Alemania

¿Amanecer o crepúsculo?

Xoán M. Carreira
miércoles, 5 de agosto de 2015
Fránkfurt, domingo, 5 de julio de 2015. Ópera de Fránkfurt. Der Rosenkavalier, comedia musical en tres actos de Richard Strauss (estreno: Ópera Real de Dresde, 26 de enero de 1911). Libreto de Hugo von Hofmannsthal. Claus Guth, dirección escénica. Christian Schmidt, decorados y vestuario. Olaf Winter, iluminación. Norbert Abels, dramaturgia. Intérpretes: Amanda Majeski (Die Feldmarschallin), Bjarni Thor Kristinsson (Baron Ochs), Paula Murrihy (Octavian), Christiane Karg (Sophie), Dietrich Volle (Herr von Faninal), Barbara Zechmeister (Marianne Leitmetzerin), Peter Marsh (Valzacchi), Sharon Carty (Annina), Mario Chang (cantante italiano) y otros. Coro (Tilman Michael, director) y Coro Infantil de la Ópera de Fránkfurt (Markus Ehmann, director). Frankfurter Opern- und Museumorchester. Sebastian Weigle, director musical.
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Der Rosenkavalier (1911) fue concebido como una comedia refinada e irónica sobre la alta sociedad de Viena, cuyo paisaje musical viene representado por el vals. Entre los tópicos sobre esta ópera deliciosa se encuentran que es una especie de exquisito álbum de valses orquestales, que es el paradigma musical de la Sezession vienesa, y que es la parábola por antonomasia del fin de una época. Como acostumbra a suceder con los tópicos, los tres discursos son falsos, o por lo menos totalmente ajenos a las intenciones de von Hofmannsthal y Strauss. Pero como buenos tópicos están fundamentados en percepciones bastante obvias. Como es bien sabido, las obras de arte no son lo que deciden sus autores sino lo que en ellas ve el espectador, y entre la naturaleza de las obras maestras está el ser multifacéticas (no tanto el ser complejas, digan lo que digan los estéticos canónicos). La mujer de Roger Rabitt lo expresó magistralmente con su famosa frase de: "no soy mala, es que me han dibujado así". Y al igual que le sucede a este hermosísimo personaje, ni siquiera los mayores detractores de Der Rosenkavalier pueden negar su belleza. Y esta belleza deslumbrante convierte en necios los debates sobre si esta ópera marca el fin de una época (el Romanticismo) o el inicio de otra (el Neoclasicismo), si es una ópera crepuscular o una premonición de la vanguardia de posguerra. Debatir estas cosas equivale a polemizar sobre si Don Quijote se muere porque se vuelve cuerdo o Alonso Quijano recupera la cordura porque se muere, por más que resulte una cuestión fascinante (no en vano la planteó Gonzalo Torrente Ballester en una de sus más lúcidas gamberradas intelectuales y sin mostrar el menor interés por la respuesta).

Cuando se trabaja con una obra maestra cualquier opción sirve menos las estúpidas, que son las más frecuentes. No es en absoluto el caso de esta producción de Claus Guth estrenada en la Ópera de Fránkfurt el 24 de mayo de 2015 con una excelente recepción por parte del público. Sin olvidar en ningún momento que Der Rosenkavalier es una comedia muy graciosa, Guth no renuncia a la metáfora sobre la perspectiva crepuscular y ubica la acción en un sanatorio (o balneario) y hace que la Mariscala muera al final de la ópera tras devolver su libertad a Octavian. Ni es la primera vez que se hace algo semejante ni será la última, pero en esta ocasión vale la pena el experimento porque esta puesta en escena no renuncia al lujo en la decoración ni al primor y elegancia en el vestuario, que son expectativas legítimas de todo aquel que se sienta en su butaca a ver Der Rosenkavalier.

Amanda Majeski (Die Feldmarschallin) y figurantes en 'Der Rosenkavalier' de Strauss. Dirección musical, Sebastian Weigle. Dirección escénica, Claus Guth. Ópera de Frankfurt, julio de 2015

Además se trata de una producción de coste razonable, como corresponde en decencia a los tiempos que corren. Un ascensor/ puerta de acceso/ barrera entre dos mundos es el principal elemento escénico y Schmidt consigue llenarlo de simbología y significados. Súmese una espléndida dirección actoral de Norbert Abels y una iluminación tanto más afortunada cuanto discreta de Olaf Winter y tendremos la medida exacta de una producción que promete mantenerse en el repertorio de la Ópera de Fránkfurt en futuras temporadas. Y confiemos en que pronto esté disponible en vídeo para solaz de amantes del teatro musical en general y de straussianos en particular.

