Argentina

Radiante recital a dos pianos

Carlos Singer
martes, 29 de noviembre de 2016
Johannes Brahms © DP Johannes Brahms © DP
Buenos Aires, miércoles, 9 de noviembre de 2016. Teatro Coliseo. Brahms, Sonata en fa menor para dos pianos, opus 34b. Gershwin, Rhapsody in Blue, versión para dos pianos. Rachmaninov, Suite Nº 2 para dos pianos opus 17. Boris Giltburg y Kotaro Fukuma, dúo de pianos. Concierto de abono de la temporada 2016 de Nuova Harmonia
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Aunque parezca una soberana redundancia, hay que recordar que un dúo de pianos es muchísimo más que dos pianistas tocando juntos; el verdadero dúo consiste en la integración artística de sus miembros, lo que habitualmente se consigue con trabajo asiduo, habilidad para disimular las obvias diferencias de toque, intensidad y dinámica de cada uno de sus integrantes y unicidad de criterios.

Por ello resultó altamente gratificante el excelente nivel alcanzado por este dúo, que mostró un acople cercano a la perfección, notable ajuste en ataques, resoluciones, fraseo y juego contrapuntístico así como una concepción general de las obras muy avezada y atractiva. A lo que habría que añadir la gran ductilidad que les permitió afrontar con idéntica eficacia tres partituras de muy diferente postura estética.

Toda la primera parte del recital lo ocupó la extensa Sonata brahmsiana, de lenguaje hondo, trabado y de marcada densidad. Aquí los dos intérpretes se lucieron ofreciendo una lectura sensible, de aliento profundo y líneas bien definidas, en las que lograron dar relieve a los juegos dialogados entre los teclados; dentro de una ejecución muy ponderable, un trozo a destacar fue el vibrante Scherzo, con sus constantes cambios rítmicos, dinámicos y hasta anímicos. 

Si en esta página Giltburg había tomado a su cargo el primer piano, los lugares se trocaron para la segunda parte del recital, donde Fukuma asumió esta responsabilidad. El artista oriundo de Tokio tocó la obra de Gershwin, en el arreglo para dúo de pianos que realizó el propio compositor, como si se tratara de un concierto con orquesta, es decir de memoria y con el swing propio de un solista, demostrando poseer una técnica muy bien desarrollada, poderío en el juego de octavas e intensidad expresiva. Secundado por Giltburg en una labor sin máculas, lograron conformar una interpretación brillante e impetuosa, que suscitó una cerrada ovación.

Cerró el programa previsto la segunda de las suites para esta formación instrumental creadas por Rachmaninov, una partitura de enorme vivacidad y colorido, que permitió a los ejecutantes lucir una digitación clara y precisa -que tuvo sus momentos de máxima brillantez en las rápidas figuraciones del sugerente Vals o en la vertiginosa Tarantela que cierra la obra-
ternura y lirismo en la Romanza y poderío en la enérgica Alla Marcia introductoria.

El público premió a los pianistas con una calurosa acogida, que los movió a ofrecer nada menos que tres obras fuera de programa. En primer término, una cuidada versión del segundo de los Seis Estudios en forma canónica para Organo o Pedalklavier opus 56 de Roberto Schumann en la transcripción para dos pianos de Claude Debussy. Luego, sentándose ambos ante uno de los pianos agregaron dos páginas para piano a cuatro manos, la Berceuse que abre la Suite Dolly, opus 56 de Gabriel Fauré, expuesta con considerable afabilidad y el Pas Espagnol (sexto y último número de esa suite), presentado de forma ágil y rozagante.

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