Discos

Oráculo Donaueschingen 2012

Paco Yáñez
lunes, 9 de marzo de 2015
Martin Smolka: My My Country. Arnulf Herrmann: durchbrochene Arbeit. Bernhard Gander: hukl. Frank Bedrossian: Itself. Stefan Prins: Generation Kill. Yoav Pasovsky: Mimshak. Johannes Kreidler: Der “Weg der Verzweiflung” (Hegel) ist der chromatische. Klaus Schedl: Selbsthenker II - durch die Wand ins Gehirn. Clemens Gadenstätter: Sad Songs. Malin Bång: kobushi burui. Georg Katzer: after Carroll (Jabberwocky). Beat Furrer: linea dell’orizzonte. Nadar Ensemble. Ensemble Nikel. ensemble asamisimasa. ensemble ascolta. SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Rupert Huber y François-Xavier Roth, directores. Armin Köhler y Wulf Weinmann, productores. Irmgard Bauer, Doris Hauser, Klaus-Dieter Hesse, Ute Hesse, Wolfgang Rein, Axel Sommerfeld y Christof Wurster, ingenieros de sonido. Tres SACDs DDD de 197:37 minutos de duración grabados en Donaueschingen (Alemania), del 19 al 21 de octubre de 2012. NEOS 11303-05. Distribuidor en España: Sémele Proyectos Musicales.
0,0004004 Regresamos una semana más al oráculo de las Donaueschinger Musiktage, otra vez de la mano del sello alemán NEOS, que en este caso nos presenta la edición del año 2012, especialmente centrada en la música de cámara, confrontando diversos usos de la tecnología en la música de hoy.

El primer SACD se abre con Martin Smolka (Praga, 1959) y su partitura para orquesta My My Country (2012), cuyo título nos pone sobre la pista de una de las obras más emblemáticas de la música checa: Má Vlast, de Bedřich Smetana. My My Country está dedicada al padre de Martin Smolka, el también compositor, historiador y musicólogo Jaroslav Smolka, que según su hijo dedicó toda una vida al estudio de «cada nota» de Má Vlast; pasión que dice le contagió y ahora se filtra, a su vez, en las notas de esta partitura tripartita en memoria de su padre, cuyo repiqueteo continuo en las teclas de su máquina de escribir se escucha en la música de Smolka hijo, que habla de éste como del sonido que más recuerda de su infancia. Por lo demás, la patria que dibuja Smolka en 2012 resulta más densa, impenetrable y desasosegante que la pintada por Smetana entre 1874 y 1879. Si en Smetana la melodía es la base de su discurso musical, en Smolka lo será el trabajo armónico microtonal. Smolka reivindica plenamente la consonancia, los que llama esplendores musicales del pasado, pero filtrados a través de las que denomina fascinantes innovaciones del siglo XX. De este modo, el compositor presenta como tema principal, a nivel técnico, el estudio de la forma microtonal de la escala cromática, ya sea explorando intervalos no convencionales, creando capas discrepantes, clústers de microtonos, etc.; todo ello revelando formas de danza y una progresiva unificación de la consonancia, que en todo caso suena suspendida, frágil, con una inestabilidad en su construcción de corte pictórico. La scordatura, los acordes no temperados, así como el uso (tan protagonista en el final de la obra) del tecleo de la máquina de escribir, enriquecen un cerrado paisaje microinterválico dominado por las cuerdas, convocando ecos de diversos tiempos.

Arnulf Herrmann (Heidelberg, 1968) presenta algunos asomos cercanos a Smolka en durchbrochene Arbeit (2012), un ‘trabajo compartido’ orquestal, como su título indica, que se va progresivamente despojando desde la gran orquesta inicial hasta poco más que una plantilla de cámara. Las texturas, aunque aquí no se sinteticen por grandes masas microtonales, presentan un enrarecimiento sonoro constante, una fantasmagoría basada en una explotación de la repetición y la variación de los acompañamientos de estos motivos expuestos una y otra vez: un proceso en el que, como afirma Herrmann, se procede al modo de la arquitectura gótica, quedando en la base los grandes bloques, las sonoridades más graves y pesadas, para erigirse hacia las naves superiores, hacia la luz, los motivos más refinados, etéreos y pulidos, ya finalmente despojados de los grandes aparatos orquestales, labor de especialistas, de solistas de cámara, que exponen esas fantasmagorías, una suerte de gárgolas que recuperan una melodía espectral.

El austriaco Bernhard Gander (Lienz, 1969) continúa el recorrido orquestal del primer SACD con hukl (2012), partitura que expande materiales e ideas del cuarteto de cuerda khul (2010), obra que ya visitó nuestro diario por medio de la grabación de la misma que el Arditti Quartet registrara en 2011 (Kairos 0013272KAI). En aquel momento decíamos que «en el caso de khul, las energías y lo gestual adquieren gran peso, a través de técnicas extendidas que configuran un manejo de las fuerzas y la presión más física sobre los instrumentos». Esto se vuelve a dar en la obra orquestal, que de nuevo juega con el orden de las letras del superhéroe Hulk, al que estas piezas se refieren: a su contaminación en un laboratorio científico; algo que en la orquesta del austriaco da lugar a contaminaciones recíprocas entre los instrumentos, a indefiniciones tímbricas, a momentos de violencia, a un final de banda sonora, con sus rayos y efectismo, lo que nos acaba distanciando un tanto de ciertos planteamientos que rozan lo banal.

