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Kurtág, Premio BBVA Fronteras del Conocimiento

Remitido
miércoles, 11 de febrero de 2015
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El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música Contemporánea ha recaído en su séptima edición en el compositor húngaro György Kurtág, cuya obra se caracteriza, según el acta del jurado, por “una intensidad expresiva única”. “La dimensión innovadora de su música no está vinculada al material que utiliza, sino a su alma, a la autenticidad de su lenguaje, a su manera de traspasar las fronteras entre espontaneidad y reflexión, entre formalización y expresión”.

Ayer, nada más conocer la noticia del premio, Kurtág explicaba así su intensidad expresiva: “Cuando compones, elijes el mejor momento de la composición resultante”.

Kurtág es uno de los más destacados protagonistas de la escena musical contemporánea europea, y una de las figuras relevantes de la generación de Ligeti, Stockhausen y Boulez. Fue precisamente Pierre Boulez quien contribuyó a situarle en un lugar predominante de la creación musical internacional cuando en 1981 su Ensemble Intercontemporain estrenó Messages de feu Demoiselle Troussova, una obra de Kurtág para soprano y ensemble de cámara. El lenguaje de Kurtág es personal e intimista, y refleja deliberadamente la influencia de grandes maestros y figuras monumentales como Guillaume de Machaut, Bach, Schumann, Weber o Bartók entre otros.

Según el acta, la voz de Kurtág, “se ha mantenido al margen de todos los sistemas y no se ha visto comprometida, trazando un camino fuera de las grandes corrientes, y apareciendo en la actualidad como una alternativa a la visión de la historia que se reduce a la oposición entre innovación y vuelta a los antiguos modelos, entre una música encerrada en sí misma y otra en busca de una comunicación lo más amplia posible”.

“La música de Kurtág tiene la capacidad de condensar un contenido profundo en unas pocas notas, de reducirlo a la esencia de la expresión musical, logrando una gran concentración expresiva en el mínimo material”, explica Ranko Markovic, director del grado del Programa de Música de la Universidad de Arte de Zúrich y secretario del jurado.

El jurado destaca asimismo que “la obra vocal de Kurtág es el centro de su catálogo y su relación con la poesía es esencial, una poesía a imagen de su música, a la vez lírica y lacónica. La lista de los escritores a los que ha puesto música es un compendio de la poesía universal, en múltiples idiomas donde el húngaro se codea con el alemán, el ruso, el rumano, el francés o el inglés”.

György Kurtág (Transilvania, 1926) estudia piano a partir de 1940 con Magda Kardos y composición con Max Eisikovits. En 1946 se traslada a Budapest, donde estudia composición con Sándor Veress y Ferenc Farkas, piano con Pál Kadosa y música de cámara con Leó Weiner. Para escapar de la dureza y la censura del régimen estalinista, entre 1957 y 1958 se traslada a París, donde asiste a las clases de Olivier Messiaen y de Darius Milhaud y conoce a la psicóloga Marianne Stein, que, según él mismo, transforma su vida. Estas influencias, a las que se añaden las del Domaine Musical que dirige Pierre Boulez, le impregnan de las técnicas de la Segunda Escuela vienesa -Arnold Schoenberg y Anton Webern- sobre todo en cuanto a la concisión. De regreso a Budapest hace escala en Colonia, donde Ligeti le descubre Gruppen, para tres orquestas espacializadas, de Stockhausen, que marca profundamente sus ideas sobre la composición. La primera obra que firma tras su regreso es su Cuarteto de cuerda, calificado como su Opus nº1.

Fue profesor de piano y de música de cámara en la Academia Franz Liszt de Budapest desde 1967 hasta su jubilación en 1986, tras la cual no ha cesado su labor pedagógica y concertística. Muestra de su pasión por la enseñanza y de la búsqueda de una pedagogía nueva, es su ciclo de obras para piano Játékok (1973-1976), pensado para los niños, e inspirado en sus juegos. Lo esencial de la obra de Kurtág está orientado hacia las pequeñas formas, como por ejemplo su ciclo para cuarteto de cuerda Microludes (1977-1978). Compone igualmente pequeñas obras vocales, descubriendo en la voz un instrumento de inmensas posibilidades, que superan el papel narrativo u operístico que habitualmente se le asigna. Estas formas cortas están reunidas frecuentemente en ciclos: Messages de feu Demoiselle Troussova para soprano y grupo instrumental (1967-1980), Les Propos de Peter Bornemisza, opus 7 (1963-1968) que marcan un claro post-webernismo en su estilo. La semántica es una de las principales preocupaciones de Kurtág, como se puede constatar en la música que compone sobre poemas de Pilinszky, Dalos, Kafka o Beckett, donde pone especial interés en resaltar los aspectos declamatorios de los textos literarios que utiliza, como la unidad e inteligibilidad de estos.

