Portugal

Autorretrato Eötvös en Porto

Paco Yáñez
miércoles, 21 de mayo de 2014
Peter Eotvos © Szilvia Csibi-Bálint Hrotkó / BBVA Peter Eotvos © Szilvia Csibi-Bálint Hrotkó / BBVA
Porto, martes, 6 de mayo de 2014. Casa da Música. Miklós Lukács, címbalo. Remix Ensemble Casa da Música. Péter Eötvös, director. Péter Eötvös: Chinese Opera; da capo; Steine. Ocupación, 80%
0,0004288

Tras nuestras reseñas dedicadas al festival ‘Música e Revolução’, cita en cuyo programa destacamos el estreno mundial de la partitura para barítono y ensemble Le soldat inconnu (2013), obra del griego Georges Aperghis, volvemos a la Casa da Música de Porto para disfrutar de uno de los conciertos que más interés había concitado entre las numerosas y siempre atractivas propuestas del auditorio luso. Se trataba del encuentro del Remix Ensemble con uno de los artistas en asociación con la Casa da Música en 2014: el compositor y director húngaro Péter Eötvös (Székelyudvarhely, 1944), una de las figuras más relevantes en la escena musical europea de las últimas décadas.

Para su primer concierto con el Remix en Porto, Eötvös diseñó un monográfico con tres de sus propias composiciones, entre las que se incluía el estreno mundial de da capo (2014), partitura para címbalo y ensemble a modo de divertimento y rescate arqueológico-musical sobre temas mozartianos; una pieza que, avancémoslo, no se encuentra entre lo más logrado del creador húngaro...

... Chinese Opera (1985-86), al contrario, es una de esas piezas de cámara que sí me lo parecía, fundamentalmente por el hecho de que conocí esta partitura a través de su grabación por el Klangforum Wien para el sello Kairos (0012082KAI), en la que es grabación predilecta de su autor. Como ya es habitual en Chinese Opera, se ha interpretado en Porto la versión en tres partes de esta página, uniendo a la primera escena la ‘Obertura y cortinas’, primer movimiento de la versión original en cinco partes. La lectura de Eötvös, al que Stockhausen denominaba el más fantástico director de orquesta del mundo, ha sido esta noche especialmente pausada, explorando el espacio escénico de la Sala Suggia y sus reverberaciones. Con respecto a la lectura del Klangforum, ésta de hoy es antitética: menos torrencial y tímbrica, aspecto que creo ha deslucido mucho su arranque, donde se concentran algunas de las texturas instrumentales más sólidas, parte de ellas en técnicas extendidas de inspiración lachenmanniana (recordemos el excelente director de la música de Helmut Lachenmann que es Péter Eötvös; escúchense, al respecto, sus referenciales registros para el sello ECM). Es así que en la primera escena el húngaro ha apostado por un total control de las masas sonoras y su movimiento: por lo más estructural de su partitura, algo que la ha vuelto ciertamente apática.

En la segunda escena, Eötvös ha enfatizado el ritmo y la construcción-proliferación de temas dentro del ensemble: desde el viento-madera hacia la percusión, agudizando la bipolaridad de los dos grupos instrumentales enfrentados entre sí, destacando el papel de esos vientos centrales que aquí ejercen de alfaguara sonora, de manantial motívico. Al expandir de ese modo las masas, Eötvös ha dirigido en Porto una versión de carácter sinfónico, de amplio trazo, con una voluntad muy expansiva, a la que, por momentos, se le quedaba incluso pequeño el gran ensemble de 28 músicos que hoy formaba el Remix (en una de las plantillas más numerosas que haya escuchado a la formación lusa). Así pues, preponderancia para los diálogos entre grupos y gran control de las estructuras, de lo cual el gran crescendo de este movimiento sería un buen ejemplo, con una percusión muy bien calibrada guiándolo, moviéndose en ese juego tan propio de esta partitura entre un constante retorno, casi en ritornello, y lo deconstructivo.

Ese volver sobre las propias estructuras acaba resultando cansino en la tercera escena, al punto de que, como sucede con otras partituras de Péter Eötvös (que siempre me ha parecido más destacado como director que como compositor), la música por momentos se cae, exhausta de sí misma. Al volver a apostar en el movimiento conclusivo por lo estructural y su configuración en el espacio, dejando al lado la vertiente más tímbrico-textural de su partitura, Eötvös ha provocado una sensación de agotamiento del material, que llega a esta escena desgastado, carente de interés. Esa suerte de latido y pálpito continuo, la saturación de regulaciones dinámicas periódicas, acaban por cansar, y máxime si se desdibujan los timbres más interesantes que esta escena posibilita (los que escuchamos en su registro fonográfico al Klangforum). Aunque entre los músicos del Remix encontramos atriles que han expuesto sus compases con solidez y excelencia interpretativa, como los efectivos de percusión (especialmente en las placas de madera) o un muy destacado últimamente metal grave (soberbios, los trombones), el estilo en general ha resultado en exceso sobrio y contenido, marcado por un ascetismo textural que hoy en día nos suena en desuso, carente de expresividad, frío. Es así que Chinese Opera, fundamentalmente por el planteamiento de Eötvös desde la dirección, me ha parecido hoy una pieza de menor entidad que lo que la consideraba. Ojalá nuevos encuentros con esta partitura nos la muestren más furibunda y torrencial, más inventiva, que ello también alberga, como por otras lecturas sabemos. Es por ello que en esta velada, antitéticamente con respecto a lo antes expuesto, el Eötvös director ha sido un lastre para el Eötvös compositor, al cual no ha llegado a extraer cuanto alberga.

