España - Madrid

Una enorme satisfacción

Juan Krakenberger
martes, 4 de marzo de 2014
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Madrid, jueves, 3 de abril de 2014. Auditorio Sony de la Fundación Albéniz. Concierto de alumnos de violín del maestro Zakhar Bron. Violinistas: Elina Sitnikava, Marta Joanna Wasilewicz, María Florea, Ellinor D’Melon, Shioro Terauchi, Kamran Omarli, Marianna Vasileva, y Rubén Mendoza. Pianistas acompañantes, Alina Artemyeva y Vadim Gladkov. Obras de Wieniawski, Ravel, Mendelssohn, Glazunov, Sibelius, Bloch y Ysaÿe. Profesor Titular: Zakhar Bron. Profesor Asistente: Yuri Volguin. Asistencia: 90%
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Marzo es la temporada en que todos los alumnos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía tienen ocasión de mostrar sus capacidades y es un buen momento para recordar al amable lector que aquí nos enfrentamos a jóvenes talentosos, seleccionados entre los mejores aspirantes del mundo, hacia una carrera profesional. No son alumnos ordinarios, y el hecho de que sean alumnos no justifica la ausencia de la crítica musical madrileña. Aquí podemos oír versiones de insospechada belleza, tocadas con una técnica superlativa, comparable con lo mejor que se puede escuchar en una sala de conciertos que nos presenta solistas famosos. La única diferencia entre estos jóvenes y aquellos famosos es que aún están armando un repertorio amplio, necesario para hacerse conocido en el mundo musical. La competencia es muy grande y para abrirse paso hay que persistir durante mucho tiempo. Es por ello que me interesan, y la razón por la que los cito personalmente. A lo mejor, eso les ayuda en su carrera hacia la fama.

El hecho de que trabajen con el maestro Bron ya los distingue -él es uno de los más famosos (si no el más famoso) maestro de violín del mundo- y escuchar a sus alumnos es un auténtico placer. Me ocuparé de cada obra brevemente a continuación, adelantando desde ya que en todos los casos las obras elegidas posan dificultades técnicas extremas, que requieren un trabajo preparatorio con mucha paciencia y coraje. Pero estos jóvenes saben muy bien que con cada obra que incorporan a su repertorio están un paso más cerca del fin que persiguen.

Henryk Wieniawski, Tema original con variaciones op 15, a cargo de la violinista Elina Sitnikava. El tema es expuesto por el violín solo, con acordes y dobles cuerdas. Con el piano se inicia un pasaje tranquilo, con octavas del violín, que salió muy limpio y bien sonante. Y así van desfilando las variaciones, cada una con sus dificultades, hasta el final, rápido y brillante. La versión fue impecable, dominando la joven violinista las considerables dificultades técnicas con gran aplomo, y mucha musicalidad. Los aplausos no se dejaron esperar -con gritos de “bravo”- todo ello claramente merecido.

Henryk Wieniawski, Fantasía brillante sobre temas de Fausto de Gounod op 20, a cargo de la violinista Marta Joanna Wasilewicz. Otra obra técnicamente exigente, como todo lo que compuso Wieniawski para su instrumento, el violín. Empieza con relativa tranquilidad, con pasajes en octavas y tesituras altas, pero luego vienen pasajes más rápidos, con acordes y arpegios. Hacia el fin suena una de las melodías de la obra de Gounod que se ha hecho muy famosa, tocada con armónicos en alta tesitura. Otra versión brillante, impecable, que recibió los aplausos agradecidos del público.

Las dos obras precedentes fueron acompañadas al piano por Alina Artemeya, con el aplomo al cual nos ha acostumbrado.