La música de cámara, que Kurtág siempre ha enseñado, es su terreno predilecto, en el que utiliza a menudo el címbalom, instrumento tradicional húngaro: Duos (1960-1961), Szálkák (1973) son ejemplos de este tipo de composiciones. Exceptuadas Stele (1994) para gran orquesta, que le encarga Claudio Abbado, y Concertante Op. 42, para violín, viola y orquesta (2003), Kurtág compone raramente para grandes formaciones, pues concentra su energía en formaciones de cámara, que le permiten un acceso más directo a la búsqueda de lo esencial, de la eficacia dramática de su música. Actualmente trabaja en su primera ópera, Fin de partie, basada en el texto original de Samuel Beckett.

Kurtág ha favorecido especialmente las formas breves en las que pretende una singular concentración de la expresión. Esta se plasma por medio de una imaginativa notación: en Játékok, como si de un gran laboratorio se tratara, experimenta con todo tipo de juegos propios y ajenos, en especial con aquellos que tienen que ver con el placer de la interpretación, siempre planteados desde un punto de vista absolutamente liberador. A través de ellos, el autor busca la implicación emocional del intérprete, demandándole su propia iniciativa, e inflamando su imaginación. En ellos se da una transmutación que va desde lo pedagógico a todo aquello que nos va enseñando la vida al recorrerla.

Condensación y exigencia

Otro aspecto crucial en la música de Kurtág es la referencia a la música de otros compositores, desde el medievo hasta la propia música contemporánea. Establece una especie de relación dialéctica con el pasado, que si bien puede ir desde el comentario a la crítica, la mayor parte de las veces sirve a modo de homenaje al autor referenciado, en un contexto renovado, en el que no deja de plantearse el significado cultural de esos préstamos. Sus referencias van desde alusiones a evocaciones de todos los géneros y estilos que, sin embargo, logra aunar en un universo particular que le hace único. De nuevo se trata de una sutil referencia a la vida íntima y privada, en la que adquiere especial relevancia el sentido de la pérdida. En ella se adivina cierta nostalgia, que se acentúa con el paso de los años, al aparecer esas vivencias reflejadas en su música.

Kurtág es un músico particularmente exigente con sus intérpretes y, también, como pedagogo, pero sobre todo consigo mismo. Contribuye a ello su profundo conocimiento cultural y humano, que permite que diversas capas de tradición aparezcan yuxtapuestas, dotando a sus obras de una intensa y característica condensación de musicalidad, y de un gran impacto comunicativo, pero a la vez de un alto grado de exigencia interpretativa.

“Yo les exijo a mis intérpretes exactamente lo mismo que me exijo a mí mismo: comprender la estructura de la pieza compuesta; la música ‘habla’, cuenta muchas cosas, tiene la misma sintaxis que el texto”, explica el propio Kurtág.

En muchos de sus conciertos, Kurtág, junto a Márta Kinsker, su esposa y compañera inseparable, ha interpretado las obras de grandes compositores en arreglos para piano a cuatro manos realizados por él mismo, que se entrelazan con sus propias obras creando un estilo único y original de interrelación de micro-formas y de técnicas y estéticas muy diversas, conducidas con una elegancia excepcional donde interpretación y composición están íntimamente relacionadas y marcan la esencia del estilo del maestro.

El premiado destaca el papel de su mujer en su carrera y en su obra: “Para mí su aprobación es muy importante porque ella se caracteriza por ser muy analítica, sumamente precisa y eso para mí es fundamental”.