Ya en la segunda parte del concierto, vivimos el estreno mundial de da capo, obra de carácter virtuoso, prácticamente un concierto para ensemble, para la que Péter Eötvös llevó a cabo (durante el año 2013, en el Mozarteum de Salzburgo) una labor de exhumación de fragmentos descartados para sus partituras definitivas (Requiem, arias de ópera, etc.) por parte de Wolfgang Amadeus Mozart (de ahí el subtítulo o aclaración que acompaña a la pieza: mit Fragmenten aus W. A. Mozarts Fragmenten; y aquí podemos recordar que no es éste el primer encuentro de Eötvös con el genio de Salzburgo en sus partituras, pues en 1979 ya había compuesto Leopold and Wolfgang para el estreno del Ircam parisino; mientras que en 1992 Mozart resonaba en el cuarteto Korrespondenz; además de que el húngaro afirma que el austriaco es siempre punto de referencia e inspiración para su labor operística). A lo largo de sus 17 minutos de duración, estos temas mozartianos activan al ensemble, lo espolean y proveen de materiales a partir de un tema inicial que atraviesa nueve etapas en las que la música se desarrolla sin conclusión, irresuelta, lo que la precipita una y otra vez a ese universo clasicista: constante vuelta al inicio que da título a la obra (fácil sería realizar una lectura en clave estilística del actual momento compositivo de Péter Eötvös, con esa vuelta al pasado, a la tradición, a lo canónico, para encontrar una inspiración que en su subsiguiente expansión se desgasta y agota por falta de una nueva inventiva, de una tan necesaria renovación para un lenguaje que, a día de hoy, parece exhausto y enfrascado en un callejón sin salida).

En el irresuelto desarrollo en episodios de da capo (que el compositor empareja con el de su partitura orquestal zeroPoints (1999), por esa suerte de no conclusión de los temas que conducen la música al inicio una y otra vez), Eötvös facilita al oyente, a través del uso de los crótalos, un aviso o llamada de atención para la llegada de nuevos temas mozartianos, fragmentos que el ensemble comienza inmediatamente a transformar con una apuesta por la verticalidad que transmuta radicalmente de plano la neta horizontalidad melódica de estos temas desechados, que se benefician de una tímbrica contemporánea para adoptar nuevos perfiles. Por momentos (escúchese da capo en torno al minuto 11), la partitura adquiere la estructura y el carácter de un concerto grosso (estructura que tanto ha visitado Eötvös últimamente, como en su Concierto para violonchelo), por la consonancia y diálogos en(tre) el interior de la orquesta. Otros compases (entre los minutos 13 y 15 de la obra lo escuchamos con nitidez) devuelven lo jazzístico a la música de Eötvös (género tan querido por el húngaro y presente en varias de sus obras), convirtiendo el ensemble en un combo de jazz, con su swing y sensualidad, ampliamente asentada en lo rítmico. También lo más propiamente folclórico hace acto de presencia, con ritmos austriacos populares de carácter festivo y desenfadado, que evocan una fiesta en el campo (el último minuto y medio de la pieza sería paradigmático al respecto, con gran protagonismo de un trío de percusión, cuerda aguda y címbalo atacado con los palos de las baquetas, lo que trama una danza de melodía inmediatamente familiar en un marco textural, en cuanto a sonoridad, de sentido contemporáneo, actualizado, multitemporal).

