Artes visuales y exposiciones

Naturalezas muertas muy vivas

Juan Carlos Tellechea
martes, 20 de enero de 2015
0,0002546

Es uno de los más importantes artistas alemanes y un inencasillable dentro de las corrientes vanguardistas de comienzos del siglo XX. Pintor, retratista, dibujante, ilustrador de gran sutileza, grabador, escultor, escritor y profesor universitario, Max Beckmann (Leipzig 1884 - Nueva York, 1950) es más conocido por sus paisajes y su pintura figurativa. Sin embargo, sus singulares naturalezas muertas son casi ignoradas por el gran público y estas son precisamente objeto de una cautivante exposición que tiene lugar en estos meses (hasta el 18 de enero de 2015) en la Kunsthalle de Hamburgo.

La muestra (catálogo de la editorial Prestel), para nada aburrida, abarca todos los períodos creativos de Beckmann y exhibe la impresionante diversidad de motivos elegidos por el artista para plasmarlos sobre sus lienzos y, en menor medida, sobre papel (carboncillo, acuarela y gouache fundamentalmente). La primera de las 12 salas de exhibición presenta sus trabajos desde 1905, pasando por los años de la Primera Guerra Mundial (durante los que sirvió como enfermero en Bélgica), la época en que vivió en Francfort del Meno, después el exilio en Amsterdam, hasta llegar a sus años en Estados Unidos, donde falleció el 27 de diciembre de 1950 a consecuencia de un ataque cardíaco mientras caminaba por el Central Park de Nueva York para dirigirse al Museo Metropolitano, donde iba a asistir a una exposición de su obra.

Beckmann tomó la pintura y la tradición histórico-artística de finales del siglo XIX para conformar un estilo propio, fuertemente figurativo, que defendió a capa y espada a partir de 1911 ante la creciente tendencia hacia la abstracción en el arte. Primero fue miembro de la Secesión de Berlín, después prefirió ser un luchador solitario y mantuvo un pertinaz distanciamiento frente a las orientaciones modernas, Pablo Picasso y el cubismo.

 

Max Beckmann (1884-1950), Stillleben mit großer Muschel, 1939. Óleo sobre lienzo, 50 x 81 cm. The Baltimore Museum of Art, Gift of William Dickey, Jr.

 

En sus naturalezas muertas, tan solo una pequeña parte del total de su obra, Beckmann destruye literalmente todas las ideas tradicionales del género y les presta nueva vida. No se trata de los clásicos motivos de frutas y hortalizas, como los que pintaban los holandeses, por ejemplo, sino de elementos que tenía a su alcance de forma más o menos cotidiana en su propio hogar: periódicos, libros, el collar de perlas de su mujer, flores, gatos, una caja de cigarros, pescados, vasijas de culturas precolombinas de Perú o de México, un saxofón, figuras de animales de madera o de cerámica.

 

Max Beckmann (1884-1950), Stillleben mit Cello und Bassgeige, 1950. Óleo sobre lienzo, 91,8 x 139,6 cm. Hirshhorn Museum and Sculpture Garden, Smithsonian Institution, Washington, DC, Gift of the Joseph H. Hirshhorn Foundation, 1966

 

Abren la muestra un autorretrato del pintor y dos cuadros con motivos florales; la cierra un óleo pintado en 1950 (poco antes de su deceso en Nueva York) con un violonchelo y un contrabajo rodeados de partituras y el programa de una gran fiesta con música y probablemente también baile. Entre los años 1920 y 1940 Beckmann desarrolla nuevos conceptos para sus bodegones.

En esa época ya era considerado por expertos académicos como un artista de "La nueva objetividad (en alemán: Neue Sachlichkeit), movimiento surgido en Alemania a comienzos de la década de 1920 que rechazaba al expresionismo, y que acabó, esencialmente, en 1933 con la caída de la República de Weimar y la toma del poder por los nazis. Dos grupos se identificaban en este movimiento, los veristas (su arte era crudo, ásperamente satírico, distorsionaban las apariencias para enfatizar en lo feo) y los realistas mágicos (que abarcaban desde el realismo casi fotográfico al neoprimitivismo). Entre los veristas, el ala más revolucionaria de la nueva objetividad, figuraban Otto Dix y George Grosz. Pero Beckmann, quien nunca se encasilló a si mismo en ningún movimiento, es para los entendidos un gigante entre estos, pese a considerarse él un expresionista ajeno a los grupos conocidos (Die Brücke y Blaue Reiter).

 

Max Beckmann (1884-1950), Hyazinthen, 1906. Óleo sobre lienzo, 51,5 x 35 cm. Privatbesitz Deutschland

 

Bajo el régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler (1933-1945) sus trabajos fueron proscritos, difamados como arte degenerado y tuvo que abandonar el ejercicio de la docencia en Francfort del Meno para exiliarse en Amsterdam. Vivía constantemente en tensión, en vilo, se sentía amenazado, en una situación claustrofóbica, y esto se refleja también en sus cuadros. Un lienzo de pequeño formato muestra una habitación, una lámpara y una estantería de libros. Fue pintado durante la noche de un bombardeo sobre esa ciudad portuaria neerlandesa durante la Segunda Guerra Mundial. Un primer intento para emigrar a Estados Unidos, tras una invitación del Chicago Art Institute en 1940, había fracasado al no haberle concedido las autoridades norteamericanas el visado pertinente. Finalmente en 1947 pudo viajar y radicarse en ese país, donde enseñó en la Brooklyn Museum Art School.

Impresiona en la muestra la constante evolución de Beckmann para captar la cambiante realidad y presentar testimonios de su tiempo (periódicos, folletos, textos que atraen sumamente la atención del espectador) junto con elementos naturales. Refinadamente abordaba así temas del pasado, el presente y el futuro, como las guerras, las persecuciones, el exilio y sus vicisitudes, que siguen teniendo hoy gran actualidad.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.