España - Galicia

Equilibrio natural

Alfredo López-Vivié Palencia
viernes, 30 de octubre de 2015
Santiago de Compostela, martes, 20 de octubre de 2015. Salón Teatro. Fernando Buide del Real y Federico Mosquera Martínez: Elementa! (estreno mundial). Zoar Ensemble (Joan Ibáñez, flauta; David Villa, oboe; Antonio Suárez, clarinete; Benjamín Iglesias, trompa; Álex Salgueiro, fagot). Alfonso Rivera y Xiana Vilas, teatro físico. Ana Inés Jabares, escena. Ocupación: 100%
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Ambiente de fiesta en un Salón Teatro lleno hasta la bandera para asistir, en el marco de las Jornadas de Música Contemporánea 2015, a la creación mundial de Elementa! de los compositores gallegos Fernando Buide (Santiago de Compostela, 1980) y Federico Mosquera (A Coruña, 1986); obra comisionada por el Centro Nacional de Difusión Musical y por el Zoar Ensemble. Pero también ambiente de máxima concentración durante la hora de reloj que dura el espectáculo por parte de un público muy heterogéneo, entre quien llama la atención la presencia de numerosos músicos. 

Según el programa de mano, el objetivo del proyecto es referir “la mágica fuerza primigenia de los elementos”, resultado de “interrelacionar conceptos tan diversos, pero a la vez tan próximos (como) los cuatro elementos, las cuatro estaciones del año, los doce meses, las doce fases de la luna, los doce signos del zodíaco, los doce vientos y las cuatro edades del hombre”. Su realización corre a cargo, en lo musical, del quinteto de viento que forma el ensemble Zoar (formado por instrumentistas ligados de una u otra forma a la Orquesta Sinfónica de Galicia), y en lo visual de Ana Inés Jabares, creadora de la escena para el teatro físico de Alfonso Rivera y Xiana Vilas.

A estas alturas, ya es largo el debate acerca de cómo renovar la presentación de los espectáculos de música “clásica”, y sobre la intervención en ellos de elementos visuales, habida cuenta de la fundamental importancia de la imagen en nuestra actual etapa cultural. Sin que hasta ahora existan conclusiones definitivas al respecto -caso de haberlas alguna vez-, sí está claro que la conjunción del factor sonoro con el visual nunca puede servir para disimular la (mala) calidad de cualquiera de ellos. Y creo que en estos Elementa! los proveedores y los ejecutores tanto del sonido como de la imagen han sido muy conscientes de ello. 

Elementa! de Buide y Mosquera. Estreno mundial: Santiago de Compostela, 20 de octubre de 2015Elementa! de Buide y Mosquera. Estreno mundial: Santiago de Compostela, 20 de octubre de 2015 © Cris Andina, 2015

En la música, los compositores se han repartido el trabajo: Fernando Buide se ha encargado de “Aqua et Aer”, y Federico Mosquera de “Ignis et Terra”. Ambos emplean un lenguaje que resulta asequible para el público en general, con muy escasos excursos a todo aquello que no sea emitir notas en los cinco instrumentos que intervienen. Buide construye con sonidos ondulantes un discurso más pausado y más continuado -son perfectamente distinguibles las transiciones entre un episodio y otro-; mientras que Mosquera es más abrupto en la separación de sus bloques, y también más variado tímbricamente -por el recurso alternativo a los instrumentos más graves en las cuatro maderas-. Pero ambas partes encajan en un todo. Y los miembros de Zoar interpretaron con seguridad una música que está bendecida de principio a fin por la transparencia. 

Elementa! de Buide y Mosquera. Estreno mundial: Santiago de Compostela, 20 de octubre de 2015. Elementa! de Buide y Mosquera. Estreno mundial: Santiago de Compostela, 20 de octubre de 2015. © Cris Andina, 2015

En la escena, Jabares crea una atmósfera igualmente transparente, con un celofán que al principio separa a los músicos de los actores-bailarines, y del que ellos mismos cobran vida en el invierno; con unas pocas telas que caen de lo alto del escenario para simbolizar la unión y desunión de hombre y mujer en la explosión de la primavera; con un momento de proyección de imágenes ígneas al comienzo del verano en la segunda parte; y con una vistosa y otoñal caída de la hoja en la conclusión. Todo ello con una justa iluminación en tonos suaves. Rivera y Vilas se mueven, se arrastran, se tocan y se rechazan (me sobró el desmayo de la novia en la representación del matrimonio) en una acción teatral y coreográfica que demuestra cómo al ser humano le cuesta adaptarse al entorno natural, si no es a través de su mutuo entendimiento.

El caso es que el mundo sonoro y el escénico se presentan de modo equilibrado, sin que el uno tape al otro; y ésa me parece que es la mejor virtud de un espectáculo que se corona armónicamente -o mejor, armoniosamente- con un acorde de La mayor al final de la primera parte, y con un abrazo de los actores al terminar la función. Como sonora y visual fue la ovación del público a autores e intérpretes.

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