Precisamente, el címbalo tiene un gran protagonismo en esta partitura (que Eötvös dice igualmente dispuesta para su ejecución con marimba como solista), en compases pensados específicamente para el virtuoso húngaro Miklós Lukács. Tanto címbalo como marimba son instrumentos extraños a la tímbrica mozartiana (al igual que muchos de los instrumentos de viento y percusión presentes esta noche), y ello buscaba en cierto modo Péter Eötvös: crear un extrañamiento a la hora de escuchar las melodías clasicistas y su expansión en los compases propiamente eötvösianos. El címbalo se incluye en la plantilla instrumental, rehuye un rol concertante en su mayor parte, y sí adquiere un perfil protagonista en diversos momentos, sin llegar a exponer cadencias, pero lindándolas, de una dificultad destacable por su endiablada rítmica. Miklós Lukács, como cabía esperar, ha estado absolutamente brillante en sus intervenciones, como también sobresaliente ha sonado el Remix Ensemble (muy destacados: flauta, trombón, tuba, percusión y contrabajo), dando relieves y color a los diversos planos estructurales y tímbricos, así como a los variados ecos estilísticos concitados por Eötvös. No menor ha sido su sentido del humor, que mucho hay en esta pieza, y que tanto director como ensemble han enfatizado, aunque por momentos (en los compases más desnudos, mozartianos y sencillos de la partitura) la han convertido en un divertimento algo superficial y carente de trascendencia musical, en una página efectista que, aunque lejos de otros inefables acercamientos a Mozart (recordemos el felizcumpleañosmozart.com (2006) del español Juan Durán), no parece llamada a perdurar como ejemplo del mejor Eötvös.

 

Momento del concierto del Remix Ensemble, dirigido por Eötvös, en la Casa da Música de Porto (Portugal) el 6 de mayo de 2014

 

Por último, Steine (1985-90), obra que nos regaló lo más destacado a nivel interpretativo por parte de director y ensemble, aquí en total sintonía estilística y musical, pues el director forma parte misma del entramado sonoro de la ejecución, percutiendo esas piedras que nos remiten al nombre del compositor al que está dedicada la partitura: Pierre Boulez, en lo que fue homenaje y celebración musical del sesenta cumpleaños del director-compositor galo (uno de los mentores de Eötvös), ya tan cerca de su nonagésima onomástica. 

Refinadísimo y muy enlazado tímbricamente el comienzo de la interpretación: esa invitación musical al entendimiento y diálogo que se tiende entre los músicos (oboe-flauta-clarinete(s)-fagot-contrabajo-violonchelo-viola-violines-etc.), con especial mención para la cuerda en pizzicato y el crecimiento del sonido hacia los metales, de sentido teatral, soterradamente expresivo tras ese rictus afectado que se replantea las relaciones que se dan en un ensemble entre director e intérpretes, así como entre los propios músicos. Algunos pasajes de la obra han sonado realmente convincentes, como los diálogos entre clarinete y viola, o los juegos de pares entre las trompetas con sordina, así como la tuba y el trombón, magníficos, la flauta, o la arpista Carla Bos en su manejo de los pedales. Los pasajes con piedra percutida quizás no sonaron tan fraseados como las versiones que conocemos en disco (magnífica, la del Klangforum en el antes mencionado compacto de Kairos), donde parecen leerse los nombres de los protagonistas de este retrato musical a través de las tesituras en cada par de piedras. Aquí ese fraseo e ilusión de alturas se sustituye por un buen trabajo rítmico y un mucho de teatralidad, así como de manejo del espacio (irreproducible en disco). Eötvös enfatiza el movimiento en/por el ensemble de los chasquidos de las piedras, con una dirección vibrante y precisa, desplegando castañueleos y asociaciones de atriles durante el largo interludio para piedras, antes de la reentrada del ensemble, con una fantasmagórica arpa en pedal y una contundente percusión. El subsiguiente tutti enfatiza esa movilidad, ahora en los metales, con unas triangulaciones y una multifocalidad que remiten a una partitura que bien conocía Eötvös en aquel momento, y de la cual Boulez fue primer oficiante (junto con el propio Stockhausen y Bruno Maderna): Gruppen (1955-57).

Destacadísimo y gestualmente muy teatral, en el tramo final de Steine, el percusionista Mário Teixeira, lanzando el sonido desde su set hacia el ensemble, que va activando en proliferaciones de parco desarrollo, en unas arborescencias medidas y lacónicas que conducen hasta esa rúbrica a modo de trío conclusivo entre el director y los dos percusionistas que conjuntamente activan sus piedras, llevando al silencio la segunda parte de la obra, entramada sobre el acorde inicial del Pli selon pli (1957-62) de Pierre Boulez. La reacción del público portuense, parte de él puesto en pie, premió una interpretación expresiva y técnica, plena de complicidad y que presagia buenos momentos en los meses venideros. Al menos, charlando al día siguiente del concierto con Péter Eötvös, éste me manifestaba su total satisfacción tanto con el Remix Ensemble como con las condiciones de trabajo que en Porto se le habían ofrecido para desarrollar su trabajo en los días previos.

Como parte de su asociación con la Casa da Música en 2014, Péter Eötvös estará de nuevo en Porto el sábado 1 de noviembre, en un muy apetecible programa que incluye su propia Atlantis, el Concierto para piano de Harrison Birtwistle -con Pierre-Laurent Aimard como solista-, y el Concierto en re de Igor Stravinsky. Toda una invitación, así pues, para regresar a Porto; una de tantas como nos regala desde su programación anual ese ejemplar y comprometido director artístico que es António Jorge Pacheco. Ojalá sus propuestas trascendieran a otros auditorios peninsulares...

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.