Italia

Dos notables protagonistas

Jorge Binaghi
miércoles, 1 de junio de 2016
Venecia, miércoles, 18 de mayo de 2016. La Fenice. La Favorite, 2 de diciembre de 1840, Opéra, París. Libreto de A. Royel, G. Vaëz y E. Scribe; música de G. Donizetti. Puesta en escena: Rosetta Cucchi. Escenografía: Massimo Checchetto. Vestuario: Claudia Pernigotti. Coreografía: Luisa Baldinetti. Intérpretes: Veronica Simeoni (Léonor), John Osborn (Fernand), Vito Priante (Alphonse XI), Simon Lim (Balthazar), Ivan Ayon Rivas (Don Gaspar) y Pauline Rouillard (Inès). Coro (preparado por Claudio Marino Moretti) y Orquesta del Teatro. Dirección: Donato Renzetti
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Se trataba de una reposición interesante, ya que era la ópera completa en francés, con ballet incluido (si fue un aburrimiento y otro error en la cuenta de la nueva producción es harina de otro costal).

El resultado fue sólo parcial. Y si la nueva producción, como ya he anticipado, no hizo más que tonterías y fealdades sin cuento, e incluso hubo un problema al trabarse un puente móvil que convirtió la segunda parte en escena fija (en el fondo una suerte ya que dejó de incordiar), lo más fuera de lugar resultó la dirección aburrida, ensordecedora, muchas veces vulgar, de Renzetti. Más lástima porque la orquesta demostró estar en un nivel francamente bueno, lo mismo que el coro, y hasta donde pudieron elevaron la puntería.

De los comprimarios vino una muy buena sorpresa, el Gaspar bien cantado y de bella voz del joven y prometedor Ayon Rivas. En el otro extremo, Rouillard fue una Inès apenas mediocre, de voz pequeña, frágil y con un agudo sumamente ácido.

En el cuarteto protagonista hubo dos prestaciones estimables aunque no del todo redondas. Priante es un cantante que durante bastante tiempo se ha especializado en el barroco hasta Mozart y últimamente amplía su repertorio. Es un cantante técnicamente seguro y conocedor del estilo y sobre todo un buen intérprete y más que nada un barítono capaz de conferir sentido a sus frases. Si a su rey Alfonso le faltó algo fue un timbre más oscuro y redondo y de mayor peso. Cantó todo bien o bastante bien, pero yo destacaría la intención de ‘Pour tant d’amour’ en el tercer acto.

Lim es un hombre imponente y el volumen de su voz es acorde a su figura. También tiene un buen color de bajo, pero en su caso lo extraño es que el grave, por engolamiento y en general defecto de emisión, no suena demasiado. Su mejor momento fue el final del segundo acto.

Lo que nos lleva a los dos principales, y allí por fin la suerte sonrió a Donizetti. Simeoni es una magnífica cantante y actriz y aunque ese día un principio de resfriado velara el sonido en el grave dio una lectura plenamente satisfactoria de Leonora, a la que prestó una figura y una intensidad notables. Junto con el tenor logró evitar casi siempre ser cubierta por la orquesta.

Osborn, por su parte, es el gran tenor que conocemos, ideal para este tipo de partes, donde si el timbre no brilla (son pocos los tenores realmente capaces de cantar bien Fernando y tener, además, una voz bella o bellísima) sí lo hace su maestría en los matices, el legato, la homogeneidad de los registros, la extensión. Y como además es un buen actor junto con Simeoni nos ofreció un dúo final que valió por toda la ópera y que se notó en el silencio inusual con el que lo siguió la sala, que aplaudió generosamente a todos con alguna señal de desaprobación para el director.

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