Maurice Ravel, Sonata para violín y piano en sol mayor, a cargo de la violinista María Florea, acompañada por Vadim Gladkov. Sus tres movimientos son: Allegretto / Blues:Moderato / Perpetuum mobile: Allegretto. (El programa impreso reprodujo erróneamente los movimientos de la Sonata de Ravel: ¿Qué pasó?). Lo que llama la atención es que esta sonata no sea más conocida: casi nunca aparece en los programas de recitales de violín. Yo la escuché por primera vez y debo confesar que no se trata de una de las obras más destacadas de Ravel, el hecho de que tardara cuatro años en terminarla (1923-27) no debe de ser casualidad. Pero no cabe duda que lo que Ravel quiso es mostrar su apreciación por el jazz -en el segundo movimiento- y eso lo hizo muy bien, haciendo al violín acompañar al piano, y luego al revés. La versión fue excelente, sonando el impresionismo de Ravel con delicadeza. Aplausos agradecidos del público.

La segunda parte constaba de cinco obras, de las cuales las primeras tres eran conciertos para violín y orquesta, muy conocidos, por cuyo motivo no entraré en mayores detalles.

Felix Mendelssohn, Concierto para violín op 64, 1º movimiento Allegro molto appassionato. La joven violinista Ellinor D’Melon nos brindó una excelente ejecución, con sonido de solista y un fraseo muy cuidado, con pequeños detalles atractivos. Aplausos fuertes reconocieron su valía.

Alexander K. Glazunov, Concierto para violín op 82 en sus tres movimientos Moderato/Andante sostenuto/ y Allegro, que se tocan sin solución de continuidad. Interpretado por Shioro Terauchi de forma muy correcta, musicalmente lograda y con buen sonido. La cadencia del último movimiento, impecable, destacando los contrastes dinámicos. Nuevamente, aplausos prolongados y agradecidos.

Jan Sibelius, Concierto para violín op 47, 2º y 3º movimientos: Adagio di molto / Finale. Allegro ma non tanto. Tocado por Kamran Omarli. Este concierto es una de las obras más célebres del compositor, y también exige un alto nivel de técnica violinística. Después del Adagio inicial, tocado con bello sonido por el joven violinista -y también las octavas sonaron muy bien- en el Allegro final, muy virtuoso por cierto, sucedieron dos deslices de pocos segundos, que se notaron pero no hicieron mayor daño al discurso de la música. Si no fuera por eso, la versión hubiera sido excelente, y de todos modos, el público aplaudió con ganas.

Ernst Bloch, Baal Shem, II. Nigun, tocado por Marianna Vasileva, acompañada por Vadim Gladkov. Esta pieza, un número de una suite con temas judíos, es muy conocida. El violín toca el tema de forma majestuosa, interrumpido por arpegios rápidos. Toda la pieza es muy expresiva y hacia el final proliferan dobles cuerdas y tesituras altas. La versión, excelente tanto técnica como musicalmente. Un goce, y así le entendió el público, premiando los músicos con aplausos entusiastas.

Eugène Ysaÿe, Sonata para dos violines, 1º movimiento: Poco lento, maestuoso – Allegro fermo. Esta obra fue interpretada por la violinista Marianna Vasileva (que acabábamos de escuchar) y Rubén Mendoza, otro alumno destacado de Bron. Fue una excelente idea terminar el concierto con esta obra que casi nunca se escucha por ser muy exigente con los dos violinistas. Al principio hay pasajes de dobles cuerdas para ambos instrumentos y esto suena muy bien, tocado de esta manera tan pulida y suelta. Luego sigue la pieza con un ritmo de 6/8, y resulta fascinante cómo el compositor supo combinar los dos instrumentos. Hay pasajes con el 1º violín tocando en tesitura alta y el 2º acompañando con dobles cuerdas, luego un pasaje muy sigiloso –pianísimo- y finaliza con un unísono impresionante. Muy buena música, muy bien tocada e interpretada. Fue un auténtico placer escucharla. Los aplausos no se hicieron esperar y el público salió contento de esta demostración de dominio instrumental.

Elegí este concierto como muestra de lo que es capaz de lograr la Escuela Suprior de Música Reina Sofía. No hay muchos sitios en el mundo donde se podría imitar este ejemplo. ¡Es una enorme satisfacción tener esta escuela aquí en Madrid!

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