DVD - Reseñas

Dos formas de documentar

Paco Yáñez
lunes, 31 de octubre de 2016
Death for five voices, una película de Werner Herzog. The Story of Stravinsky's Le Sacre du Printemps, una película de Peter Rump. Lucki Stipeti y Frank van Praag, productores. Dos blu-rays de 60 y 57 minutos de duración. Arthaus 109209 (Gesualdo) y 109211 (Stravinsky). Distribuidor en España: Música Directa
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Del heterogéneo y prolífico catálogo del sello ArtHaus Musik, destacamos hoy dos películas que nos muestran las tan distintas ópticas que los enfoques a la música desde el cinematógrafo pueden adoptar. En primer lugar Death for Five Voices (1995), una muy personal propuesta del realizador alemán Werner Herzog para la ZDF; en otro 'extremo', The Story of Stravinsky's Le Sacre du Printemps (1999), cinta documental de Peter Rump para Monarda Arts.

El acercamiento de Werner Herzog a la controvertida figura de Carlo Gesualdo da Venosa era algo (digamos) esperable, si pensamos en títulos de su filmografía como Aguirre, der Zorn Gottes (1972), Woyzeck (1979), Nosferatu (1979), o Cobra verde (1987), entre muchas otras cintas en las que Herzog se abisma a lo más animal del alma humana, a su visceralidad más agresiva e histriónica ... Resulta significativa la fecha de realización de Death for Five Voices, pues en esa misma década nos encontramos en el ámbito musical con al menos cinco propuestas centradas en la figura del compositor renacentista, con las óperas Gesualdo (1993-94), de Alfred Schnittke; Gesualdo (1996), de Franz Hummel; Luci mie traditrici (1996-98), de Salvatore Sciarrino; y The Prince of Venosa (1998), de Scott Glasgow. A ellas hemos de añadir la obra de un compositor menos conocido, Francesco d’Avalos, noble perteneciente al linaje de la mujer de Carlo Gesualdo, a la que retrata en el drama musical para orquesta, solistas y coro Maria di Venosa (1992). Frente a estas propuestas, Werner Herzog adopta una óptica que bascula entre el documental, la ficción y el ensayo musicológico (un ensayo en el que el propio Francesco d’Avalos participa).

Por una parte, el cámara (Peter Zeitlinger) de Werner Herzog, acompañado en off por el habitual comentario del director alemán, con su voz pausada e hipnótica, se adentra en los parajes donde transcurrió la vida del príncipe italiano; así como en Nápoles, en el palacio en el cual Gesualdo asesinó a su mujer y a su amante; para desembocar finalmente en el castillo al que se retiró los últimos dieciséis años de vida, espacio para la creación musical desde el dolor y el remordimiento, «acosado por demonios y furias», y en el que aparecen los fantasmas; de ahí, los atisbos de ficción, con el espectro de una sugerente Maria di Venosa encarnada por la actriz y cantante italiana Milva. Otra parte, más documental, pone voz a los trabajadores de las posesiones del príncipe en la actualidad, a ese castillo en ruinas, devastado, maldito, al que nadie quiere acceder, y cuya contemplación resulta impactante. También lo es la minuciosa descripción del asesinato llevada a cabo en el documental, así como la posterior etapa de reclusión del príncipe. En el palacio de Francesco d’Avalos podremos ver, incluso, la principesca cama en la que la pareja de amantes fue asesinada, como parte de los restos de todo un naufragio dinástico.

El metraje más propiamente centrado en lo musicológico viene de la mano del director norteamericano Alan Curtis, que se adentra en las partituras de Gesualdo, poniendo ejemplos de su refinada polifonía, al frente de Il Complesso Barocco. Completan los pasajes musicales el Gesualdo Consort of London, con su director al frente, Gerald Place; así como el citado Francesco d’Avalos. Todos ellos destacan la modernidad de los madrigales de Carlo Gesualdo, su valor como precedente del expresionismo, sus particulares tensiones armónicas, «de acordes distantes», como afirma un Francesco d’Avalos que sitúa a Gesualdo como antecesor directo de Richard Strauss o Anton Bruckner, con ejemplos tan exquisitos (y desoladores) como el madrigal Moro, lasso, al mio duolo (1611).

La segunda propuesta que hoy reseñamos es The Story of Stravinsky's Le Sacre du Printemps (1999), película documental de Peter Rump para Monarda Arts en la que nuestro guía a través de la obra stravinskiana será el director ruso Valery Gergiev, al frente de la Rotterdams Philharmonisch Orkest, ya dirigida en ensayos de orquesta al completo; ya en seccionales de lo más interesante, fundamentalmente con los vientos; ya al piano, donde Gergiev presta especial atención a las innovaciones y particularidades rítmicas de Le Sacre du Printemps, acercamiento que comparte con el pianista Alexander Toradze, con el que ataca la reducción a cuatro manos de la partitura: para Gergiev, muy clarificadora de cara a conocer en profundidad la obra. Le Sacre du Printemps es, para el director ruso, como el propio Stravinsky como compositor, una conclusión lógica de un contexto histórico al que se llega desde Chaikovski, desde Glinka, desde Borodín, desde Rimski-Kórsakov..., desde un tan largo como proteico etcétera (imposible no pensar, aunque no se mencione, en Musorgski).

No es Alexander Toradze la única presencia que el documental de Peter Rump convoca, pues también veremos a Pierre Boulez debatir con el propio Stravinsky el sentido de Le Sacre du Printemps; así como, lo más especial, al compositor en la habitación de Clarens donde en 1911 firmó la partitura. El escándalo del estreno en el Théâtre des Champs Elysées es objeto de una atención especial, con las bien conocidas imágenes de un Stravinsky ya anciano en el propio teatro, narrando cómo aconteció el estreno, el tumulto, así como su abandono del recinto, desde la misma silla que había ocupado el 29 de mayo de 1913, con un mismo «¡váyanse al infierno!» dirigido al aullante público.

Como hoy bien sabemos, buena parte del escándalo suscitado por Le Sacre du Printemps se debió a su coreografía, a pesar de que ahora la partitura se haya convertido, mayoritariamente, en un clásico como pieza de concierto. Afortunadamente, Peter Rump rescata abundante metraje de la coreografía original de Nijinski, en una recreación del Joffrey Ballet's del año 1970. Ante aquellas imágenes, frente a los ecos del escándalo parisino de 1913, reflexiona Gergiev diciendo que hoy en día (1999, fecha del documental) ya no existen esos estallidos de violencia por parte del público, ya no se da tal tensión en la recepción de una partitura (recordemos que la 'afrenta' al público vino dada, mayormente, por la danza); recomendable sería que Valery Gergiev abandonara su acomodado status actual de gran director ruso y se pasara por algunos de los festivales de nueva música en Centroeuropa, pues pitadas, abucheos y escándalos sigue habiendo; a veces, en forma de un gélido y elocuente silencio ...

Por lo que a la edición de ambas películas se refiere, éstas se ofrecen en blu-ray (también disponibles en DVD), con imagen 1080i HD, y ratio 16:9 en el caso de Gesualdo, y 4:3 para la de Stravinsky. La toma de sonido es en ambas ofrecida en PCM estéreo. Como suele ser habitual en ArtHaus, disponemos de subtítulos en castellano para la película de Werner Herzog; pero no se han añadido en el documental de Peter Rump. En todo caso, no es obstáculo para, simplemente desde el montaje y el estilo cinematográfico, ser conscientes de que estamos ante dos muy distintas formas de documentar el hecho musical y sus muchas capas y ramificaciones históricas.

Estos blu-rays han sido enviados para su recensión por ArtHaus.

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