España - Cantabria

Un gran Schumann

Maruxa Baliñas
viernes, 22 de agosto de 2014
Robert Schumann © DM Robert Schumann © DM
Santander, martes, 22 de julio de 2014. Palacio de Festivales de Cantabria. Sala Argenta. Camille Saint-Saëns, Tarantella para flauta, clarinete y piano op. 6 y Septeto para piano, trompeta, dos violines, viola, violonchelo y contrabajo en mi bemol mayor op. 65. Richard Strauss, Till Eulenspiegel op. 28 (arreglo para 5 instrumentos de Franz Hasenöhrl). Igor Stravinsky, Ocho miniaturas para 15 instrumentos. Robert Schumann, Quinteto con piano en mi bemol mayor op. 44. Encuentro de Música y Academia de Santander 2014
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Por segundo día consecutivo volvía a sonar el interesante arreglo para cinco instrumentos realizado por Franz Hasenöhrl para el Till Eulenspiegel de Richard Strauss, lógicamente con los mismos intérpretes [leer reseña del concierto]. En esta ocasión, una vez pasada la extrañeza de descubrir la obra, que elige sólo algunos momentos del poema sinfónico, pude disfrutar mejor de los aspectos tímbricos, del modo en que Hasenöhrl combina instrumentos que ciertamente son capitales en la obra original (clarinete, fagot, trompa y violín) y al mismo tiempo, con el sólo añadido del contrabajo, los hace sustituir a una orquesta entera. Personalmente eché de menos una mayor contundencia en lo que serían las partes orquestales, ya que el registro grave, que -para los que tenemos el oído acostumbrado a la sonoridad equilibrada del XVIII-XIX- es seña de identidad fundamental, quedaba escaso.

El concierto se iniciaba con dos obras de Saint-Saëns: una Tarantella juvenil, de 1857, muy atractiva por su desenfado, y una obra de madurez, el Septeto op. 65, compuesto en 1880 para una de estas sociedades musicales parisinas, la de Amigos de la Trompeta, que eran muy serias y exigentes. La interpretación de la Tarantella contó con uno de los profesores del curso a la flauta, Felix Renggli (Basilea, 1961) y dos alumnos: Chang Liu (Liaonig, China, 1991) y Pierre Delignies (Santander, España, 1990). Delignies fue un buen acompañante, pero excesivamente discreto considerando que la obra era un trío, mientras Liu se soltó en varias ocasiones y llegó a competir con Renggli. En el caso del Septeto, en cambio, Renggli tuvo claro que el papel principal correspondía a la trompeta, János Elmauer (Bonyhád, Hungría, 1989) y al pianista, János Palojtay (Budapest, 1987), quien ya es algo más que un alumno de la Academia, toda vez que obtuvo el tercer premio en el Concurso de Piano de Santander en el 2012 y ya tiene un buen curriculum de premios y conciertos.

Tras el descanso llegó el momento de las Ocho miniaturas para quince instrumentos de Stravinsky, donde nuevamente predominó la sencillez y la musicalidad, pero también el profesionalismo de los jóvenes estudiantes. No es una obra difícil técnicamente (proviene de la adaptación de unas obras pedagógicas para piano de 1921), pero precisamente por ello resulta capital el encanto que se le de a la interpretación, y en este caso no faltó.

Pero sin duda la obra más destacada del concierto fue la que lo cerró, el Quinteto con piano op. 44 de Robert Schumann. El principal problema de todo klavierquintett es el del equilibrio entre el cuarteto y el piano. En el gran repertorio creo que sólo ha sido resuelto satisfactoriamente por Dvorák y Elgar, que por su experiencia como músicos de orquesta -viola y violín, respectivamente- poseían una especie de serendipia para estas cuestiones. La pianista Olga Kirpicheva (Tolyatti, Rusia, 1987) demostró una gran talento e intuición como músico de cámara en su doble papel de solista y acompañante, así como un importante control en los planes dinámicos y texturales. Una segunda figura contribuyó a esta destacada interpretación -muy superior a lo esperable en alumnos- del Quinteto op. 44 de Schumann: el violonchelista Valentin Erben (Austria, 1945), otro de los profesores del curso. Entre ambos convirtieron la delicada -por sutil y frágil- fuga del Quinteto en uno de los momentos más atractivos de la noche, y en general mostraron una honda comprensión de la compleja lógica interna de la obra, algo esperable en Erben pero no tanto -dada su juventud y limitada experiencia- en Kirpicheva. Los otros tres intérpretes -los violinistas Marisol Lee (Seúl, 1987) y Nicolas Dupont (Bélgica, 1992), y el viola Gabriel Uhde (Alemania, 1990)-, sin alcanzar igual nivel de excelencia, siguieron muy bien el ethos marcado por chelo y piano y contribuyeron a esta gran interpretación de Schumann.

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