Amanda Majeski debutaba en el papel de La Mariscala, a pesar de lo cual en la función a la que asistí parecía tener larga experiencia en este rol, además de evidenciar que ha estudiado y asimilado las creaciones de las grandes Mariscalas y las tradiciones interpretativas de este personaje sutil y rocoso a la vez. Majeski consigue algo reservado a las grandes, que la percibamos omnipresente en escena en una obra en la cual la protagonista a menudo no está sul palco.

Bjarni Thor Kristinsson (Baron Ochs), Christiane Karg (Sophie) y Paula Murrihy (Octavian) en 'Der Rosenkavalier' de Strauss. Dirección musical, Sebastian Weigle. Dirección escénica, Claus Guth. Ópera de Frankfurt, julio de 2015

También debutaba Murrihy en el papel de Octavian, muy apropiado a su lirismo y presencia escénica. Su partenaire, Christiane Karg, premiada en el Concurso Viñas de 2008 y ECHO Klassik a la mejor cantante joven en 2010, es lo que tiene que ser una Sophie: una adolescente enamoradiza y romántica, a la vez que muy dispuesta a obtener lo que quiere (una Rosina 'fin de siglo'). Una pareja deliciosa por tanto, que se metió al público en el bolsillo.

Bjarni Thor Kristinsson (el Baron Ochs) es un cantante al que he escuchado en otras ocasiones, incluso en este mismo rol. Es un profesional honrado, flexible, seguro y entregado, lo cual justifica sobradamente su amplia agenda de compromisos desde Barcelona a Tokio, pasando por Berlín y Viena. De nuevo me sentí un poco decepcionado con este bajo islandés de gran potencia vocal y buenas dotes histriónicas: me da la impresión de estar jugando al Siete y medio, o se pasa o no llega. Hace cinco años, en Colonia, me había parecido una caricatura de la rijosidad y la zafiedad de Ochs y ahora, en Fránkfurt, añoré esos mismos defectos en su personaje. Cierto es que un intérprete dócil como Kristinsson sigue sin problemas las indicaciones de los directores y que eso es positivo, pero no lo es tanto intentar siempre hacer las cosas al limite cuando se es simplemente un artista competente.

Bjarni Thor Kristinsson (Baron Ochs, Mitte), bailarines y figurantes en 'Der Rosenkavalier' de Strauss. Dirección musical, Sebastian Weigle. Dirección escénica, Claus Guth. Ópera de Frankfurt, julio de 2015

Bjarni Thor Kristinsson (Baron Ochs, Mitte), bailarines y figurantes en 'Der Rosenkavalier' de Strauss. Dirección musical, Sebastian Weigle. Dirección escénica, Claus Guth. Ópera de Frankfurt, julio de 2015 © Monika Rittershaus, 2015

Dietrich Volle es un cantante todoterreno muy conocido en la ópera de Fránkfurt, a cuyo elenco perteneció. Debutaba -con evidentes ganas de triunfar- como Herr von Faninal, un rol en el que se encuentra muy cómodo. Espléndido, como es habitual, el grupo de cantantes del elenco franconiano, mereciendo especial mención el veterano Peter Marsh (Valzacchi) y el joven tenor guatemalteco Mario Chang (cantante italiano) -ganador de Operalia 2014 y en su primera temporada en Fránkfurt- disfrutó y nos hizo disfrutar en su breve pero importante papel. Der Rosenkavalier requiere un coro que sepa actuar y moverse en escena, antes que una agrupación virtuosa. Una vez más, los coros franconianos mostraron su ductilidad y buen hacer.

Fue un lujo contar con la dirección de Sebastian Weigle, el director musical de la Ópera de Fránkfurt, que tan bien se entiende con su espléndida orquesta de foso. La partitura de Der Rosenkavalier está repleta de primores tímbricos, joyas de la orquestación y momentos extraordinariamente emotivos que Weigle identifica y aísla con precisión, para luego poner su interpretación al servicio de la concertación y de la dramaturgia. Un lujo que no puedo dejar de recomendar a los lectores que tengan previsto viajar a Fránkfurt en los próximos meses.

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