España - Andalucía

Buscando a Falla

José Amador Morales
jueves, 4 de febrero de 2016
Sevilla, jueves, 14 de enero de 2016. Teatro de la Maestranza. José María Gallardo: Concierto de Sevilla, para guitarra y orquesta; Manuel de Falla: El amor brujo (suite del ballet versionada por María de la O Lejárraga). José María Gallardo, guitarra. Roberto Vozmediano, cajón. Esperanza Fernández, cantaora; Grupo Flamenco de Cámara (José María Gallardo, dirección). Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Axelrod, director musical.
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Con este séptimo concierto de abono, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla pretendía homenajear a los grandes compositores españoles Enrique Granados y Manuel de Falla, en los respectivos centenario y septuoagésimo aniversario de sus óbitos. Lamentablemente, a última hora fue cancelada la interpretación de las Danzas españolas del compositor catalán; una lástima pues estaban previstas en la versión para guitarra y orquesta del americano Peter Breiner, quien ha dado ya muestras de su brillantez en trabajos anteriores (recomendamos la audición de su arreglo similar de los Valses poéticos del mismo Granados).

Así pues, el Concierto de Sevilla, interpretado por su propio creador, se constituyó como pieza inicial al no ser sustuidas las danzas de Granados por ninguna otra obra. El concierto de Gallardo logra equilibrar de manera bastante eficaz la masa orquestal con la guitarra solista y contiene pasajes realmente logrados, aunque estilísticamente abuse de lugares comunes. José María Gallardo, aportó su limpio sonido y depurada técnica, haciendo valer su experiencia tanto en el ámbito de la guitarra clásica como de la flamenca (por cierto, toda una referencia su reciente espectáculo “Lo Cortés no quita lo Gallardo” junto al guitarrista flamenco Miguel Ángel Cortés). Ante los aplausos del público el guitarrista interpretó la Danza española nº5 de Granados, en una versión tan imaginativa como hermosa.

La segunda parte estuvo dedicada a esa “performance” que vino a ser la puesta en escena de la suite orquestal de El amor brujo de Manuel de Falla. La obra fue interpretada con arreglo a la partitura del compositor gaditano, si bien estuvo “adobada” por diversas coreografías y números de música flamenca intercalados. Para ello se había montado una suerte de tablao a la derecha del escenario, con sus correspondientes sillas de mimbre, cajón flamenco, tres guitarras (incluida la de José María Gallardo), palmeros, etc. No obstante, fue difícil seguir el concepto global de dicho montaje, más allá del encadenamiento de piezas musicales más o menos variopintas, como si contradijese la naturalidad con la que Falla integra el canto gitano andaluz dentro de una obra de repertorio sinfónico, utilizándolo como elemento de cohesión y sin caer en el vacuo pintoresquismo con el que había sido tratado hasta entonces (notas al programa de Martín Llade). En lo meramente interpretativo, destacó la finura del sonido orquestal, aunque seguramente a Axelrold le faltó un plus de la energía y énfasis rítmico tan afín a la obra de Falla, y muy especialmente el canto homogéneo, compacto y expresivo de Esperanza Fernández.

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