Francia

Festival d’Automne 1: Menos es más

José Luis Besada
miércoles, 21 de septiembre de 2016
París, sábado, 17 de septiembre de 2016. Théâtre du Châtelet. Maurice Ravel: Trío. Ramon Lazkano: Ravel (Scènes). Pastoral, música y danzas populares y tradicionales vascas. Trio Dali. Maïlys de Villoutreys, soprano. Anders J. Dahlin, tenor. L’instant Donné. Tito Ceccherini, director.
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Arrancó la parte musical del Festival de Otoño parisino con la primera cita del retrato ofrecido en torno al compositor vasco Ramon Lazkano, afincado en la capital francesa. Para ello, el festival propuso un evento –bajo el título Ohiberritze– en tres secciones: una pastoral en la primera parte, el Trio de Ravel junto con el estreno del compositor donostiarra en la segunda, y finalmente una breve muestra de cánticos y danzas vascos. Dado que desde esta bitácora comentamos la actualidad de la música contemporánea, obviaremos emitir juicios sobre las calidades musicales de la primera y tercera parte, si bien su relación con la segunda si será objeto de nuestros comentarios finales.

El Trio Dali acometió la interpretación de una de las más célebres páginas camerísticas de Ravel. Su ejecución fue muy valiosa, cosechando un merecido aplauso al final de la interpretación. Incluso su dificilísima –precisamente por austera– pasacalle del tercer movimiento recibió una eficiente lectura. Esta joya de la música francesa sirvió de antesala al estreno mundial de Ravel (Scènes) de Lazkano, una obra para dos solistas vocales y conjunto instrumental de cuarenta minutos de duración que funciona como una especie de laboratorio germinal de una futura ópera –prevista para 2018– cuyo libreto, basado en la novela Ravel de Jean Echenoz, narra los últimos años de vida del compositor. Como indica el propio autor en la entrevista que figura en el programa de mano, en la obra “hay referencias, en varias escenas y pasajes de Ravel evocados de manera críptica”. En efecto, los giros “ravelianos” surgían en la obra como breves centelleos completamente inscritos en el estilo personal de Lazkano, a excepción de la escena Musiques croisées, en la que una palmaria referencia al Concierto en sol se entretejía con otras citas emanadas, entre otros, de Borodin y Gershwin. Este momento funcionaba como bisagra de la obra, conduciéndola hacia el final con una pericia en la orquestación absolutamente eficaz. Es digna de alabanza la capacidad del donostiarra para, con una paleta relativamente económica de sonoridades frágiles y quebradizas, conseguir tal variedad de impactos emocionales a través del color de su música. Por otra parte, el tratamiento vocal de los cantantes resultaba mas tradicional, pero se hallaba hábilmente imbricado con la escritura instrumental, sin generar conflicto entre ellas. Ceccherini dirigió con perfecta soltura a unos músicos que ya tienen asimilado desde hace años el “sonido Lazkano” a su registro, proporcionando así una interpretación transparente en todos los matices que la obra acaudala. Los cantantes estuvieron igualmente a la altura de las circunstancias.

No podemos aplaudir en cambio la confección total del programa. Si éste se hubiese dividido en dos jornadas, con la pastoral –de una hora y media de duración– por un lado y las otras dos partes del espectáculo –invirtiendo su orden– por otro, hubiera sido un gran acierto, un equilibrio perfecto. En cambio, prologar la velada con la pastoral se nos antojó un absoluto desatino de programación. En primer lugar, su ambiente festivo, ligero –e incluso intelectualmente facilón– en nada preparaba el ánimo para, tras el descanso, introducirse en la música de Ravel y Lazkano, que exigían un mayor recogimiento. No se pretende con este comentario restar legitimidad a la fiesta popular llevada al teatro, pero la atmósfera propiciada era absolutamente contraria a la continuación del programa, y su extensa duración había saturado en gran medida la atención auditiva de quien firma estas líneas. En segundo lugar, plantear un espectáculo cuya duración total sobrepasa las tres horas es una gran exigencia hacia el público, que merece como contrapartida una presentación más consistente por parte de la organización. En este sentido, los elementos culturales vascos como armazón conceptual del espectáculo eran lógicos pero insuficientes. Sin un poco más de pedagogía, que el festival meramente ofreció a través de las notas al programa, un oyente no acostumbrado al total de tradiciones allí presentadas se hallaba desarmado para detectar vínculos sólidos que recorriesen el espectáculo en conjunto, muy en especial entre la pastoral y el resto del programa.

En resumen, asistimos a un excelente concierto de musique savante, pero arropado por un conjunto de referencias culturales y populares no del todo bien entrabadas. Confiamos en que podamos escuchar esta nueva obra de Lazkano, así como la ópera que de ella germinará, en un contexto mejor pensado.

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