España - Galicia

Espacio (así) Europa

Paco Yáñez
miércoles, 19 de octubre de 2016
Pontevedra, martes, 4 de octubre de 2016. Facultad de Bellas Artes. Arturo Leyte, relator. Vertixe Sonora Ensemble. Ramón Souto, director. Gerald Eckert: Traits - lointain. Edgar Varèse: Octandre. Agostino Di Scipio: Modes of Interference 2. Luc Döbereiner: Turbulencia. Ocupación: 90%
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La actual Facultad de Bellas Artes de Pontevedra ocupa lo que otrora fue cuartel militar de San Fernando; es decir, una muy simbólica transición de las pistolas a los pinceles: esas brochas tantas veces esgrimidas como armas defensivas desde el arte, ya fueran las empuñadas por Goya, por Picasso, por Dubuffet, o por tantos otros en tan diversos contextos... No faltan motivos, en la segunda década del siglo XXI, para defendernos de una realidad que, si bien no estrictamente belicosa en lo militar, sí presenta en nuestro territorio ámbitos en los que luchar para ganar cotas en lo que uno cree defensa de la Humanidad (con mayúscula) frente a esa suerte de sujeto-cliente al que nos quiere reducir el virulento flanco conformado por los medios de (in)comunicación, la política (en su mayor parte, sea a 'izquierdas' o a derechas) y el mercado...

...contraponiéndose a esa armada deshumanizadora, cuya acción se manifiesta en distintos grados de tiranía por todo el planeta (otra de las víctimas del sistema), erigió Vertixe Sonora Ensemble un bastión de arte, música y pensamiento en el antes cuartel y hoy ámbito para la libertad de expresión (allá hasta donde llegue el desencorsetamiento de cada cual con respecto a las correas de los imaginarios circundantes). De nuevo, recalamos en las instalaciones de la Universidad de Vigo (aun con honrosas excepciones, qué pobre la labor cultural de la universidad gallega hoy en día) para asistir al cuarto y último concierto en 2016 del ciclo Do Audible, cerrando así un recorrido que nacía el pasado 7 de junio en el Campus de Ourense, con el concierto titulado Como espejos de un caleidoscopio, entonces con dirección artística de la rusa Elena Rykova. En esta ocasión, fue el joven compositor alemán Luc Döbereiner (Berlín, 1984) quien comisarió un evento que, de nuevo, supone en el marco de Do Audible «un punto de encuentro entre la música, la ciencia, el arte y el pensamiento contemporáneos en la conquista de una percepción musical más consciente».

Así, el concierto titulado Turbulencia o la idea de espacio nos acercó a la concepción del espacio tanto en la filosofía como en la música, en un interesantísimo recorrido guiado por el filósofo Arturo Leyte, catedrático de Filosofía en la Universidad de Vigo (además de editor y traductor, entre otros, de Schelling, Hölderlin o Heidegger). Es un placer escuchar a un pensador como Leyte, una de esas figuras que uno cree deberían ocupar más tiempos y espacios en los medios de comunicación, para revertir la depauperación que sufrimos en los canales que con más fuerza (de)forman la mente del ser humano. El tono, la pausa, las inflexiones, el profundo caudal de conocimiento que destila el discurso de Leyte nos remiten a una forma de hablar desgraciadamente extraña a nuestro tiempo, con un poso de sabiduría desde el que abismarnos a la pregunta constante, que es a lo que Arturo Leyte nos impele, como forma más natural y legítima de la filosofía, así como a una apertura atenta y sensible al medio. En este sentido, podríamos rescatar las palabras de un filósofo tan cercano a la música (y que tanto ha reflexionado sobre el espacio) como Massimo Cacciari, que en Europa o la filosofía (2007) sostiene: «Sólo el sacrificio de sí, el vaciarse de toda philopsichía, la metamorfosis del propio logos en escucha comprensiva, puede hacer téleios al hombre»...

