España - Galicia

Buenas ideas

Maruxa Baliñas
miércoles, 28 de enero de 2015
A Coruña, domingo, 11 de enero de 2015. Sala de Cámara del Palacio de la Ópera. A frauta máxica no maxín. Versión de 'La flauta mágica' de Mozart para títeres y conjunto de viento. Jorge Casas, actor. Os monicreques de Kukas. Zoar Ensemble. Kukas, autor y diseñador de marionetas, y escenografía. Dirección, Isabel Rey y Marcelino de Santiago (Kukas). Arreglos musicales, Joachim Linckelmann, Guido Schäfer y Álex Salgueiro. Temporada Lírica de A Coruña 2014-15
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La gran novedad de esta Temporada Lírica 2014-15 de Amigos de la Ópera de A Coruña -una institución fundada en 1952 y que desde 1953 ha celebrado ininterrumpidamente un festival de ópera anual- es que la temporada se ha ampliado de modo que abarque de septiembre a junio y consecuentemente se han incrementado las actividades con ella relacionadas.

Una de estas actividades ha sido el estreno de la producción de La flauta mágica que el famoso marionetista y creador gallego Marcelino de Santiago, más conocido por Kukas, ha creado junto al Zoar Ensemble, un quinteto de vientos gallego que funciona desde 2009. De la historia de Los monicreques de Kukas (Los títeres/muñecos de Kukas) se podría hablar ampliamente, ya que llevan desde 1979 en actividad constante, siendo la compañía de teatro de marionetas más antigua de Galicia y ciertamente una de las más estables del panorama gallego y español. Por lo que se refiere a montajes musicales, han realizado versiones de El carnaval de los animales de Saint-Saëns, la Cantata San Nicolás de Benjamin Britten, O castelo da Rocha Vella de B. Santos, y mi favorita, El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla, que comenté en Mundoclasico.com hace ya casi catorce años [leer reseña].

En este montaje de A frauta máxica no maxín [La flauta mágica imaginaria] Kukas e Isabel Rey hacen un espectáculo aparentemente ingenuo que sin embargo trasluce un enorme bagaje histórico y un profundo conocimiento de los diversos niveles de profundización de La flauta mágica. Resulta por tanto entretenida para los niños que se aproximan a la ópera por primera vez pero también tiene interés para aquellos que conocen la obra -jóvenes o adultos- y están dispuestos a aceptar las sugerencias que desde el escenario se le hacen.

A frauta máxica no maxín. Tamino y Papageno

Como ocurre en cualquier representación de La flauta mágica faltan y sobran cosas. Al ser una ópera tan múltiple y polivalente, cualquier aproximación, sobre todo si pretende ser personal como en este caso, renuncia a algunos aspectos y resalta otros. En este caso además la necesidad de acortar la obra para que encaje en los 50-60 minutos que se supone que son el estándar para una función infantil, obligó a suprimir muchos aspectos de la narración. Personalmente me pareció larga la introducción a la ópera, donde el propio Kukas aparece disfrazado de Schikaneder para encargarle la ópera a Mozart, personaje interpretado por el actor Jorge Casas, mientras me pareció que se suavizaba demasiado -hasta el punto de considerarlo una cuestión de enamoramiento- el acoso de Monostatos a Pamina. Se dedica su tiempo a la presentación de Tamino y la historia del dragón y las tres damas, y se abrevian mucho las pruebas de Tamino y Papageno, quien ni siquiera parece participar en todas las pruebas. Acaso por la insistencia en Papageno de la que suelen adolecer todas las adaptaciones infantiles de La flauta, Kukas e Isabel Rey prefieren centrarse en la propia figura de Mozart compositor como motor de la acción. Y tantos otros aspectos que se podrían mencionar, pero que no empañan el valor de un montaje inteligente, meditado, y que permite libertad al público, un planteamiento que falta cada vez más en el teatro y especialmente en el infantil.

 

La reina de la noche

Uno de los principales atractivos de la representación radica en las propias marionetas, diseñadas por Kukas, que son muy expresivas y están además manipuladas de un modo tan cuidado en los gestos que parecen actores reales. Kukas -como antes indicaba-tiene un amplio rodaje y conoce no sólo las grandes compañías de títeres del mundo, sino también las principales versiones de La flauta mágica -obsérvese la evocación de la Reina de la Noche de Schinkel- y ha sabido mezclar historia y tradición con su propia visión de los personajes: su Tamino es un niño algo aturdido, su Pamina aparentemente fea pero expresiva, sus Tres Muchachos unos niños de aldea, sus Damas con sus trajes de estrellas son nuevamente schinkelnianas, su Sarastro un santo de escultura popular, etc.

A frauta máxica no maxín

A frauta máxica no maxín © Os monicreques de Kukas, 2015

El otro atractivo es el puramente musical: la versión de la música de La flauta mágica para quinteto de vientos -flauta, oboe, clarinete, fagot y trompa- recoge arreglos de Joachim Linckelmann, que es el autor de la Obertura de La flauta mágica, del clarinetista Guido Schäfer, autor de Die kleine Zauberflöte para quinteto de vientos y teatro de marionetas, y del propio director del Zoar Ensemble, Álex Salgueiro. La interpretación del Zoar Ensemble fue -como siempre que los he escuchado- impecable en el aspecto técnico y desenfadada en el aspecto visual. A los músicos del Zoar Ensemble no les importa disfrazarse, moverse por el escenario, hacer muecas o pequeñas representaciones, y eso convierte cualquier actuación suya para niños en un completo éxito (los vi hace unos meses interpretando Ligeti para niños pequeños). Pero al mismo tiempo los adultos aficionados a la música nos damos cuenta que tras esas 'payasadas' estamos escuchando un quinteto de viento de alta calidad, cuyas interpretaciones son superiores a las que se disfrutan en muchas salas de conciertos.

Para terminar sólo cabe esperar que todo este trabajo no acabe en un almacén tras unas pocas funciones. Por lo que he podido saber está prevista otra representación de A frauta máxica no maxín en febrero en Lugo y posiblemente algunas funciones familiares en A Coruña coincidiendo con la producción de La flauta mágica que se verá en la Temporada Lírica. Y después ... queda en manos del destino, el azar, o acaso la buena voluntad de algún programador.

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