España - Andalucía

La Orquesta Barroca de Sevilla visita Brandeburgo

José-Luis López López
jueves, 10 de abril de 2014
Sevilla, domingo, 23 de marzo de 2014. Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol. Johann Sebastian Bach: Conciertos de Brandeburgo nº 5 en Re mayor, BWV 1050; nº 6 en Si bemol mayor, BWV 1051; nº 3 en Sol mayor, BWV 1048. Solistas: Farran James y Pablo Prieto, violines; Andoni Mercero, María Ramírez y Pablo Almazán, violas; Mercedes Ruiz, Anastasia Baraviera y Guillermo Martín, violoncellos; Johanna Rose y Rami Alqhai, violas da gamba; Guillermo Peñalver, flauta travesera; Xisco Aguiló, contrabajo, Alfonso Sebastián, clave. Orquesta Barroca de Sevilla (OBS). Manfredo Kraemer, dirección y violín. XXXI Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÀS 2014). Ocupación: lleno
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Primera aparición de la Orquesta Barroca de Sevilla (OBS) en el XXXI FeMÀS, en formación relativamente reducida (violines, violas y cellos a tres, dos violas da gamba -cedidas por la Academia del Piacere–, flauta travesera, contrabajo y clave), para tres de los seis Conciertos de Brandeburgo (o Brandemburgo, en alemán, Brandenburg). Comenzando por el Concierto nº 5, en Re mayor, que nos trae una novedad histórica en este tipo de música: el clavecín abandona su humilde, aunque necesaria función de sostén, y toma el papel principal: he aquí el primer concierto para clave jamás escrito como tal. Ya sabemos que Bach se refiere en su manuscrito a esta colección como Seis conciertos con diversos instrumentos. Su variedad es grande, pero el quinto es “especial”. En tres movimientos (como el resto, salvo el primero, en cuatro), sigue la estructura vivaldiana (rápido-lento-rápido), y su versión definitiva es una mezcla de concerto grosso y concierto con solista, sobre todo en el primer movimiento, que incluye la amplia cadencia para clave (65 compases), que la magia de Alfonso Sebastián convirtió en lo más bello que nunca hemos oído en este Quinto Concierto, mientras aparecía, por única vez en esta ocasión, la deliciosa flauta travesera de Guillermo Peñalver. Pero no se quedaron atrás, como motivo de fascinación, los Conciertos 6º y 3º.

El Sexto, tal vez el más arcaico (por la presencia de las violas da gamba, aunque sigue las pautas básicas de todos los demás), también es el más singular; la ausencia de violines (con la excepción de Kraemer) le da un tinte grave (¡pero no sombrío!), cálido, intimista, con un conjunto de cuerdas en el que todas las partes son solistas: dos violas da braccio (primera, Andoni Mercero), dos violas da gamba (Johanna Rose y Rami Alqhai), violoncello (la siempre sonriente energía y virtuosismo de Mercedes Ruiz, a la que adoro: cómo vive siempre la música …), el violone de Xisco Aguiló, A. Sebastián al bajo continuo… Intensidad, profundidad, tiempos vertiginosos (como la giga final), diabólico diálogo entre Kraemer y Mercero …

Aunque el Sexto se distingue de todos los demás, el Concierto nº 3 es el que más se le parece, en cuanto está escrito para un conjunto de cuerdas independientes (tres violines, tres violas, tres cellos, a más del continuo), en el que las nueve funcionan a la vez como ripieno y concertino, entrecruzándose, oponiéndose, separándose y agrupándose de principio a fin, y propiciando vigorosos diálogos, para concluir también en una arrebatada giga. Un conjunto instrumental, y un concierto, tocados por la gracia celestial …

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