...Arturo Leyte, consciente de la limitación de la palabra (y reconociendo cuánto le gustaría estar del otro lado: donde el compositor y/o el músico), quiso «revelar un abismo radical entre dos esferas: música y palabra», constatando la debilidad de la filosofía para decir algo con sustancia sobre el hecho musical. Es ésta una honestidad en cuanto a los límites del pensamiento discursivo, de la lógica, que aplica a aspectos como el tiempo o el espacio, cuando reconoce que «hay nociones que no pueden reducirse a concepto»; si bien, al menos, el proceso de verbalizar un concepto es saber, en sí, que éste se nos escapa, pensarlo como un «no-significado» a la búsqueda de un significado, de un sentido. Pocos conceptos plantean de forma más explícita esta problemática que el del espacio, ya sea en su vertiente de topología o de itinerario: aquello que nace y muere, que se desplaza a la deriva en el conjunto de un cosmos; algo que Leyte no entiende tanto como tiempo sino como espacios transitados, como movimientos, con sus confrontaciones entre orden y desorden; de ahí, la alteración y la metamorfosis, el proceso de turbulencia entre estados que daba nombre a este recorrido por los espacios acústicos de la música europea. Y aquí, de nuevo, podemos retornar al tan clarificador texto de Massimo Cacciari: «Sin Ulises no habría Europa, sostiene María Zambrano. Y Ulises es todo aquél que no soporta sufrimientos y avatares en su nostos, sino que los interroga y casi los busca; todo aquél que aprende de ellos. Para Ulises toda experiencia se transforma en problema, todo hallazgo reaviva la interrogación. Para él no hay nada 'dado' que no se convierta inmediatamente en un ejercicio de la mente, en una pasión del pensamiento. (...) Quizá haya habido un camino europeo, mejor dicho, mediterráneo-europeo: un recorrido por islas perfectamente circunscritas, pero en el seno de un mar 'inicial', así como los 'claros del bosque' se abren en el mar de la vegetación; camino guiado por una palabra que pretende por sí sola la plena claridad y la plena transparencia, pero cuyo límite es también y siempre el signo de las distancias que vinculan y separan lenguas, tradiciones, dioses de este espacio nuestro. Un lugar, desde luego -sin lugar sería imposible andar-, pero lugar hacia muchas direcciones, lugar que da forma a realidades posibles, más que definidas, lugar que, precisamente en su incansable metamorfosis sigue siendo sí mismo. Europa acabará cuando acabe de transitar, cuando su forma de realizarse carezca de una fuerza para legar a un término».

No carece, en absoluto, la música del compositor y artista plástico alemán Gerald Eckert (Núremberg, 1960) de fuerzas de movimiento y desarrollo en múltiples direcciones, con una energía interna inagotable. De hecho, la no-direccionalidad es uno de los aspectos que con mayor pertinencia la caracterizan, si atendemos a los ensayos que Jörg Meyer y Egbert Hiller han publicado sobre la creación de Gerald Eckert; textos en los que, asimismo, categorizan el espacio como topología de unos desplazamientos sonoros marcados por la cercanía al concepto del límite (y para ello se remite Meyer a la sección 5.61 del Tractatus logico-philosophicus (1921) de Ludwig Wittgenstein). Traits - lointain (2006-08), partitura que comparte instrumentación con la pieza de Edgar Varèse que hoy escucharíamos, parte de un espacio no primigenio, de una amalgama de residuos dispersos desde estructuras cuyas ruinas sirven de base para tramar procesos sonoros cuya génesis y consolidación se nos hurta, si acaso intuida por sus detritos. Reutilizan, así, estos residuos unas energías que conectan pasado, presente y futuro, mostrándonos un fugaz espacio posible (¿un kairós?) que en Traits - lointain nace del rumor disperso del aire, acometiendo un proceso de reunificación de esos materiales dispersos a través de su de(con)strucción previa; una arquitectura que tiende al acorde; si bien, por su naturaleza híbrida de alturas y ruido, tal armonización resulta inviable.

Con el paso de los años, la música de Gerald Eckert, otrora muy contrastante entre bloques de refinada sutilidad o irrupciones de una gran virulencia expresionista, ha limado dicha compartimentación, para integrarse en frescos que -como su obra gráfica- presentan desarrollos de largo recorrido, muy matizado y microscópico, a los que se asoman nudos en los que la materia sonora se revuelve y explota, adquiriendo verticalidad; de ahí el súbito contraste que experimentamos a los pocos minutos de Traits - lointain entre su mayoritario desarrollo en pianissimo y un súbito tutti en fortissimo que ha atacado Vertixe Sonora -con dirección de Ramón Souto- sin contemplaciones, con la habitual fuerza que caracteriza al ensemble gallego. Hablando posteriormente con el compositor alemán, le comentaba que en esos pasajes de aire, así como en las más violentas irrupciones, veía dejes de la música italiana: una suerte de contraste entre el mundo de Luigi Nono (que podría llegar a Eckert por medio de uno de sus maestros, Nicolaus A. Huber, alumno del veneciano) y el más rudo de Giacinto Scelsi, pues algo de tosquedad primordial hay en esos tutti: puro contraste con la mayor parte de una arquitectura de un refinamiento asombroso en su escritura. Sin embargo, considera Eckert que esos procesos contrastantes provienen en mayor medida de la música de un maestro que tanto le ha influido como Iannis Xenakis; algo que, sin duda, no podemos dejar de suscribir, reconsiderándolo a posteriori. Otra impronta del greco-francés en Eckert es la presencia de sonoridades acústicas de inspiración electrónica, algo que maneja a lo largo de todo Traits - lointain. Algunas técnicas extendidas, como el roce de arco contra el cordal del contrabajo, producen esa suerte de sonoridades híbridas, cuya naturaleza sería prácticamente irreconocible de no contemplarlas en vivo: materia plasmática que Eckert se congratula resulte, así, indefinida; y que no sólo posee un carácter tímbrico, una intención atmosférica, sino que es parte de una sesuda estructura, como comprobamos por su reaparición en diversos momentos de la obra, afianzando el trabajo de retroalimentación-en-variación que Traits - lointain desarrolla.

