España - Madrid

Cuentos póstumos

Javier del Olivo
viernes, 30 de mayo de 2014
Madrid, domingo, 25 de mayo de 2014. Teatro Real. Jacques Offenbach, Les contes d’Hoffmann. Libreto de Jules Barbier basado en la obra de teatro homónima de Jules Barbier y Michel Carré. Nueva versión de Sylvain Cambreling y Christoph Marthaler para la nueva producción del Teatro Real (coproducción con la Ópera de Stuttgart). Christoph Marthaler, director de escena. Anna Viebrock, escenografía y figurines. Olaf Winter, iluminador. Malte Ubenauf, dramaturgia. Reparto: Eric Cutler, Hoffmann; Anne Sofie von Otter, La Musa/Nicklausse; Vito Priante, Lindorf/Coppélius/Dr. Miracle/Dapertutto; Christoph Homberger, Andrès, Cochenille, Frantz, Pitichinaccio; Ana Durlovski, Olympia; Measha Brueggergosman, Antonia/Giulietta; Altea Garrido, Stella; Jean-Philippe Lafont, Maestro Luther/Crespel; Gerardo López, Nathanaël; Gragam Valentine, Spalanzani; Tomeu Bibiloni, Hermann; e Isaac Galán, Schlémil. Coro Titular del Teatro Real. Andrés Máspero, director del Coro. Orquesta Titular del Teatro Real. Sylvain Cambreling, director musical
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Obra estrenada tras su muerte, Les contes d’Hoffmann de Jacques Offenbach es una de las óperas más populares del repertorio francés. Las aventuras amorosas del poeta Hoffmann siempre han atraído al público, tanto por su libreto creíble y bien construido como, sobre todo, por la música excelente dibujada por Offenbach, pero que se tuvo que orquestar posteriormente. En la representación que nos ocupa, sobre la versión de Fritz Oeser, el director musical, Sylvain Cambreling, y el director de escena, Christoph Marthaler, han hecho una nueva lectura (dando más peso dramático al acto de Giulietta, realzando el papel de La Musa) y en la que también se puede ver claramente la influencia del fallecido Gerard Mortier para el cual estos Cuentos (coproducidos con la Ópera de Stuttgart) eran uno de sus proyectos más queridos.

Indudablemente Cambreling es un experto en la obra pues ya en 1988 firmó una excelente versión discográfica con un plantel de voces de primera línea como Shicoff, Norman, Murray o Van Dam entre otras figuras de la ópera en aquel momento. Con el paso de los años su lectura no ha perdido frescura y además ha ganado en sutileza ahondando en la búsqueda de matices y contrastes, siendo su trabajo lo mejor de la tarde. El único pero que se le podría achacar fue el excesivo volumen orquestal que en ciertos momentos ahogó algunas de las voces, no sobradas de fuerza, del elenco. Una excelente Orquesta Sinfónica de Madrid (Titular del Teatro Real) le acompañó en esta labor con un sonido brillante y preciso y donde hay que destacar las intervenciones de la sección de metales.

El papel titular recaía en el tenor estadounidense Eric Cutler y lo defendió bien sin llegar al notable. Su voz corrió sin dificultad y quitando algún sonido más estrangulado en la zona del pasaje, sus agudos sonaron limpios y brillantes aunque no siempre fue audible en los tutti orquestales. Posee un timbre agradable y fraseó siempre con gusto e intención. Como actor no se le vio demasiado suelto teniendo en cuenta que las exigencias teatrales eran notables y se echó de menos un Hoffmann con más vida y pasión.

Momento de la representación de 'Les contes d’Hoffmann' de Jacques Offenbach. Dirección musical, Sylvain Cambreling. Dirección escénica, Christoph Marthaler. Madrid, Teatro Real, mayo de 2014

Anne Sofie von Otter es una cantante con amplia experiencia y que ha sido una referencia en repertorios como el lied y la chanson, o en el mundo barroco. El doble papel de La Musa-Niklausse no le es ajeno pero sus condiciones vocales, sobre todo en lo referente al volumen, dejan su actuación coja. Las notas bajas no suenan con la contundencia de antes y el famoso dúo con la soprano que abre el acto veneciano (la famosa barcarola) sonó descafeinado. Pero quien tuvo, retuvo y en su intervención final (realzada por la nueva versión como se comentó más arriba) en la que La Musa recupera al poeta de vida licenciosa, mimada orquestalmente por Cambreling, desgranó las más bellas frases musicales que se oyeron esa tarde en el teatro. Un recordatorio también de su excelente calidad fue su perfecto francés y su fraseo elegante y pulcro. Como actriz fue de los mejores, demostrando sus buenas tablas y estar totalmente implicada en la producción.

