Reino Unido

La vida es imperfecta; Bach, no

Inés Mogollón
viernes, 8 de agosto de 2014
Londres, sábado, 26 de julio de 2014. Royal Albert Hall. Johann Sebastian Bach. Pasión según San Juan BWV 245. James Gilchrist, tenor (Evangelista). Neal Davies, bajo (Jesucristo). Lucy Crowe, soprano. Clint van der Linde, contratenor. Joshua Ellicot, tenor. Hanno Müller−Brachmann, bajo. Zürcher Sing-Akademie. Zurich Chamber Orchestra. Sir Roger Norrington, dirección. BBC Prom 12
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El resurgimiento de la obra de Bach se asocia rutinariamente a Félix Mendelssohn y a su presentación de la Pasión según San Mateo el 11 de marzo de 1829 en la Berlin Singakademie, pero lo cierto es que pese a la indudable repercusión del citado evento, Mendelssohn se sumaba a una tradición ya bien asentada por aquel entonces en Berlín: Carl Friedric Fasch, fundador de la citada Singakademie, organizaba audiciones -sesiones privadas, de índole académica- en las que programaba exclusivamente obras de Bach, principalmente motetes y música instrumental. Su sucesor al frente de la institución, Carl Friedrich Zelter -profesor de Mendelssohn- hizo lo propio con obras mayores: la Misa en si menor, fragmentos de la Pasión según San Mateo y la Pasión según San Juan completa ya en 1823, siete años antes de que Mendelssohn dirigiera -siempre asesorado por Zelter- su versión de la Pasión según San Mateo.

Lo cierto es que la Pasión según San Juan no fue sólo la primera en ser restablecida musicalmente, también fue la primera en ser compuesta (la primera versión está fechada en 1724) pero, entre unas cuestiones y otras, ha sido relegada a ser la 'segunda' de las Pasiones de Bach para el público y cierta historiografía. Afortunadamente, hoy está recuperando posiciones en el favor de los aficionados, también en la discografía, entre los intérpretes y en las programaciones de festivales y auditorios. Es lógico, dado que aquí Bach desarrolla una dramaturgia más directa, más vehemente y fresca que en la BWV 244.

De hecho, y desde hace algún tiempo, observamos que con frecuencia se incluyen ambas Pasiones en una temporada o ciclo de conciertos, como hemos tenido oportunidad de comprobar en los Proms, que han programado por primera vez en su historia (y son ciento veinte ediciones) la pareja. Y con enfoques muy diferentes. El pasado sábado 26 de julio escuchamos la Pasión según San Juan (Prom 12) dirigida por Sir Roger Norrington, una lectura que a priori se presentaba como un ejercicio de práctica interpretativa históricamente informada, pero que resultó sorprendentemente heterodoxa, personalísima y de difícil clasificación por las razones que ahora expondremos. Por otra parte, está previsto que el sábado seis de septiembre (Prom 66) se presente la Pasión según San Mateo en una versión escenificada por Peter Sellars, que será dirigida por Simon Rattle, con la Filarmónica de Berlín, el coro de la Radio de Berlín, y con Mark Padmore y Magdalena Kozena entre los solistas.

La Pasión según San Juan contaba sobre el papel con componentes que garantizaban su solvencia: la experiencia historicista de Sir Roger Norrington -que tantas veces ha dirigido esta obra-, la presencia del tenor James Gilchrist, el mejor evangelista de su generación; también la participación del bajo Neal Davies en el rol de Cristo representa un valor seguro, igual que la presencia del coro de la Zürcher Sing-Akademie, un coro de voces jóvenes preparado por Tim Brown, conjunto que había tenido la oportunidad de escuchar interpretando el Oratorio BWV 249 en una lectura realmente brillante.

Como es lógico, Bach y un elenco de tal calidad atrajo a muchos aficionados. Desde la arena hasta la galería, el público llenaba el Royal Albert Hall. Algunos acomodadores, reclutados entre los estudiantes del cercano Royal College of Music seguían la interpretación con la partitura, sentados en las escaleras. La imagen era magnífica. Las notas al programa, excelentes, estaban firmadas por Lindsay Kemp, productor de la BBC Radio 3, emisora que retrasmitió en directo el concierto (también el lunes 28 de julio) para pasar el testigo a la BBC 4 el miércoles 31. La grabación aún está disponible en la página web de los Proms para aquellos que estén interesados.

Efectivamente y tal como habíamos previsto, tanto Gilchrist como Davies corroboraron su competencia. En el caso de Gilchrist de forma admirable: domino técnico, dicción perfecta y un fraseo infalible que viste con un timbre bellísimo y una forma única de hacer vívida la narración. Y todo esto salvando con aparente naturalidad unos perfiles melódicos realmente difíciles en ocasiones. En lo que respecta a Neil Davies, representó a un Jesucristo lleno de gravedad, sin alardes pero con absoluta seguridad y adecuación.

El resto del elenco presentaba cambios de última hora: el tenor Joshua Ellicott sustituía a Benjamin Hulett y el bajo Hanno Müller−Brachmann al anunciado Rudolf Rosen. Ni uno ni otro pasaron de la corrección. Mejor estuvieron el contratenor Clint van der Linde, que interpretó de forma espléndida el aria 'Es ist Volbrach!', y la soprano Lucy Crowe en 'Zerfliesse, mein Herze, in Fluten der Zähren', acertada en forma de plantear este hermoso diálogo con la flauta.

Pero lo cierto es que todos fueron víctimas de los precitados tempi impuestos por Norrington, tempi que pusieron en problemas a los solistas, que se veían insuficientes para respirar y acoplarse a tan vertiginosa lectura. Incluso el coro, integrado por treinta y cinco voces del mencionado Zürcher Sing-Akademie, tuvo que aplicarse para no perderse en las impacientes y un tanto erráticas indicaciones del director. Pese a todo, el coro aupó sus intervenciones y resumió, con Gilchrist y Davies, lo mejor de la tarde, como ya dejaron claro desde un principio al abordar 'Herr, unser Herrscher, dessen Ruhm', o en el siempre impactante 'Kreuzigei'. Los cantantes, un conjunto de excepcional calidad como decíamos arriba, trabajaron con partitura la obra al completo, excepto los corales; entonces cerraban sus carpetas, bajaban el volumen y la música se remansaba, se hacía introspectiva y lenta, obsequiándonos con una expresividad turbadora, basada en una flexibilidad dinámica y en un empaste admirables.

En lo que respecta a la plantilla instrumental, Norrington reunió a veinticinco músicos de la Zurich Chamber Orchestra, agrupación que dirige desde el año 2011. Bien, entendemos que las razones de esta decisión puede ser la búsqueda del equilibrio sonoro, porque es lo suficiente para alcanzar el volumen que el enorme Royal Albert Hall requiere sin que reste claridad a una partitura barroca. El oboe de Kurt Meier y la flauta de Stéphane Réty fueron lo mejor de esta sección.

Lo que resulta más difícil de argumentar es que Norrington presentara músicos que interpretan a Bach con instrumentos modernos pero con una licencia cuando menos sorprendente pues, en el caso de los cordófonos, lo hacían con cuerdas de tripa y arcos barrocos. Y con evidentes problemas de afinación, fraseo y de control dinámico. Quizá Norrington esté empeñado en establecer las bases de una nueva tradición interpretativa, quizá se trate de que instrumentistas modernos se familiaricen con las maneras del historicismo. Puede ser la conocida afición experimental de Sir Roger Norrington. El problema es que no funcionó. Resultó una versión errática, poco convincente, insostenible tanto a nivel filológico como en la conveniencia práctica. Imperfecta.

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