Alemania

No fue suficiente

Maruxa Baliñas
jueves, 21 de enero de 2016
Berlín, viernes, 1 de enero de 2016. Philharmonie Berlin. The Fairy Queen Z 629, semiópera en cinco actos de Henry Purcell. Versión escenificada de Christoph von Bernuth. Ruby Hughes, Katharina Hohlfeld, Isabel Jantschek, Mi-Young Kim y Anja Petersen, sopranos. Lawrence Zazzo, contratenor. Stuart Jackson, tenor. Roderick Williams, Werner Matusch y Johannes Schendel, bajos. Hildegard Rützel (Titania, voz hablada). Johannes Schendel (Oberon, voz hablada) e Ingolf Horenburg (Bottom, voz hablada). RIAS Kammerchor. Akademie für Alte Musik Berlin. Rinaldo Alessandrini, director musical
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No fue un comienzo auspicioso el que tuvo la Philharmonie berlinesa en este 2016. Tras un brillante concierto “de Fin de Año” dirigido por Simon Rattle (que por lo visto ha sido -con Gergiev- uno de los directores más activos en 2015) y la Filarmónica de Berlín junto a Anne-Sophie Mutter, se planteó un concierto “de Año Nuevo” en la Sala Principal que debía haber sido un éxito semejante, con una versión semiescénica de The Fairy Queen a cargo de dos de las agrupaciones más prestigiosas de Berlín, el RIAS Kammerchor y la Akademie für Alte Musik Berlin.

Ciertamente las versiones escenificadas pueden ayudar a la comprensión de una ópera que –por los motivos que sean- no se puede poner en escena convencionalmente. Pero cuando fracasan, el resultado es mucho peor que si se hubiera dejado la obra “al natural”. Y el caso es que -abstrayéndose de lo que pasaba en el escenario- la versión musical no fue nada mala, pero antes o después la vista volvía a la escena y la magia se rompía nuevamente. 

La parte teatral se resolvió con una gran sábana bajo la cual se escondían o descubrían personajes, algunas maletas y pocos elementos más de atrezzo, un movimiento escénico nervioso e irregular que no parecía relacionarse con el libreto, unas actuaciones que así descontextualizadas se veían ridículas o incoherentes, y poco más. No puedo dejar de valorar el esfuerzo del coro que además de cantar espléndidamente se veía obligado a actuar casi constantemente, pero no entendí nada del montaje y -como antes indicaba- la mayor parte del tiempo optaba por prescindir de lo que pasaba en escena. 

Nuestro editor, Xoán M. Carreira, consideró la actuación de Alessandrini y la Akademie für Alte Musik Berlin aburrida musicalmente y desnortada en el aspecto dramático, pero a mí personalmente no me desagradó en absoluto, aunque no fuera muy ágil. La afinación y expresión son impecables y dentro de la tradición inventada -como pasa siempre que nos vamos a la música antigua- que ellos mismos han contribuido en buena medida a crear. Y claro, desde el punto de vista del oyente esto resulta muy cómodo y accesible.

El programa de mano del concierto no individualizaba a los cantantes, por lo que no puedo hablar en concreto de su rendimiento: ni siquiera sé si pertenecían al coro o eran ajenos. Lógicamente identifiqué al contratenor, Lawrence Zazzo, que no me impresionó especialmente ya que tampoco su parte era especialmente lucida. Las sopranos casi todas muy buenas y muy claras cantando (algo que valoré especialmente ya que mi butaca estaba lejísimos del escenario), el tenor eficiente, uno de los bajos superado por su papel y los otros dos muy buenos. Los actores no siempre naturales en su proyección de la voz, aunque sospecho que eso también se relacionaba con la concepción teatral de Christoph von Bernuth, y un Puck que me gustó y del que el programa no daba el nombre. 

En resumen, un concierto interesante por la posibilidad de escuchar The Fairy Queen completa con unos buenos músicos y en una sala espléndida, y decepcionante desde el punto de vista escénico. Además se trataba del concierto de Año Nuevo y hubiera sido deseable un espectáculo más completo.

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