Austria

Ifigenia en Lesbos

Agustín Blanco Bazán
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Salzburgo, lunes, 24 de agosto de 2015. Haus für Mozart. Iphigenie en Tauride, tragedia en cuatro actos con libreto de Nicolas-François Guillard y música de Christoph Willibald Gluck. Moshe Leiser, Patrice Caurier, Regie. Christian Fenouillat, escenografía. Agostino Cavalca, Vestuario. Christian Arseni, Dramaturgia. Intérpretes: Cecilia Bartoli, Iphigénie. Christopher Maltman, Oreste. Rolando Villazón, Pylade. Michael Kraus, Thoas. Rebeca Olvera, Diane. Rosa Bove, mujer griega. Marco Saccardin, Escita. Walter Testolin, Ministro. Laura Antonaz, Elena Carzaniga, Mya Fracassini, Caroline Germond, Elisabeth Gillming, Marcelle Jauretche, Francesca Lanza, Silvia Piccollo, Nadia Ragni, Brigitte Ravenel, Sacerdotisas. Coro della Radiotelevisione Svizzera, Lugano. I Barocchisti bajo la dirección de Diego Fasolis. Festival de Salzburgo 2015
9,74E-05

Mas a la actual Lesbos que a la mitológica Tauride hace acordar este galpón oxidado dentro del cual desesperan los pocos refugiados contemporáneos que deben repartirse tres camastros y un montón de ropa sucia. Durante su primer aria Ifigenia trata de suicidarse estrangulándose con un jersey que ata a una de las camas pero los demás la contienen justo a tiempo. ¡Qué diferencia con aquella majestuosa Regine Crespin conjurando la tormenta como un oráculo sobre una plataforma móvil en la puesta del Colón de Buenos Aires en 1964, que hoy puede escucharse en Youtube!  ¡Y qué diferencia la voz abierta, clara y soberanamente impostada de  Crespin con el timbre aterciopelado, oscuro y sobre articulado de Cecilia Bartoli!

Lo cual no quiere decir que Bartoli no interprete una Ifigenia descollante en el cincelado de cada vocal y cada frase. Y es aquí donde todos, absolutamente todos los cantantes de esta puesta salzburguense de Moshe Leiser y Patrice Caurier se lucen en un decantado servicio a la palabra cantada. En esta versión el canto se somete a la poesía del libreto con implacable precisión e intensidad y una articulación que hace innecesarios los sobretítulos para quienes entienden francés. El complemento es una orquesta de instrumentos de período magistralmente crispada en su acentuación de detalles. Quién mas se beneficia en esta producción es Christopher Maltman, que redondea un Oreste antológico en su densidad y proyección vocal y su doliente declamación. Pocas veces llega a verse en la escena operística un cantante actor capaz de entonar dolor y estoicismo en forma mas convincente. Similarmente logrado resulta el Thoas de Michael Kraus, un barítono de timbre penetrante y cálido. Rolando Villazón emite un Pylade similarmente convincente en actuación con voz bien apoyada en el registro medio y de suficiente squillo en el passaggio.

En las antípodas de la tradición sinfónica francesa decimonónica en la interpretación de Glück con que George Sebastien acompaña a Crespin se ubica Diego Fasolis al frente del coro de la Radio y televisión suiza y el conjunto instrumental I Barocchisti. Su interpretación no tiene tal vez la grandeza o el hieratismo de Sebastien, pero aventaja a esta última al reemplazar una retórica de ejecución estática y en algunos momentos anquilosada por una urgencia de vitalidad casi mozartiana. Sí, como lo leen. Esta Ifigenia hace acordar a veces a Idomeneo. Frente a algunos puristas empecinados en criticar por ello a Fasolis puede argumentarse como sigue: si lo que Glück quería es una acción destinada a revitalizar la poesía con un incisivo acompañamiento musical, no cabe duda que Fasolis dio en el clavo. En este sentido cuesta imaginarse un Glück mas auténtico y convincente.

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