Bélgica

Daphne: auténtica indignada española

Berta del Olivo
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Bruselas, martes, 9 de septiembre de 2014. La Monnaie/De Munt. Daphne de Richard Strauss (1864-1949). Bukolische Tragödie in einem Aufzug. Libreto de Joseph Gregor. Premiére: Staatsoper Dresden, 15/10/1938. Director de escenografía: Guy Joosten. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Moritz Junge. Iluminación: Manfred Voss. Video: Franc Aleu. Coreografía: Aline David. Maestro de Coro: Martino Faggiani. Elenco: Peneios: Iain Paterson; Gaea: Birgit Remmert; Daphne: Sally Matthews; Leukippos: Peter Lodahl; Apollo: Eric Cutler; Primera Dama: Tineke Van Ingelgem; Segunda Dama: Maria Fiselier; Pastor: Matt Boehler, Gijs Van der Linden, Kris Belligh, Justin Hopkins. Orquesta sinfónica y coro de hombres de la Monnaie. Dirección musical: Lothar Koenigs. 150 años de Richard Strauss. Aforo: 100%
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¿Daphne como auténtica indignada española de acampada en la Puerta del Sol? Permítanme explicar cómo y de qué manera la ‘marea’ ciudadana del 15M ha llegado hasta la nueva producción de Daphne de Richard Strauss en la Monnaie.

El argumento de la ópera de Strauss continúa siendo el que ustedes conocen y el que ha inspirado a innumerables artistas a lo largo de la historia: siguiendo la leyenda recogida por Ovidio en su Metamorfosis, la ninfa Daphne es la hija del rio Peneios y de la Madre Tierra, Gaea. Su naturaleza le hace indiferente a los sentimientos y deseos amorosos que despierta tanto en hombres, el pastor Leukippos, como en dioses, Apolo. Sólo lograra escaparse de ellos transformándose en laurel.

¿Pero bajo qué interpretación ligada a nuestro contexto actual podríamos mirar bajo una nueva luz a Daphne? En el ensayo ‘Une jeunesse rebelle. Daphné ou l’emblème d’une subculture’ (Una juventud rebelde: Daphne o el emblema de una subcultura), incluido en el programa de mano, su autor, Bjørn Schiermer Andersen, nos invita a mirar a Daphne como verdadera indignada española ante la falta de ética de Apolo, presentado por Strauss no sólo como dios solar, sino también como personaje codicioso y lujurioso.

Apolo, según su propia expresión, es un ‘toro fogoso, embravecido’. Palabras que dan pie para que el brillante e ingenioso director de escenografía Guy Joosten cree una escena cargada de simbolismo: el toro en posición de ataque de la escultura Charging Bull de Wall Street, encarna el capitalismo: es la fuerza, es la razón económica o instrumentalizada, es el deseo, es la avidez.

La pregunta que se hace Guy Joosten con esta imagen en la que Apolo roba un beso a Daphne es la siguiente: ¿cómo este dios todopoderoso (Apolo, el capitalismo), que ya tiene todo lo que quiere, no está satisfecho hasta que toda gota de inocencia y de naturaleza no es explotada hasta la médula?, ¿por qué no hay límites a tal rapacidad?

Esta misma serie de preguntas es la que ha liderado las manifestaciones del grupo Occupy Wall Street (con punto de reunión precisamente en la escultura Charging Bull) o sus precursores, los indignados españoles, grupos que no buscan la abolición absoluta del sistema capitalista.

Estos grupos protestan contra la ausencia de reacciones legales (penales) contra los responsables de la crisis financiera. Protestan, de manera no violenta, por la falta de trabajo y las perspectivas de futuro. Según Guy Joosten, Apolo, junto con ciertas personas del sector financiero, deberían arrepentirse de sus actos.

Momento de la representación de 'Daphne' de Richard Strauss. Dirección musical, Lothar Koenigs. Dirección escénica, Guy Joosten. Bruselas, Teatro de la Monnaie, septiembre de 2015

En otra maravillosa escena, Guy Joosten sitúa a Daphne, abrumada, considerada como sujeto, como individuo, en su soledad, separada de la colectividad conformista, uniforme y dominante del mundo de sus padres, del mundo de los banqueros y traders (los Coros de la Monnaie, situados a uno y otro lado de la escalinata, envueltos en una pesada bruma que también envuelve a nuestra heroína).

Toda una alegoría de la incapacidad de un individuo a conformar su vida con los abrumadores deseos de los dioses. Daphne simboliza el retiro interior o una parábola de las consecuencias de la no sumisión al poder dirigente la época.

Daphne lucha por afirmar su individualidad, como encarnación humana de la naturaleza. Su búsqueda de autenticidad y su definición de lo que es una vida auténtica es extrema y un tanto arrogante.

