Reino Unido

Sonrisas y lágrimas

Agustín Blanco Bazán
lunes, 30 de junio de 2014
Cardiff, jueves, 12 de junio de 2014. Millenium Centre, Opera Nacional de Gales (WNO). Nabucco, dramma lirico en cuatro partes con libreto de Temistocle Solera y música de Giuseppe Verdi. Regisseur: Rudolf Frey. Escénografo: Ben Baur. Vestuarios: Silke Willrett y Marc Weeger. Iluminación: Tim Mitchell. Coreógrafo: Beate Vollack. Elenco. Nabucco: David Kempster. Abigaill: Mary Elizabeth Williams. Zaccaria: Kevin Short. Fenena: Justina Gringyte. Ismaele: Robyn Lyn Evans. Sumo sacerdote: James Platt. Coros y orquesta de la Ópera Nacional de Gales bajo la dirección de Xian Zhang. Maestro preparador del coro: Stephen Harris. Co-producción con la Ópera de Stuttgart.
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Sospecho que el regisseur Rudolf Frey se inspiró en el legendario Nabucco de Hans Neuenfels para la Deutsche Oper de Berlin al proponer este Nabucco cómico-dramático, con hebreos universalizados como contemporáneos de clase media, y babilonios militaristas ebrios de poder y amantes de un lujo representado por cortinado de fondo áureo y una mesa de banquetes. Al comienzo, Ismael, un pusilánime de anteojos y bluejeans es confrontado por una elegantísima Abigaille que le trata con un desprecio sólo reservado a los ex amantes que no han sabido estar a la altura de las circunstancias. Esta amante despechada se transforma luego en una especie de celebridad política y cinematográfica que goza de su poder hasta el punto de bailar con sus monísimas botitas largas y entre sus guerreros mientras canta su programa de gobierno en la cabaletta “Salgo già del trono aurato.” Pero durante su dúo con Nabucco Abigaille comprende que su poder no basta para alcanzar, por ejemplo, un amor como el que Nabucco siente por Fenena, la rival que le ha arrebatado a su Ismael. Tal vez es esta comprobación la que le hace tomar frente al público el veneno contenido en un pequeño frasquito. Antes que baje el último telón vemos a un Ismael mirando ensimismado el cadáver de su Abigaille mientras Fenena le observa desconcertada.

 

Kevin Short

 

Aparte de adecuadas manipulaciones de iluminación destinadas a focalizar la atención del público, basta un genial golpe escénico para demostrar los talentos de una regie llena de sorpresas teatrales: sobre el final de "Va Pensiero" vemos irrumpir a Zaccaria impaciente que inmediatamente calificará al celebérrimo coro como plañidera queja femenina: “Oh, chi piange? Di femmine imbelli…” Tanto atrae esta irrupción la atención del público que este evita aplaudir o pedir bises para concentrarse en lo que hay que concentrarse, esto es, la narrativa dramática. Sin aplausos la escena gana por la ininterrumpida intensidad del diálogo entre el profeta y su pueblo: lamento del pueblo, mofa de Zaccaria y esa profecía que el profeta y el coro terminan repitiendo con ferviente fanatismo y arrebatadora melodía: ni una piedra quedará de Babilonia: “Niuna pietra ove sorse l’altera Babilonia allo stranio dirà”. Es así que los hebreos débiles y llorosos se transforman en aguerridos sionistas y ese lamento tan retrillado como canción europea se transforma en la semilla revolucionaria con que Verdi supo inspirar a su pueblo. Sin la vengativa e inspirada profecía, “Va pensiero” sigue siendo, por supuesto, un “¡pero que bonito!” pero pierde totalmente su sentido dramático.

 

David Kempster

 

Similarmente efectiva es la aparición de un Nabucco que luego de cerrar el telón con sus propias manos canta su plegaria frente al público con el lenguaje corporal de un demente Rey Lear mientras acaricia su manto como si tuviera en él a una pequeña Fenena aún en pañales.

 

Mary Elizabeth Williams

La excelente calidad de la versión musical fue inspirada por Xian Zhang, una descomunal directora que al frente de la excelente orquesta de la casa iluminó las melodías y strettas con expresiva vitalidad, brillante variedad cromática y asertivo marcado. Y también hubo una extraordinaria Abigaille. Mary Elizabeth Williams cantó el rol con seguro apoyo y proyección de frases hasta colocar sus agudos con una redondez y color que hacen a esta voz mas merecedora de las Leonoras del Trovatore y Forza que de este rol tan ingrato para la voz de cualquier soprano. Pero es en los recitativos y la intensión de fraseo que Williams descolló como inigualable: sorna, ferocidad y una patética y a la vez risueña fragilidad psicológica transformaron a esta villana en una inédita y original heroína verdiana. ¡Si la vieran, mofándose con aires de gran dama de la modosita Fenena! O pegándole un empujón a Ismaele mientras le espetaba eso de “D’amore conosci tu sol l’armi?” Gracias al trabajo de la Williams el público pudo reír con esta simpatiquísima Abigaille, y también llorar cuando la pobre se dio cuenta que ya no daba mas en medio de esta confrontación entre zelotes judíos y babilónicos.

 

Robyn Lyn Evans , Justina Gringyte, Kevin Short y David Kempster (Nabucco)

 

Con voz algo liviana en densidad pero segura en los squillo de sus agudos y la colocación de las notas extremas del registro bajo cantó Kevin Short su Zaccaria y Robyn Lyn Evans explayó un seguro lirismo como Ismaele. La bella voz baritonal y el expresivo fraseo de David Kempster fueron algo malogradas por dificultades para proyectar su voz algo pequeña, pero su Nabucco fue actoralmente excelente en sus alternativas de bravura y desesperación. También hubo dos revelaciones en el caudal y bellísimo color vocales de la Fenena de Justina Gringyte y la formidablemente segura línea de canto de Rosie Hay en las pocas frases de su Anna.

 

Mary Elizabeth Williams

 

Decisivamente contribuyó al éxito de la función una orquesta brillante e incisiva y el magnífico coro de la casa tan representativo de la inigualable tradición coral galesa. Strettas como “Il maledetto non ha fratelli” fueron marcadas y proyectadas con precisión y redonda sonoridad. Y el “Va pensiero” fue un intenso y fluido sostenido del principio al fin, con espontáneas graduaciones entre el mezzo piano y mezzo forte y sin esos efectistas sforzando que tantas veces estereotipan lo que en Cardiff fue una canción lisa, llana y conmovedoramente sentida.

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