Kurtág es miembro honorario de varias Academias de Europa y de Estados Unidos y compositor invitado en residencia en numerosas orquestas europeas, entre ellas la Filarmónica de Berlín. Ha recibido numerosos premios entre los que destacan el León de Oro de la Bienal de Venecia en 2009 y la medalla de oro de la Royal Philharmonic Society de Londres en 2013.

Sobre los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento

La Fundación BBVA fomenta, apoya y difunde la investigación científica y la creación artística de excelencia, en la convicción de que la ciencia, la cultura y el conocimiento son los fundamentos para construir un futuro mejor para las personas. Desarrolla su actividad en colaboración con las principales instituciones científicas y culturales nacionales e internacionales, buscando incentivar de manera singular los proyectos que desplazan significativamente las fronteras de lo conocido.

En 2008 la Fundación BBVA creó los premios Fronteras del Conocimiento para reconocer a los autores de avances particularmente sobresalientes en un amplio abanico de áreas científicas y tecnológicas, e incluyendo también un área tan expresiva de la creatividad cultural como lo es la música, disciplinas que responden al mapa del conocimiento en la última parte del siglo XX y en el presente. Los premios Fronteras del Conocimiento albergan también dos retos fundamentales del siglo XXI, el del cambio climático y la cooperación al desarrollo. Las ocho categorías incluyen áreas clásicas como las Ciencias Básicas (Física, Química y Matemáticas) y la Biomedicina; y otras más recientes y características de nuestro tiempo, desde las Tecnologías de la Información y la Comunicación, la Ecología y Biología de la Conservación, el Cambio Climático, la Economía, Finanzas y Gestión de Empresas, la Cooperación al Desarrollo y un área de las artes particularmente innovadora como la música clásica y del presente.

Los jurados de cada categoría están compuestos por destacados expertos en sus respectivas áreas, operando con completa independencia y utilizando los criterios internacionales de reconocimiento de la excelencia. En la organización de los premios la Fundación BBVA cuenta con la colaboración de la principal entidad pública española de investigación, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El CSIC designa Comisiones Técnicas de Evaluación, que llevan a cabo una primera valoración de las candidaturas y, posteriormente, elevan al jurado una propuesta razonada de finalistas. El CSIC designa también la presidencia de cada uno de los jurados.

En la categoría de Música Contemporánea la comisión evaluadora ha estado formada por Antonio Ezquerro Esteban, Tessa Wendy Knighton Bolton y Josep Martí Pérez, de la Institución Milá y Fontanals de Barcelona (CSIC), bajo la supervisión de José Antonio Berenguer Sánchez, coordinador para Ciencias Sociales y Humanidades del CSIC.

Jurado de Música Contemporánea

El jurado de esta categoría ha estado presidido por Philippe Albèra, director de Éditions Contrechamps (Francia), actuando como secretario Ranko Markovic, director del grado del Programa de Música de la Universidad de Arte de Zúrich. El resto del jurado ha estado integrado por Cristóbal Halffter, compositor, director, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (España) y Premio Fronteras del conocimiento en música en la edición de 2009; Martin Kaltenecker, catedrático de Musicología de la Universidad Diderot París VII (Francia); Tilman Kuttenkeuler, director gerente de la Orquesta Sinfónica de Radio Berlín (Alemania), y Paolo Pinamonti, director del Teatro de la Zarzuela (España).

Premiados en ediciones anteriores

En la pasada edición, el ganador fue Steve Reich, por “una nueva concepción de la música, apoyada en la utilización de elementos realistas, vinculados a la vida cotidiana, y elementos provenientes de las músicas tradicionales de África y Asia”. En la quinta edición, el premio se concedió a Pierre Boulez, por “la influencia tanto de sus composiciones como de su compromiso con la reflexión y transmisión de la música”. En la cuarta edición el galardón recayó en el compositor italiano Salvatore Sciarrino, por “renovar las posibilidades de la música vocal e instrumental y la singularidad de sus materiales sonoros”. En la tercera edición el galardón fue para Helmut Lachenman, por “haber ensanchado el mundo de los sonidos durante los últimos 50 años como lo ha hecho ningún otro compositor contemporáneo”. En la segunda edición, el ganador fue Cristóbal Halffter, por “haber contribuido desde finales de los años 50 y principios de los 60 a la reintroducción de la música española en el ámbito de la música contemporánea”.

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