Francia

Un Requiem y un Magnificat para dos aniversarios

Anibal E. Cetrángolo
jueves, 27 de octubre de 2016
Toulouse, jueves, 6 de octubre de 2016. Catedral de Saint-Etienne. Jean Gilles, Requiem. Antoine Blanchard, Magnificat e Motete 'In Exitu Israel'. Solistas: Anne Magouët, soprano; François-Nicolas Geslot, contratenor; Bruno Boterf, tenor; y Alain Buet, bajo. Gilles Cantagrel, presentación. Coro de cámara Les Éléments preparado por Joël Suhubiette. Les Passions-Orchestre Baroque de Montauban. Director Jean-Marc Andrieu. Festival Internacional Toulouse les Orgues 2016
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En este 2016 Toulouse festeja los veinte años del Festival internacional Toulouse les Orgues y los treinta de la formación de la orquesta barroca Les Passions, que si bien tiene sede en Mantauban mantiene estrechísimos contactos con Toulouse, por lo que se le encomendó la sesión inaugural de la presente edición del festival. El concierto comenzó con el Réquiem de Jean Gilles. Gilles nació cerca de Avignon y murió en Toulouse. Sucedió a Poitevin, su maestro, como maître de musique en Aix. Es de allí que pasó, gracias al interés del Obispo de Rieux, a cubrir el mismo cargo en la catedral de St Etienne en Toulouse, precisamente en el espacio en que este concierto tenía lugar.

La historia de esta música tiene toques macabros, como corresponde al género. La obra fue encargada a Gilles por el Capítulo de la ciudad. Terminado el Réquiem, los comitentes no pagaron al compositor la cifra pactada quien, ofendido, retiró la obra alegando que sería usado para su propio funeral. El destino quiso que el Réquiem fuese estrenado poco después porque Gilles murió casi inmediatamente después de estos hechos. Antes de tan trágicos eventos los nietos de Luis XIV, los duques de Borgoña y de Berry, visitaron Toulouse; en la ocasión fue ejecutada música de Gilles, con el consecuente beneficio para el prestigio del compositor. Es tal vez por eso que este Réquiem o Messe des morts llegó a ser una de las músicas más famosas en la Francia de su tiempo y resultó de ejecución casi obligada en las ceremonias fúnebres importantes, tanto es así que fue ejecutada en los funerales de Rameau y del mismísimo Luis XV. 

La obra incluye momentos de gran fuerza como el Gradual con una parte de compromiso para el solista que Alain Buet resolvió con total dominio gracias a medios vocales aptos y una musicalidad encomiables. Ya en esta primera obra que abrió el concierto fue posible confirmar que el conjunto vocal e instrumental bajo la dirección de Jean-Marc Andrieu es una herramienta segura, con hermosa sonoridad de conjunto, perfecta afinación y que cuenta en sus filas solistas de primer orden como el concertino y el primer violonchelo. El director es persona experta en el repertorio que está al frente de un conjunto de nivel internacional. 

La segunda obra en programa fue el Magnificat de Antoine Blanchard (1696 - 1770) compuesto en 1741. Blanchard es, en realidad, el compositor que resulta emblema de estos festejos. El músico fue elegido por Jean-Marc Andrieu para esta ocasión importante con la intención de mostrar al gran público a este compositor olvidado a causa de la “injusticia de la historia” como recita el comunicado de prensa del Festival. Blanchard, en sus años, fue famoso como niño cantor en Aix. Entró en contacto con el célebre André Campra. Fue maestro de música en Marsella para pasar luego a Toulon donde sucedió a Campra en su puesto de la Catedral. Gracias a que Luis XV conoció un motete suyo, Blanchard entró en la Chapelle Royale. Fue autor de una gran cantidad obras de música sagrada caracterizada por un dramatismo que utiliza la pintura sonora de cataclismos naturales que hacen recordar a los oratorios de Giacomo Carissimi. Blanchard estuvo vinculado con el famoso Concert Spirituel. En sus obras corales a menudo opone dos grupos, un grand choeur y un petit choeur -este último a tres voces- en un esquema que recuerda al concerto grosso instrumental. El compositor no desdeña el empleo de canto llano en sus obras. Su vigencia actual se debe al estudio y puesta en valor actual de la obra de este músico realizados por la musicóloga Bernadette Lespinard, autora de numerosos textos sobre Blanchard, entre ellos el artículo de referencia del Grove Dictionary of Music and Musicians. Lespinard estuvo presente durante estos eventos de Toulouse. 

El Magnificat de Blanchard fue presentado con gran solvencia por el grupo y mostró a un compositor más dramático que su compañero de estudios, Jean Gilles. En esta música son aprovechados por cierto todas las sugestiones que el rico texto bíblico estimula en los compositores: fundamentalmente el “Et exultavit” y, por sobre todo aquella fuente de efectos que siempre resulta el “Deposuit potentes”. La obra contiene elementos casi bailables como la enunciación inicial del Magnificat o el “Sicut locutus” en el que el contratenor se alterna con el coro. Apenas después de la apertura se escucha un dinámico “Exultavit” con oboes y la participación del barítono con brillante desempeño de este solista. El tercer número, en rondeau en el que se alternan la soprano con el coro nos recuerdan que aquí estamos en el mundo de la estrofa y no en el del aria da capo. Hubo momentos dramáticos con la figuración puntada del “Et misericordia” a cargo del tenor que fue muy bien cantado con voz bien timbrada y excelente legato. La dinámica de coro y orquesta en el “Fecit potentiam” mostraron la gran flexibilidad de los conjuntos que se adaptaban a los detalles que pedía el director. La respuesta descendente en las cuerdas ante el estímulo semántico del texto cuando las voces cantan “Deposuit potentes” fue perfecta. El “Esurientes” mostró además de las virtudes de las voces agudas -a Anne Magouët se sumó para este dúo la excelente Cécile Didon-Lafarge- la gran profesionalidad del solista de violonchelo. La obra, de estupenda factura, concluye con un Gloria triunfal. 