Otro universo supone la última obra del primer disco: Itself (2012), pieza del francés Franck Bedrossian (París, 1971) que nos conduce, en mi opinión, al estilo más actual e interesante de las propuestas orquestales incluidas por NEOS en este cofre. Como en el caso de Bernhard Gander, también Itself expande materias camerísticas de su autor a un gran formato, en este caso desde It (2004-07), pieza influida por el jazz, Gérard Grisey y el Art Brut, dando como resultado una partitura característica de lo que se ha dado en llamar ‘música saturada’. Bedrossian aborda aquí la saturación desde los ámbitos del exceso y el color, provocando acumulaciones y capas discrepantes que producen distorsiones de la materia sonora, aunque también abunden (más que en otras de sus obras) pasajes muy despojados, compases de amenazadora quietud, en los que se van precipitando reverberaciones y fraguando nuevos procesos de masividad. La partitura acaba, así, funcionando como grandes bloques de contrastes; aunque, completando un disco que no depara en lo orquestal muchas novedades, diría que en el Bedrossian camerístico encontramos más interés que en esta pieza orquestal.

Los restantes compactos están íntegramente dedicados a la música de cámara, y abundan en lo que NEOS recuerda tema de Donaueschingen en 2012: los usos y sentidos de lo tecnológico en la creación musical actual. Desde este punto de vista, si dos partituras resultan antitéticas, éstas son Generation Kill (2012), del belga Stefan Prins (Kortrijk, 1979), y kobushi burui (2012), de la sueca Malin Bång (Gotemburgo, 1974). Ambas han visitado ya nuestro diario, con motivo de sus respectivos estrenos en España a cargo del ensemble gallego Vertixe Sonora (reseñas a las que nos remitimos para una explicación más detallada de estas piezas). Frente al tecnologicismo de Prins (que con Generation Kill fue uno de los triunfadores en Donaueschingen 2012), en el que puede más lo técnico que lo puramente musical (además de lastrarse la experiencia de la obra sin su parte visual -nuevo error por parte de NEOS, el no presentar este tipo de obras en DVD/BD-), Bång aborda lo mecánico en las ‘low-tech’ aplicadas a la música; ambas lecturas con muy buenos resultados, aunque la experiencia en vivo, especialmente de Generation Kill, es la única forma de extraer de esta propuesta todo su potencial. En favor de esta lectura, frente a la de Vertixe, una definición electrónica más precisa y definida, que le hace ganar puntos. En Bång me quedo con el grupo gallego.

Tras escuchar las crepitantes sonoridades de Stefan Prins, su agresividad e imaginación textural, recalar en Mimshak (2012), del israelí afincado en Berlín Yoav Pasovsky (Haifa, 1980), supone adentrarse en la serenidad, además de en otro modo de entender la relación electrónica-acústicos, a través del envío se sonoridades electrónicas al interior de los instrumentos por medio de pequeños altavoces, tomando la caja de resonancia del instrumento como ágora de reverberaciones donde cohabitan y se sintetizan tanto lo electrónico como el sonido propiamente acústico, dando como resultado una intrincada fusión de medios que, sin embargo, y pese a responder a un lenguaje plenamente actual, estéticamente no produce una gran emoción en sus logros.

Coetáneo de Pasovsky, el alemán Johannes Kreidler (Esslingen, 1980) también introduce lo electrónico en Der “Weg der Verzweiflung” (Hegel) ist der chromatische (2012), por medio de lo que denomina la emoción y expresionismo de las ondas sinusoidales (algo que podría haber firmado el mismísimo Stockhausen), así como señales de radio, con lo que abre su pieza a los imaginarios sonoros colectivos. Tirando de Hegel y su Fenomenología del espíritu, Kreidler afirma que «sólo puede superarse la desesperación a partir de una completa desesperación», y el compositor alemán parece desesperarse acústicamente por medio de un abigarradísimo collage de samplers, aperturas al dial, fragmentos instrumentales en vivo, vídeo (de nuevo vuelve a omitirse una parte sustancial en la conformación de la pieza: error de edición), etc. No poco humor destila Der “Weg der Verzweiflung” (Hegel) ist der chromatische, ironía y hasta desquiciamiento: un tour de force de estrés auditivo, un palimpsesto de estilos musicales y técnicas de producción sonora, una masa inasible que experimenta flujos de transformación constante, por lo que costaría categorizar (¿hemos de hacerlo?) el resultado final en un género musical; y ahí está una de sus virtudes con respecto a lo que Kreidler se propone: colocarnos en el epicentro de los estratos, de la polimorfia que compone la música de nuestro tiempo; no sólo en el oráculo de Donaueschingen, sino en discotecas, medios de comunicación, hogares, bares, etc. En este sentido, pocas partituras más omnicomprensivas se habrán escuchado recientemente (con un punto Bernd Alois Zimmermann: otro retratista de realidades desesperantes).

