretó con energía y refinamiento, que fue muy admirada. Don Rosendo demostró ser un pianista extraordinario, y tiene un dominio sobre su instrumento que sólo poseen los intérpretes de primera categoría.*

El repertorio interpretado por Salvado en su concierto de 1846 fue música instrumental sobre temas de ópera, improvisaciones propias y una o varias melodías españolas adaptadas al piano. En este primer concierto australiano Salvado no interpretó ninguna composición propia fuera de las improvisaciones, y más específicamente, no estrenó en esta ocasión ninguna de las tres composiciones para piano que han llegado hasta nosotros: Fantasía, variaciones y final; Gran Vals fantástico; y Pequeño entretenimiento. Tal y como señalé en mi artículo de 1989, el estilo de las obras, algunos detalles técnicos y las indicaciones de pedal sugieren que las dos primeras fueron escritas al menos dos décadas más tarde.*

Por lo que se refiere a Maquielo, como veremos en un artículo posterior de esta serie, es una obra escrita hacia 1852-53 con destino a la edición española de las Memorias históricas sobre la Australia.

Este concierto de 1846 es sólo el primero de una serie relativamente abundante de recitales pianísticos y otras actividades musicales públicas de Dom Rosendo Salvado en la ciudad de Perth. A los ya conocidos recitales de 1846, 1853 y 1873, hay que añadir otros muchos de los que daré noticia en el siguiente artículo de esta serie, empezando por los celebrados antes de su primer viaje a Europa el 8 de enero de 1849, cuando sus principales intereses se centraban todavía en conseguir fondos para su misión y para otras instituciones católicas en Perth, y -no menos importante- prestigiar la situación social de los católicos que había sido muy difícil en los años anteriores a su llegada a Australia.

Notas

1. Dom Eladio ROS O.S.B., "La música en Nueva Nursia", Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, 1992, p 18-19

2. Dom William GIMÉNEZ O.S.B., "Bishop Salvado", Perth: 1947, 3 vol.. Cito por la traducción de E. Ros, p 19

3. Dom Eladio ROS O.S.B., "La música en Nueva Nursia", Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, 1992, p 21

4. Dom Eladio ROS O.S.B., "La música en Nueva Nursia", Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, 1992, p 27

5. Dom Rosendo SALVADO, "Memorie Storiche dell'Australia particolarmente della Misione Benedittina di Nuova Norcia, e degli Usi e Costumi degli Australiani", Roma: 1851, Parte 2, Capítulo 5º, 7. La cita se reproduce siguiendo la traducción de D. F. de D., "Memorias históricas sobre La Australia y particularmente acerca la misión benedictina de Nueva Nursia, y los usos y costumbres de los salvajes", Barcelona: Imprenta de los Herederos de la Viuda de Pla, 1853.

6. George RUSSO, M. A. "O señor abade do ermo. A vida e a época do bispo Salvado", Santiago de Compostela: Consello da Cultura Galega, 2001 (traducción de Concepción Díaz Fierros Tabernero de "Lord Abbot of the Wilderness. The Life and Times of Bishop Salvado", Melbourne, The Polding Press, 1980), p. 53

7. "The Perth Gazette and Western Australian Journal" (Perth), Sábado, 23 de mayo de 1846. http://trove.nla.gov.au/ndp/del/article/646732

Inquirer (Perth), miércoles 27 de mayo de 1846. http://trove.nla.gov.au/ndp/del/page/6595706

8. "South Australian Register" (Adelaide), Sábado 1 de agosto de 1846. http://trove.nla.gov.au/ndp/del/article/27453410. Artículo reproducido en el "Colonial Times" (Hobart, Tasmania) el viernes 14 de agosto de 1846. http://trove.nla.gov.au/ndp/del/article/8759090, y en 9. The Moreton Bay Courier (Brisbane, Queensland). Sábado, 12 de septiembre de 1846. http://trove.nla.gov.au/ndp/del/article/3716339

10. Xoán M. CARREIRA, 'The piano music of Rosendo Salvado', in "Studies in Music" nº 23 (The University of Western Australia: 1989), p 58

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