Los compases atacados en el oboe directamente al cuerpo del instrumento (despojado de la caña) insisten en esa reiteración de sonoridades sin tono, en un manejo del aire como sustancia musical que casa con las etéreas fotografías de Eckert, como observamos en series de la belleza del ciclo Lichtgeschwärztes (1997). Estamos ante un manejo de las texturas muy vivo, sea por la insistencia en los contrastes, por la proliferante polirritmia, o por el trabajo en multifónicos, en Eckert ofrecidos al músico como posibles rutas sonoras en las que afianzar diferentes microtonalidades resultantes. El uso de las sordinas nos sitúa, igualmente, ante esas posibilidades no del todo determinadas, de ahí que cada realización de Traits - lointain se convierta en un proceso único; proceso con el que, en esta ocasión, manifestaba una notable satisfacción el propio Eckert, lo cual es un nuevo aval para Vertixe Sonora, pues no es poca la experiencia del compositor alemán con conjuntos de primer nivel en Europa (como sus monográficos para col legno, mode records o NEOS dan fe). Aunque no sea sencillo destacar a un músico, no puedo obviar el trabajo de Carlos Méndez en el contrabajo, ni el de Iago Ríos en el trombón, soberbio en las sonoridades más graves, tendiendo puentes sonoros con el contrabajo de Méndez, así como fuertes contrastes con el piccolo de Clara Saleiro, en los que fueron algunos de los compases de triangulación que marcaron las diferentes formas de agrupación y tránsito por las que el sonido se desarrolla en Traits - lointain como estados de una materia metamorfoseante.

Continuó su charla Arturo Leyte, tras la partitura de Gerald Eckert, abordando la generación del espacio a partir del sonido, no como realidad preexistente, sino como aquélla que la música hace presente, un «espacio que se dice de muchas maneras», para lo cual recurre a la terminología clásica griega para adentrarse en los matices que especifican los conceptos de límite (péras), lugar (tópos) y receptáculo (jóra); así como los contraconceptos que serían sus reversos, el ámbito más puramente especulativo, como la noción de lo ilimitado. Para Leyte, frente a un espacio abstracto, geométrico, resulta más interesante el espacio-vivido, entendido desde la fenomenología, un espacio que somos: el ser-lugar, al tiempo tránsito y proceso...

...las interesantes, documentadas y desafiantes preguntas que formulaba Arturo Leyte bien podrían haber encontrado un interlocutor de excepción en Edgar Varèse (París, 1926 - Nueva York, 1965), compositor que tanto reflexionó sobre el espacio, sobre la ciudad y su topología sonora, de lo cual piezas como Amériques (1918-21) son un ejemplo revelador. Octandre (1923) pertenece al periodo neoyorquino de Varèse, y si bien la interpretación de Vertixe, con dirección de Ramón Souto, resultó notable, la sala de exposiciones de la Facultad de Bellas Artes en la que se desarrolló el concierto planteaba una acústica de callejón del bajo Manhattan, en la cual los problemas que ya habían condicionado negativamente la audición de Traits - lointain ahora se agudizaron, debido a la más enfática escritura del galo, en cuyos tutti más agresivos la saturación del espacio fue tal, que se hacía prácticamente imposible discernir capas instrumentales y voces con claridad, llegando a ser molesto para el oído. Una pena, así pues, que una reflexión sobre el espacio tuviese estas pegas en su ubicación propiamente espacial (aunque, sin duda, reflexión sobre el mismo provocó, al menos en los pasajes más abigarrados en fortissimo esta noche).

