España - Galicia

Don Alonso Quijano

Julio Andrade Malde (1939-2020)
miércoles, 19 de diciembre de 2001
La Coruña, jueves, 13 de diciembre de 2001. Palacio de la Ópera. Gerhard, Danzas de Don Quijote; Ibert, Chansons de Don Quijote; Falla, El retablo de Maese Pedro. Olatz Saitua (Trujamán), Francesc Garrigosa (Maese Pedro), Enrique Baquerizo (Don Quijote). Orquesta Sinfónica de Galicia. Director, Ramón Encinar. Concierto a beneficio de la UNICEF. Aforo: 1.800 localidades; asistencia: 85%.
0,000192 También día de coincidencias musicales. Al mismo tiempo que en el Palacio de la Ópera se celebraba el concierto que se acaba de describir, en el auditorio de la Fundación Barrié de la Maza, Hazelzet (traverso), Linden (violonchelo) y Ogg (clave) interpretaban obras de Leclair, François Couperin, Rameau, Johann Sebastian Bach y Carl Philippe Emmanuel Bach. Bueno: eso es lo que trae como consecuencia el aumento de las actividades musicales en una ciudad.Como ya anticipé en una crítica anterior, estaba previsto que este concierto de la Sinfónica fuese dirigido por Víctor Pablo y que incluyese el Don Quijote, de Strauss. Pues ni una cosa ni otra. Ese poema sinfónico que es primus inter pares dentro de la trilogía straussiana de obras maestras en el género (junto con Don Juan y Till Eulenspiegel) nunca ha sido tocado por la OSG; y uno comienza ya a temer que jamás llegue a programarse. Ojalá que tan funestas predicciones no se cumplan. En cuanto a Víctor Pablo, pues tan sólo desearle un pronto restablecimiento y que podamos verlo lo antes posible al frente de la Sinfónica de Galicia.La obra de Gerhard, Danzas de Don Quijote, se estructura en tres movimientos más una introducción y un epílogo. No parece música para ser bailada; de hecho, sólo una de las piezas intermedias se califica como danza -Danza de los muleros-; las otras dos se denominan La edad de oro y En la cueva de Montesinos. Ello aparte, resulta ser una partitura de grata escucha, entroncada con la línea neonacionalista por su tratamiento de los motivos populares. Está brillantemente instrumentada: orquesta colorista con una importante presencia del Viento (Maderas y Metales a dos, con las trompas duplicadas) y de la Percusión (tres ejecutantes y un cuarto, al piano). En este sentido, se halla en una línea muy similar a la de Falla, cuya influencia es muy apreciable (ráfagas de temas populares en la Danza de los muleros); pero tampoco falta la presencia de Strawinsky (inequívoca, por ejemplo, en algunos diseños confiados al oboe y al fagot en La edad de oro). Me gustó la versión de la Sinfónica de Galicia, aunque el comienzo pareció un poco vacilante y confuso. Una vez más, hay que celebrar que los jóvenes (por ejemplo, el clarinete bajo, Pere Anguera, que tiene un cometido tan importante en esta obra) den un nivel artístico tan elevado. Los pasajes encomendados a oboe, fagot y trompa fueron resueltos de manera admirable; mención especial para Vera Pavlova al piano, con tan importante desempeño en esta partitura. Las Cuerdas, excelentes, articulando con un gran refinamiento dinámico (sobre todo en La cueva de Montesinos) y con una precisión admirable (por ejemplo, cuando tocan, asordinadas, una larga cromática ascendente cerca ya de la conclusión).Las Canciones de Don Quijote son cuatro y se refieren, respectivamente, a la salida del hidalgo en busca de aventuras, a la sin par Dulcinea, al Duque que exalta las prendas de su dama y a las palabras que el héroe, en el lecho de muerte, dirige a su fiel escudero. Ibert utiliza una orquesta reducida, aunque muy colorista (dos flautas, oboe, dos clarinetes, fagot, una trompa, un trombón, una tuba, arpa, piano y escasos efectivos en las cuerdas). Enrique Baquerizo es un bajo-barítono o bajo cantante (no me parece un barítono estricto) dotado de un timbre poderoso y de muy buena calidad, que se proyecta con gran amplitud; la emisión no siempre es depurada, de hecho con frecuencia abre en exceso, cambia el sonido de las vocales (por ejemplo, la o en u: Sanchu) y su pronunciación deficiente del francés hace el texto casi ininteligible; además, cuando apiana cierra totalmente la cavidad oral, con lo que desnaturaliza tímbricamente el sonido. La orquesta tocó muy bien esta partitura y además puso de manifiesto una de las cualidades más importantes que posee: adaptarse con flexibilidad a las naturales licencias temporales propias del canto.También El Retablo de Maese Pedro tiene -como es bien sabido- una orquesta limitada. Lo que sucede es que Falla utilizó sabiamente los distintos timbres de los instrumentos elegidos, de manera que el resultado que percibe el público es el de una base instrumental mucho más amplia. Aparte de que el maestro gaditano utilizase siempre los efectivos orquestales con gran moderación y, sobre todo, con una admirable adecuación de medios a fines, no hay que olvidar que el Retablo fue compuesto para ser representado en el teatrillo de marionetas de una mansión particular (el palacio de la princesa de Polignac), por lo que la limitación de los recursos instrumentales venía impuesta tanto por el espacio disponible como por el presupuesto que se manejaba (la princesa tenía además justificada fama de tacañería). La calidad de los primeros atriles de la Sinfónica de Galicia garantizaba a priori el resultado; y así fue: una gran versión orquestal de esta obra maestra. El tenor, Francesc Garrigosa, hizo un correctísimo Maese Pedro y Enrique Baquerizo, un Don Quijote muy estimable, dentro de sus peculiaridades vocales ya apuntadas. El mayor problema fue el de Olatz Saitua, que compuso un Trujamán acertado cuando se le escuchaba; se trata de una soprano ligera de un timbre muy delgado, con volumen y proyección bastante limitados; creo que el director debió cuidar más la intensidad del grupo instrumental que materialmente ahogó la voz de la cantante.En general, y salvo este problema -no pequeño, ciertamente-, pienso que Encinar hizo un trabajo estimable. No me arrebata su técnica rectora, que hallo de gesto poco rico y variado. Es verdad que hubo de hacerse cargo de un concierto que en principio no le correspondía, lo que siempre plantea dificultades en cuanto a tiempo de preparación, ensayos, etc. Pero también es cierto que introdujo importantes cambios en el programa, de manera que hay que suponer que tenía en repertorio las obras elegidas.
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