Al morir y al transformarse en laurel, Daphne, se convierte en el símbolo del perpetuo idealismo y de la obra maestra eterna (desde la antigua Roma, la corona de laureles simbolizan la victoria y la gloria de todos aquellos que han mostrado la misma autenticidad y el mismo punto de arrogancia que Daphne en sus respectivas luchas).

 

Momento de la representación de 'Daphne' de Richard Strauss. Dirección musical, Lothar Koenigs. Dirección escénica, Guy Joosten. Bruselas, Teatro de la Monnaie, septiembre de 2015

 

Me gustaría subrayar este bello simbolismo: Daphne como obra maestra eterna gracias a su relación con Apolo y su relación con Leukippos, quienes le aportan la dimensión apolínea y dionisiaca, elementos constitutivos del arte y del genio artístico.

Pasando ya a analizar los aspectos y méritos musicales, y pese a la fascinación de encontrarnos ante uno de los genios del siglo XIX, del que se cumplen 150 años de su nacimiento, la obra intercala pasajes anodinos, de complacencia edulcorada, junto a la riqueza y refinamiento del célebre pasaje final del monólogo de la metamorfosis de Daphne.

Y es en este célebre pasaje final donde la música de Strauss encontró todo su esplendor gracias a la voz de la soprano Sally Matthews: una voz de amplio registro, cálida, preparada para producir sonidos de gran colorido y sonidos mas sombríos y melancólicos, (en chiaroscuro), con un sonido puro, ideal para interpretar Strauss.

 

Momento de la representación de 'Daphne' de Richard Strauss. Dirección musical, Lothar Koenigs. Dirección escénica, Guy Joosten. Bruselas, Teatro de la Monnaie, septiembre de 2015

 

A estas alturas de la representación, todo el público esperaba ansiosamente un milagro, una chispa divina, y Sally Matthews intervino para hacerlo posible en el momento en que Daphne retoma su tonalidad original de la obertura, en sol mayor, y modula, se transforma mágicamente, descendiendo un semitono, a fa sostenido mayor.

Las virtuosas vocalizaciones de Sally Matthews coronaron brillantemente el cromatismo de las líneas instrumentales que dibujaba la orquesta, evocando el murmullo de las hojas de árbol en el que se transforma la ninfa, pasando del lenguaje humano a la voz de la naturaleza. Strauss crea una de las páginas más sugestivas de su repertorio: una música transparente, una música visual, que casi se puede ‘ver’ con los oídos.

Si me gustó (y mucho) la voz de Sally Matthews, aún más me gustó su interpretación, su gestualidad, su presencia en el escenario, su fuerza y energía desbordantes. Tanto es así que cuando se encontraba escondida entre las ramas del gran árbol que le refugiaba del mundo de sus padres, de los banqueros y los traders, me llegaba a sentir huérfana de su presencia. Mención aparte merece su agilidad y destreza para hacer uso de la liana que le ayudaba a trepar y a descender del árbol, de su refugio.

Excepcional la voz del tenor Eric Cutler (Apolo), pero no así su interpretación del personaje: difícil dar vida a un dios al que Strauss le dio un esplendor bastante superficial. Peter Lodahl, de belleza apolínea, (él sí), se mostró convincente como Leukippos, sin llegar a más, al menos en esta primera representación.

Lothar Koenigs dirigió con sutilidad y precisión, con movimientos que me recordaron unos dibujos que consulté en su día sobre la manera de dirigir de Gustav Mahler. A pesar del esmerado empeño del director, no todas las secciones de la orquesta de la Monnaie respondieron al mismo nivel tras la vuelta de las vacaciones estivales: la sección viento-metal necesita recuperar la forma ya que en los poderos unísonos de la orquesta (que tanto gustaban a Strauss) no lograron empastar ni equilibrar su sonido con el resto de secciones. Tampoco en los solos esta sección pudo ofrecer la brillantez requerida.

La Monnaie recordará sin lugar a dudas esta primera representación de Daphne (sí, ¡primera!, nunca hasta ahora se había representado Daphne en la Casa de Ópera belga), no sólo por el brillante e ingenioso Guy Joosten; o por la interpretación milagrosa de Sally Matthews; sino también por la creatividad catalana que firmó la espectacular escenografía, Alfons Flores, y los impresionantes recursos visuales generados por el video de Franc Aleu.

Les invito a reflexionar sobre la estructura dramatúrgica de Daphne (que encadena una exposición, un conflicto, una catástrofe y una trascendencia) y sobre la traducción musical que Strauss hace de la metamorfosis (modulación de un semitono, de sol mayor a fa sostenido mayor) y llegarán a mi misma conclusión: Daphne es una auténtica indignada española.

Tras la catástrofe de un país destrozado por la crisis financiera a la trascendencia de buscar una nueva conciencia social acampando en la Puerta del Sol. Sin violencia, sin adoptar posiciones extremas: la transformación que ella busca de la sociedad, de la colectividad, en definitiva, esa nueva conciencia social en la que finalmente diluye su voz individual no es extrema ni radical, representa un semitono en la música de Strauss.

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