Poniendo a un lado esta limitación, la interpretación de Vertixe fue hercúlea desde su comienzo, muy vigorosa y compacta, en línea con el sonido tan acerado y directo que suele caracterizar al conjunto gallego. Magnífico arranque de Roberto Baltar en el oboe, así como muy destacados estuvieron en todo momento la trompa de Luís Duarte; o, de nuevo, Iago Ríos en el trombón; todos ellos parte de este juego de combinaciones que Varèse nos propone, indagando timbres y modos de ataque en diversos grados de presencia y protagonismo; aspecto este bien resuelto por Vertixe y Ramón Souto desde la dirección, a pesar de las dificultades acústicas de la sala. Sea como fuere, lectura diseccionada, de moderna factura, en línea con lo que se espera de un ensemble de música actual, y buena demostración de la importancia que tiene el que Vertixe Sonora, como nuestro principal conjunto de música contemporánea, aborde estos clásicos del siglo XX, de cara a su mejor conocimiento en vivo por parte del público gallego; además de la pertinencia que en estos programas tiene el mostrar las rutas históricas que compactan los distintos estadios en el desarrollo de los lenguajes musicales que hasta nuestro tiempo han ido conformando los rizomas de la técnica y el estilo.

Tras Octandre, nueva incursión en la filosofía, para comunicarnos Arturo Leyte cómo la audición musical nos traslada al interior de la obra y su espacio, donde materia y forma son conceptos de algo indivisible. Se adentra también Leyte en la posibilidad de escuchar el antes y el después, en las simultaneidades, así como en las relaciones desde el espacio acústico con otro tipo de espacios, como el táctil o el visual; pues, según el filósofo, el error es la construcción desde un yo de sentidos analíticos disociados; un yo que, remitiéndose a Descartes, pueda volverse al espacio según su deseo, como si el sujeto sensible y pensante no fuese él mismo espacio en todo momento, pues verlo como algo externo al yo sería mentirse. Para Arturo Leyte, fue Immanuel Kant quien mejor comprendió el espacio tras la Grecia clásica, ya que para el filósofo de Königsberg el mundo sensible es parte del propio yo; siendo una falacia la disociación entre un yo 'interno' y un espacio 'externo'...

...no podríamos imaginar antesala más apropiada que las referencias filosóficas de Arturo Leyte para la audición de Modes of Interference 2 (2006), del italiano Agostino Di Scipio (Nápoles, 1962), partitura para saxofón y electrónica en la que el cuerpo del instrumento y su deslocalización a través de la electrónica ponen en relación al sujeto con el objeto y una topología acústica que, al tiempo, es espacio de límites y receptáculo de todo un marasmo de resonancias que los habitan, haciéndolo ya no suyo, sino demostración de tránsitos e interacciones entre los elementos que son espacio en sí mismos. Esa forma de ser/habitar el espacio es algo que en la tradición contemporánea italiana cuenta con un referente fundamental en la obra tardía de Luigi Nono, igualmente a través de una intrincada relación de acústicos y electrónica. Di Scipio nos presenta una verdadera escultura sonora en la que se desvelan las interioridades tímbricas del instrumento, a través de gestos mínimos de Pablo Coello, que activa las llaves, roza la boquilla, o sopla al interior del cuerpo del saxofón para ser-con-el-instrumento en la proyección conjunta a un espacio que en las reverberaciones electrónicas de dichos procesos de interacción se desvela, revela y es. De hecho, aunque los modos de ataque sean segmentarios, muy localizados en la anatomía de un instrumento que ni llega a portar el saxofonista -pues se instala en un soporte en el que se mantiene, como objeto escultórico-, el dispositivo electrónico que Coello va activando consigue crear esa proyección de totalidad y tránsito desde el objeto hacia el espacio como ser que se activa, o la directa vinculación entre lo microscópico y lo macroscópico a través de diversos filtros y secuencias que conectan estados de la materia sonora. Ni que decir tiene que la realización de Pablo Coello fue magnífica, de nuevo a la cabeza de las líneas más actuales de investigación sonora en Galicia: ese espacio que, así, podemos considerar verdaderamente una Europa que piensa, se interroga y avanza a través del cuestionamiento y del arte (Agostino Di Scipio, como Gerald Eckert, es también un estudioso del arte, ámbito en el cual sus instalaciones han estado presentes en diversas salas expositivas europeas).