Una nota que es mera observación y que en absoluto entiende ser objeción. ¡Cuánto nos sorprende el latín cada vez que lo escuchamos en los franceses! El hispanófono o el italiano nota aquí cuán altos son los Pirineos y los Alpes. Todas las vocales del latín en la Galia “son otra cosa”. Obviamente que el latín aquí “es así”. Simplemente uno se sorprende a escuchar en los textos tan conocidos las “u” con aquella fórmula que nos ensenaban para pronunciar la vocal francesa: “poner la boca en posición de “u” pero hacer sonar “i”. Entonces resulta que uno escucha “exiltavit spiritis meis” en vez de “exultavit spiritus meus”. Es como cuando de niños decíamos “la mar astaba sarana”. La prueba de que las cosas “son así” nos la ofrecen los músicos del pasado. El coro del Magníficat de Blanchard canta el acento marcado por el compositor y, justamente, se escucha “magnificát! 

In Exitu Israel la obra que concluyó el concierto es puro espectáculo que se imagina y no se ve. El orgánico del primer número, la “Marche des Hébreux” para coro, reúne todas las fuerzas instrumentales imaginables: bronces, percusión y hasta serpentón. La música incluye aspectos de exotismo en la curiosa combinación de los sonidos graves con los agudos flautines en el extremo agudo. El tema del Mar Rojo que se separa ante el pueblo elegido siempre interesó a los franceses amantes del espectáculo. Este momento de Blanchard anticipa muchos casos como el acto final del Mosè de Rossini. En efecto Blanchard persigue un efecto verdaderamente operístico con una escritura orquestal que Les Passions consiguen de manera eficaz en el juego de efectos de dinámica y acentos que hacen imaginar los vórtices del mar. Es una de las páginas más eficaces del motete. 

La participación de Anne Magouët se ve especialmente comprometida en la coloratura virtuosa de “Quid est tibi mare” y la intérprete superó los obstáculos con solvencia, en su voz flexible y cálida. Otro momento de efecto, en este caso a cargo del coro, es la descripción de la tierra que tiembla en “A facie Domini”, donde se consigue una situación de gran tensión descriptiva a través de la vocal “o” repetida incesantemente por las voces. “Super misericordia tua” es un momento de gran compromiso para el contratenor y que en esta ocasión permitió a François-Nicolas Geslot mostrar lo mejor de sus potencialidades expresivas. La conclusión del motete, “Sed nos qui vivimos” a cargo del coro requiere otra vez aquella gran sonoridad que se había utilizado en el numero inicial. 

El orgánico instrumental que tuvo a disposición Andrieu para este concierto fue imponente y variado si se tiene en cuenta la formación habitual de estos grupos; en el espectáculo presentado en este concierto el grupo contaba, además de las cuerdas y el continuo, que son normativos, con maderas, dos cornos naturales, un órgano positivo, timbales y serpentón, el instrumento que tocaba el maestro de Blanchard, Guillaume Poitevin.

La dirección de Andrieu en todos estos trances resultó equilibrada, eficaz en la elección de los tiempos y atenta al estilo. Los solistas de la ocasión fueron muy dignos. Son excelentes profesionales, de voz timbrada y entonación impecable. Este cuarteto vocal conforma un equipo proveniente de ambientes heterogéneos donde expertos de la filología se encuentran con músicos que si bien capaces de gestos expresivos son ajenos a las convenciones habituales de la interpretación filológica del barroco. Fueron escasos los momentos en que se pudo escuchar una messa di voce, por ejemplo. Esto marcó un contraste bastante perentorio entre este equipo de cantantes y los jóvenes instrumentistas y miembros del coro que en cambio resultaron capaces de aquellas ductilidades de dinámica e inégalités que el director del conjunto pedía. En realidad, cuando se escuchaba al coro con la orquesta uno percibía de forma contundente que este es un grupo que quiere hacer filología. 

Detalles aparte: un excelente concierto por un grupo que merece una circulación internacional mucho mayor de la que ha gozado hasta hoy.

Las dos obras de Blanchard presentadas en este concierto fueron grabadas live en CD por los mismos interpretes para el sello Ligia en ocasión del concierto que el grupo ofreció en el pasado julio durante el Festival de Radio France et Montepellier.

Comentar finalmente que el evento musical fue acompañado en Toulouse por una reunión musicológica dedicada a la música y a la cultura e identidad en el Sudoeste de Francia. Hubo una recepción en la sala comunal de la ciudad donde fue tributado un justo homenaje al alma mater de esta compleja máquina organizativa de eventos, Catherine Kaufmann. 

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