Los destacados papeles femeninos que representan a los tres amores que rememora Hoffmann fueron, en esta ocasión, asumidos por dos cantantes. La macedonia Ana Durlovski nos ofreció una Olympia de líneas clásicas. Es conocido que este papel se sustenta, casi exclusivamente, en unas coloraturas endiabladas que mantienen en vilo a los espectadores como el trapecista que trabaja sin red. Esta vez no hubo caídas y Durlovski solventó sin problemas toda la cascada de trinos perfectamente colocados y con una proyección perfecta. Reforzada por los pequeños cambios de esta versión su aria sonó más redonda, más terminada que en otras ocasiones y recibió merecidos aplausos del público.

Momento de la representación de 'Les contes d’Hoffmann' de Jacques Offenbach. Dirección musical, Sylvain Cambreling. Dirección escénica, Christoph Marthaler. Madrid, Teatro Real, mayo de 2014

Antonia y Giulietta son papeles con diferente exigencia vocal pero pueden ser asumidos por una soprano que domine tanto la tesitura de lírica como la de dramática. La canadiense Measha Brueggergosman se atrevió con ello con desiguales resultados. Su Antonia, quizá el papel con los pasajes más bellos musicalmente de la obra, resultó siempre un algo forzada, con un agudo desabrido y con un vibrato por momentos desagradable. Además se echó de menos esa fragilidad que el papel demanda. Siempre con un volumen suficiente, que traspasaba sin dificultad la masa orquestal, estuvo mucho más acertada en Giulietta que parece adaptarse mejor a sus características vocales. Su voz aquí tuvo unos tintes carnosos y sensuales que le van a la perfección al papel y que redondeó con una actuación teatral sobresaliente.


Convenció Vito Priante en los papeles de “malo” (Lindorf, Coppélius, Dr. Miracle, Daperutto). Su voz destaca por un bello timbre y un excelente canto que acentúa los aires malvados de los personajes sin caer en lo grotesco. No posee un volumen excesivo pero gustó mucho su trío con Brueggergosman y Poulson en el acto de Antonia. El ya maduro Jean-Philippe Lafont estuvo correcto como Maestro Luther y Crespel. Cumplió, sin más, Christoph Homberger en sus varios roles secundarios (Andrés, Cochenille, Frantz, Pitichinccio) adoleciendo del mismo problema de volumen que algunos de sus compañeros de reparto. Lani Pouson como voz de la madre de Antonia estuvo a la altura que exige su breve pero intenso papel. Histriónico pero eficaz en Spalanzani del actor Graham Valentine y muy bien en sus cortos papeles Gerardo López como Nathanaël y Tomeu Bibiloni como Hermann, sobresaliendo Isaac Galán como Schiémil.

Muy buenas las intervenciones del Coro Titular del Teatro Real que fueron de lo más destacado de la representación. Siempre se mostró bien empastado, con sonidos redondos y dúctiles, en especial las cuerdas masculinas. Sólo señalar la aparición de algunos momentos de desajuste en el último acto seguramente debidos a su colocación en el escenario lejos de la visión de la batuta del director.

Momento de la representación de 'Les contes d’Hoffmann' de Jacques Offenbach. Dirección musical, Sylvain Cambreling. Dirección escénica, Christoph Marthaler. Madrid, Teatro Real, mayo de 2014

El director de escena, Christoph Marthaler, sitúa la acción en un único espacio (escenografía de Anna Viebrock) y en el que solamente se cambian algunos elementos para situar la acción en las variadas localizaciones (Munich, Venecia…) que el libreto demanda. Un espacio de arquitectura racionalista, parece ser que inspirado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y que el resumen del programa de mano define para el Prólogo como “un café de la cultura”. Líneas limpias y rectas estructuran las paredes y los motivos arquitectónicos que se rodean de un par de filas de asientos de distinta funcionalidad a lo largo de la obra. Comenzamos en el I y II acto en un aula de dibujo donde se copia al natural figuras femeninas, pasamos a una especie de zona de almacenaje en el acto de Antonia y terminando la representación en la sala de billar. Unos espacios que enmarcan la historia de un Hoffmann que se nos presenta como el paciente de una institución, seguramente mental, y donde el resto de personajes se nos sugiere que puedan ser los internos y sus cuidadores, o simplemente el fruto de la imaginación enfermiza y alcohólica del poeta. Este planteamiento, apoyado sobre todo en una una excelente dirección de actores (dramaturgia de Malte Ubenauf), transmite una frialdad estudiada, un distanciamiento de los diferentes dramas que acontecen en la vida de Hoffmann, que no acaba convencer. Sorprendente también es la intervención de Stella, último amor del protagonista, que recita un texto de Pessoa (muy bien declamado por la actriz Altea Garrido), y que rompe un poco el climax final de la ópera. Excelentes los figurines, también debidos a Anna Viebrock, que nos sitúan en unos hipotéticos años 30-40 de la centuria pasada y muy adecuada la iluminación de Olaf Winter.

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