Modes of Interference 2 es un ejemplo perfecto para lo que Arturo Leyte, en su última intervención, decía es conocer el hecho, el espacio y la música no desde el que experimenta, sino desde la cosa, desde el objeto en sí mismo: un espacio que surge a tempo con las cosas. Así comprendida, la cosa ya no sería sustancia permanente, sino tránsito: cosa-generatriz, como nacimiento y fin (de ahí que Leyte sostenga que la eternidad, como contraconcepto, sea una «enemiga de la belleza»). De este modo, seremos espacio al participar de la cosa generatriz, indisociablemente de todo lo que es/hace ese espacio fenomenológico de relaciones comprendidas/vividas como una totalidad: el lugar es todo ello; y, por supuesto, indisociables son allí cuerpo y mente, como ya vimos eran indisociable yo y medio, centro de contraste entre orden y caos...

...sobre el caos también parecía versar, por momentos, la obra de un compositor, Luc Döbereiner (Berlín, 1984), que en diversas ocasiones se ha acercado a la reflexión filosófica, con sus textos sobre Schelling y el idealismo alemán. En los estadios iniciales de la composición del octeto Turbulencia (2016), compartía con nosotros Döbereiner esta declaración de intenciones: «La obra investiga esta equívoca espacialidad de los instrumentos acústicos y tiene el objetivo de desarrollar nuevos modos de describir el sonido construyendo un ‘hiperinstrumento’ consistente en una red electroacústica de instrumentos. En las distintas etapas de la composición se usarán medios tecnológicos. Por una parte, los espacios simbólicos de cada instrumento van a ser cartografiados utilizando tecnologías de bases de datos que los hagan accesibles al procesamiento algorítmico, de forma que se permita su exploración según ciertos criterios. Por otra parte, se utilizarán los espacios interiores de los instrumentos como espacios de resonancia a través de pequeños altavoces y micrófonos colocados en su interior. Así los instrumentos también se convertirán en altavoces de la electrónica, pudiendo intercambiar materiales y generar sonido a través de retroalimentación en sus espacios interiores».

Podemos decir que intención y resultados van en consonancia, con una pieza abigarrada, tumultuosa, repleta de microformas crepitantes y trémolos que revelan los flujos e interacciones entre las células que la componen. Estamos ante un trabajo deudor de la tradición de la que es parte el propio Octandre, que explora timbres, aquí en forma de 'acordes de texturas' que reflejan un color repleto de matices, como en esas masas bipartitas con coro de graves de fondo y crepitar de agudísimos en un primer plano, con unas tesituras en oboe, flauta y saxofón soprano que podríamos pensar evocan las cuerdas, cual si Döbereiner pretendiese desdoblar tímbricamente su octeto de vientos en otras sustancias instrumentales. Es así como el berlinés modula su materia sonora, como indaga posibilidades a través de las resonancias. Son pocos los pasajes plenamente extendidos, de nuevo con la clásica recurrencia en los vientos al juego percusivo de las llaves y a los pasajes de aire sin tono. Algunos de los que escuchamos hacia el final de la composición sintetizan lo más atractivo de la obra a nivel plástico, si bien no se puede negar a su trabajo con las alturas, aunque más convencional en las formas, una delicadeza y una sabiduría que nos hablan de un creador con un interesante futuro por delante, ya sea en el ámbito puramente musical, ya en su proteica investigación en diversos aspectos científicos y filosóficos... 

...a mantener una firme indagación en este tipo de rutas artístico-intelectuales (tan alejadas del mainstream que nos idiotiza desde una aberrante cultura de masas bombardeada por los medios de (in)comunicación) ayudan programas como el Berliner Arbeitsstipendien für Neue Musik 2016 o el apoyo del Goethe Institut, gracias a los cuales Luc Döbereiner pudo presentar esta noche en Pontevedra Turbulencias en estreno mundial. Es ello parte del conjunto de relaciones que este tipo de iniciativas y encuentros han de trazar hoy en día para un intercambio cultural transcendente y significativo: esencia de lo que creemos/queremos Europa. El trabajo mano a mano de los músicos de Vertixe Sonora con Gerald Eckert y Luc Döbereiner, así como la participación de ambos compositores en diversas actividades de formación e investigación universitaria en el ámbito de la creación artística, muestran las rutas que deseamos transite nuestro continente como proceso de reflexión permanente frente a la tiranía deshumanizadora del capitalismo salvaje y la intolerancia. En ello, creemos, se juega nuestro propio futuro e idiosincrasia, tal y como nos recuerda -de nuevo- Massimo Cacciari: «Europa no designa, por tanto, ni una realidad físico-geográfica, ni un estado político-cultural, sino fundamentalmente un logos, en el sentido etimológico del término: una idea que acoge en sí distintas narraciones, diferentes interrogaciones, los diversos caminos de investigación sobre su propia identidad».

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