Artes visuales y exposiciones

Migajas de un millonario

Juan Carlos Tellechea
viernes, 11 de marzo de 2016
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El Museo von der Heydt de Wuppertal acaba de clausurar el 28 de febrero pasado la opulenta muestra Weltkunst: Von Buddha bis Picasso [Arte en el mundo. De Buda a Picasso] con cerca de 350 obras de arte pertenecientes a la colección de más de 3.500 piezas del polémico barón Eduard von der Heydt (1882 - 1964), banquero alemán (nacionalizado suizo), uno de los coleccionistas más destacados del siglo XX, vinculado a los nazis, en su momento, para salvar y multiplicar inescrupulosamente (como todo financiero que se precie) su fortuna. En la exhibición fueron reunidos, cuadros de numerosos artistas europeos, entre ellos Eugène Delacroix (1798 - 1863), Paul Cézanne (1839 - 1906), Raoul Dufy (1877 - 1953), Vincent van Gogh (1853 - 1890) y Vassili Kandinski (1866 - 1944), así como esculturas de Asia y África.

La exposición no estaba simplemente centrada en el arte, sino también en los acontecimientos históricos que rodearon la aventurera vida del esnob y homosexual Eduard von der Heydt. El museo lleva el nombre de su ilustre familia (también su padre fue mecenas y coleccionista de arte), una dinastía de comerciantes y banqueros desde el siglo XVII, relacionada asimismo con los reyes prusianos, a quienes sirvieron como ministros de Comercio y Finanzas en Berlín. La Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, administradora de gran parte de los museos de arte e historia de la capital alemana, tiene hoy su asiento en el distrito de Tiergarten en una de las palaciegas residencias que poseían los von der Heydt allí. Tras la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918), durante la que vió confiscado y arruinado el banco que había fundado en Londres, y tuvo que servir después como oficial militar y diplomático para el Imperio Alemán, Eduard von der Heydt se casó en 1918 (matrimonio por conveniencia) con Vera von Schwabach, hija de un banquero de Hamburgo, de quien se divorció en 1927.

El Museo von der Heydt no ha escatimado gastos para reproducir en sus salas de exhibición incluso algunos de los recintos colmados de obras artísticas que poseyó y habitó Eduard von der Heydt en los Países Bajos (en los altos del Café Muluru, en el balneario de Zandvoort) y en Suiza (en la colina de Monte Veritá, en Ascona/cantón de Tesino, que adquirió en 1926 por 160.000 francos suizos, habitada o visitada en diferentes épocas desde comienzos de siglo, entre otros, por anarquistas, utopistas, artistas, intelectuales y refugiados como Mijail Bakunin, Alexei Jawlenski, Marianne von Werefkin, Paul Klee, Mary Wigman, Sophie Taeuber, Hans Arp, Hermann Hesse, Hugo Ball, Ernst Bloch, Hans Richter, Arthur Segal y muchos otros más). Fue la baronesa rusa von Werefkin (1860 - 1938), pintora expresionista vinculada a Kandinski y el movimiento Der Blaue Reiter, quien convenció a von der Heydt a convertirse en propietario de Monte Veritá.

Desde la Confederación Helvética, von der Heydt colaboró con el servicio de contraespionaje militar del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler (1933 - 1945). Una corte judicial suiza lo encausó en 1948 por esta cooperación, proceso en el que resultó absuelto (por supuesto, como no podía haber sido de otra manera, ya que el banquero pactó también con la justicia helvética y donó entonces sus obras de arte al Museo Rietberg de Zúrich). De éste retornaron al Museo von der Heydt cedidas de por vida (migajas que caen de la mesa de un banquero multimillonario). La presente exposición de Wuppertal se realizó en estrecha relación con el citado museo zuriqués.

Eduard von der Heydt heredó de su padre (August) una rica colección de arte y la amplió hasta alcanzar más de 3500 piezas. Pero como no todas cabían en el sótano de su casa prestó a unos 70 museos en todo el mundo buena parte de esas obras. En esta exhibición hemos podido ver una exquisita selección de ellas. En la primera planta del museo habían sido reunidas las obras de arte adquiridas por su progenitor, uno de los primeros coleccionistas de arte expresionista, quien entre otros cuadros compró un lienzo capital de este período: Frauen auf der Strasse [Mujeres en la calle] (1915), de Ernst Ludwig Kirchner (1880 - 1938) que muestra a un grupo de prostitutas mirando inexpresivamente a su alrededor en busca de clientes mientras circulan por la noche de Berlín. De una galería de París trajo August von der Heydt el lienzo Acróbata y joven arlequín (1905) de la época rosa de Pablo Picasso (1881 - 1973) para su villa en Elberfeld (en las afueras de Wuppertal) en la que alojaba su colección, por lo que la obra del pintor malagueño se convirtió así en la primera en ser adquirida por un museo. A través de la relación con una amiga del poeta alemán Rainer Maria Rilke (1875 - 1926) y de la amistad de éste con Auguste Rodin (1840 - 1917) von der Heydt (padre) consiguió adquirir directamente al escultor francés algunos de sus bronces.

En la planta superior del Museo von der Heydt de Wuppertal se hallaban las mayores atracciones de la exhibición: las reproducciones de los recintos repletos de obras de arte que habitaba Eduard von der Heydt en Zandvoort y Ascona. Aquí encontramos más obras de Picasso y de Cézanne, así como de Edvard Munch (1863 - 1944), Henri de Toulouse-Lautrec (1864 - 1901) y Max Beckmann (1884 - 1950). Uno de los cuadros de gran formato más impactantes colgaba estratégicamente al final de la muestra: Leona devorando a un caballo (1844) de Delacroix, en el que los contornos y colores de las figuras pintadas de los animales se confunden con los de su entorno, en una característica simbiosis natural.

En una entreplanta el museo guarda más obras de arte aún, principalmente del siglo XX, adquiridas con los intereses generados por una donación de cinco millones de marcos alemanes que hizo en vida Eduard von der Heydt a la ciudad de Wuppertal (naturalmente, no por mera filantropía, sino también para deducción de sus obligaciones fiscales, "por el interés te quiero Andrés"). Así podemos admirar hoy en ese apartado cuadros de James Ensor (1860 - 1949) y de Francis Bacon (1909 - 1992), entre otros frutos del pequeño arbolito plantado una vez por esa inmensa e incalculable fortuna amasada durante siglos por, vaya uno a saber, cuántas operaciones poco claras y honestas.

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