Klaus Schedl (Stuttgart, 1966) también persigue una directa vinculación de su entorno con su música, al proyectar sobre Selbsthenker II - durch die Wand ins Gehirn (2012) fragmentos de sonoridades que lo rodean, sin establecer jerarquías entre ruido y sonido organizado, entre lo tonal y lo atonal; sólo procurando la verosimilitud de ese reflejo y su potencia expresiva. Surgida desde una suerte de pedal en color oscuro, conformado por un magma grave de naturaleza electrónica, Selbsthenker II evoluciona a través de lo que Schedl dice desvinculación con los modelos clásicos de composición, por medio de acumulación de materiales y reverberaciones entre ellos. La pieza adquiere perfiles cada vez más grotescos, y la incursión de la voz remite al heavy metal más cavernoso, con todo un crepitar de zumbidos, golpeos y reverberaciones que deben no poco al rock progresivo; dando lugar a lo que parece materialización de fábricas y artefactos mecánicos. Si Schedl pretende eludir las categorías lógicas a la hora de analizar su obra, desde luego que lo consigue, situando sus sonoridades en un estrato arcaico y primordial, donde prima la violencia de lo atávico.

El austriaco Clemens Gadenstätter (Zell am See, 1966) procura un proceso de evolución en Sad Songs (2011-12) desde un conjunto de sensaciones y gestos asociados a la tristeza, procediendo a transformar este estado en esperanza. Para ello, despliega todo un marasmo de sonoridades que pretende provoquen relaciones polimodales a partir de dos conceptos de la moderna investigación cognitiva: las Weak Synaesthesias y las Embodied Perceptions. La comprensión y la escucha deberían, de este modo verse activadas, haciendo de la composición un acto de re-aprendizaje, de modificación de lo convencional a través de su creador... Más allá de todo este discurso teórico metacompositivo, Sad Songs es una pieza que explora los timbres en un ensemble de plantilla poco frecuente: saxofones, guitarra eléctrica, percusión y piano. Sin duda, la percepción se ve activada por unos procesos texturales como los desplegados por Gadenstätter; otra cosa son sus propiedades ‘salutíferas’ con respecto a la tristeza...

Mientras que algunas de las partituras en este cofre escuchadas hacen un amplio uso de los semitonos, Georg Katzer (Habelschwerdt, 1935), en after Carroll (Jabberwocky) (2012), los rehuye, usando lo que él mismo califica de extenso material sonoro para dar lugar a un caprichoso juego sobre el particular lenguaje de Lewis Carroll en el poema Jabberwocky. Katzer toma el enrevesado universo literario de Carroll, sus retruécanos y particulares construcciones, para tramar una pieza para soprano y ensemble que acaba hibridando el mundo del cabaret postschönberguiano con la música rock: explosivo cóctel que, sin embargo, no acaba de resultan en demasía convincente.

Cierra esta selección de las Donaueschinger Musiktage 2012 el suizo Beat Furrer (Schaffhausen, 1954) con linea dell’orizzonte (2012), pieza cinética, móvil, huidiza, en la que la luz, la perspectiva y sus sombras son temas principales de un estudio sonoro en el que los planos y la relación figura/fondo son primordiales, con un continuo desdoblamiento de las voces desde el ensemble, con el que acaban conformando una suerte de pequeño concierto de solistas. Pieza de virtuosismo e inmaculada técnica, resulta un tanto fría, pero al tiempo atractiva por su refinada estructura de voces.

Aunque ya hemos anticipado algunos apuntes con respecto a las interpretaciones, éstas son realmente notables, ya sea el apartado orquestal, con la sobresaliente orquesta de la SWR Baden-Baden und Freiburg, o el camerístico, contando el cofre con ensembles no en exceso conocidos a nivel discográfico, como el Nadar, el Nikel, el asamisimasa, o el ascolta. El hecho de que sean estos conjuntos los que han trabajado las partituras con los compositores, ofreciendo aquí sus estrenos mundiales, los legitima, además de mostrar las excelencias que destilan tantos de estos jóvenes grupos a lo largo y ancho de Europa.

Las tomas de sonido, de nuevo a cargo de la SWR y editadas en SACD, son excelentes. Como también hemos señalado a lo largo de la reseña, peca NEOS (algo que empiezan a superar -tímidamente- sellos como mode, col legno o Kairos) de falta de imagen en las obras audiovisuales, amputando parte de su naturaleza. El libreto aporta textos muy informativos a cargo de los compositores y el habitual atractivo diseño del sello alemán. Volveremos a la alfaguara musical de Donaueschingen, para dar cuenta de su edición del año 2013, de nuevo con un buen puñado de estrenos mundiales en su primera grabación; por tanto, capítulos inesquivables de nuestro presente musical.

Estos discos han sido enviados para su recensión por La Quinta de Mahler.
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