Reportajes

Homenaje a Conrado del Campo en Madrid

Remitido
martes, 3 de marzo de 2015
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La Fundación Juan March, con sede en Madrid, quiere recordar este mes de marzo al compositor español Conrado del Campo con un ciclo de conciertos, que se inicia el miércoles 4 de marzo y que incluye la representación, los días 11, 13, 14 y 15 de marzo de Fantochines, ópera de cámara en un acto con libreto de Tomás Borrás y música de Conrado del Campo, en una coproducción con el Teatro de la Zarzuela.

En las mañanas de los días 10, 12 y 16 de marzo, habrá en la propia sede de la Fundación funciones didácticas para alumnos de secundaria de esta ópera, que forman parte de la programación pedagógica del Teatro de la Zarzuela.

La figura de Conrado del Campo (1878-1953) parece encontrarse en una posición incómoda en la historia reciente de la música española. Por un lado, la influencia de su prolongado magisterio, en su triple labor como docente, compositor e intérprete, fue ampliamente reconocida en su época. Pero por otro, su obra apenas alcanzó la esfera pública, quedando con frecuencia restringida a estrenos privados. La falta de obras impresas y la densidad de su escritura parecen responder a esta invisibilidad que este ciclo quiere contribuir a remediar.

El miércoles 4 de marzo, el Garnati Ensemble (Pablo Martos, violín, Yuval Gotlibovich, viola, y Alberto Martos, violonchelo), ofrece de Conrado del Campo, el Trío nº 1 (primera interpretación en tiempos modernos), el Trío nº 2 y el Movimiento en Mi menor para trío de cuerda (ambos estrenos absolutos), y dos obras de Manuel Rodeiro (1965) y Ramón Paus (1959) (estreno absoluto).

El miércoles 18 de marzo, el Cuarteto Bretón (Anne-Marie North, violín I, Antonio Cárdenas, violín II, Iván Martín, viola, y John Stokes, violonchelo) ofrece obras de Joaquín Turina, Jean Sibelius y Conrado del Campo, con la primera interpretación en tiempos modernos del Cuarteto nº 1 en Re menor Op. 56 “Oriental”.

El miércoles 25 de marzo, la mezzosoprano Anna Tonna y el pianista Jorge Robaina ofrecen varias obras de Conrado del Campo (con un estreno absoluto y una primera interpretación en tiempos modernos), Jaume Pahissa, Andrés Isasi, Richard Wagner, Julián Bautista, Gerardo Gombau, Enrique Casals-Chapi y Richard Strauss.

Fantochines

La representación de Fantochines es el segundo título de la serie dedicada al Teatro Musical de Cámara (en la temporada anterior la Fundación Juan March la inició con la representación de Cendrillon).

Desde su estreno en 1923, Fantochines ha conocido una notable repercusión internacional, con representaciones en varios puntos de España, Argentina, Francia y Bélgica; un éxito que contrasta con su práctica desaparición posterior de los escenarios. Concebida para ocho instrumentistas y tres cantantes, es una ópera de marionetas que remite a las mascaradas venecianas y a la estética dieciochesca, insertándose en el espíritu neoclásico del que también participan obras contemporáneas como El retablo de Maese Pedro de Falla. Conrado del Campo compuso, así pues, una ópera de cámara de ambiente dieciochesco y veneciano donde el diálogo entre títeres y cantantes crea un sutil juego de perspectivas, realidades y engaños.

Para desarrollar este proyecto de teatro musical, el habitual salón de actos de la Fundación Juan March se transforma en un pequeño teatro.

La trama, introducida por el Titerero, es una frívola intriga amorosa que se resuelve con una anagnórisis final: Doneta, una joven curtida en artes amatorias, recibirá una importante herencia si se casa con el narcisista Lindísimo. Este inventa un pretexto para evitar la boda, pero la astuta Doneta, ayudada por su tutora, Doña Tía, consigue urdir una estratagema con la que hará caer en sus redes al engreído protagonista masculino. Fantochines -un significativo ejemplo de las tendencias innovadoras que se dieron en el teatro musical de los años veinte- cuenta con la peculiaridad de que los personajes aparecen “desdoblados”: los títeres son una deformación de los personajes humanos.

Para esta coproducción de la Fundación Juan March y del Teatro de la Zarzuela ha sido necesario preparar una edición crítica de la partitura, inexistente hasta la fecha, a partir de los instrumentos autógrafos.

La dirección de escena e iluminación de Fantochines está a cargo de Tomás Muñoz, mientras la direccón musical recae en José Antonio Montaño. El reparto incluye a Sonia de Munck (soprano, Doneta), Borja Quiza (barítono, Lindísimo), Fabio Barrutia (barítono, El titerero) junto a la una orquesta de cámara compuesta por solistas de la ORCAM: flauta, violines, viola, violonchelo, contrabajo, xilófono y piano. El pianista repetidor es Borja Mariño

La dirección escénica, que corre a cargo de Tomás Muñoz (quien ya se ocupó del montaje de Cendrillon durante la temporada pasada), incluye un teatro de títeres y una rampa que evoca el teatro italiano y enfatiza las distintas magnitudes morales de los personajes. Además el aspecto de los títeres reproduce los rasgos físicos de los cantantes que les ponen voz.

El libreto preparado para esta ocasión incluye textos elaborados por el propio Tomás Muñoz, por el crítico musical Tomás Marco y por el Departamento de Actividades Culturales de la Fundación Juan March, que se completan con galerías fotográficas y los textos completos de las críticas aparecidas entre 1923 y 1935, que se pueden consultar en la web de la Fundación.

La función de Fantochines del miércoles 11 de marzo se transmite en directo por Radio Clásica de RNE y será grabada por TVE.

Teatro Musical de Cámara

Con esta segunda obra de la serie de Teatro Musical de Cámara, la Fundación Juan March continúa la labor iniciada en 2014 con Cendrillon, de Pauline Viardot. Este formato quiere dar visibilidad a un importante corpus dramático-musical que, por sus características, no tiene cabida habitual en los teatros de ópera convencionales.

En mayo, los días 6, 8, 9 y 10, habrá una nueva sesión de Teatro Musical de Cámara con la representación de Los dos ciegos, de Barbieri, y de Une éducation manquée, de Chabrier.

El desarrollo de los géneros cómicos de teatro musical culminó, en el último tercio del siglo XIX, con el triunfo del teatro por horas, un modelo de programación consistente en la representación de una serie de piezas de pequeño formato. Se considera que este sistema teatral se inauguró con Los dos ciegos, un entremés de Barbieri basado en una opereta de Offenbach de la que, incluso, reaprovecha uno de los números musicales. La opereta francesa fue motivo de inspiración para libretistas y compositores, que adaptaron numerosas obras al contexto español. Por ello, tiene particular sentido que el entremés de Barbieri se represente junto con la opereta de Chabrier.

Basado en una opereta de Offenbach, el entremés Los dos ciegos (1855) de Barbieri narra la cómica vida de dos pícaros que, fingiendo ser ciegos, compiten por las limosnas de los viandantes. Por su parte, la opereta Une éducation manquée (1879) de Chabrier cuenta la historia de una pareja de recién casados y su estrafalario tutor, quien se afana por completar la educación truncada de los jóvenes esencial para su nueva vida. En esta producción la escena transcurre en una vieja estación abandonada del Metro de Madrid, en donde conviven una curiosa mezcla de personajes olvidados en el tiempo: viajeros desorientados, vendedores ambulantes, músicos y mendigos.

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