España - Madrid

Emoción, fantasía e imaginación

Xoán M. Carreira
lunes, 12 de diciembre de 2016
Madrid, sábado, 12 de noviembre de 2016. Auditorio Nacional. C. Franck, El cazador maldito, FWV 44. F. Poulenc, Concierto para órgano en Sol menor. J. S. Bach, Passacaglia y fuga en Do menor para órgano solo. R. Strauss, Muerte y transfiguración, Op. 24. Cameron Carpenter, órgano ITO. Orquesta Nacional de España. Jakub Hruša, director.
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El Carpenter Show de Madrid fue parte de la gira internacional de Cameron Carpenter. En ella presentó y promocionó el ITO, International Touring Organ, un nuevo instrumento digital diseñado por el propio Carpenter y construido por los estadounidenses Marshall & Ogletree. Todo los aspectos del instrumento están al servicio de Carpenter, desde el ergonomía de la consola, pedalera y asiento, hasta los registros, sistema de amplificación y diseño y respuesta de los altavoces. Cabe insistir en que es un instrumento digital, es decir, un sofisticado ordenador y no un instrumento aerófono manejado por un sistema de relojería.

Por esto resulta del todo improcedente e irrelevante el debate sobre si hubiera sido mejor o peor que Cameron hubiera dado su concierto en el magnífico órgano Gerhard Grenzing del Auditorio Nacional, donde precisamente esa misma mañana había tenido lugar una de las sesiones del ciclo 'Bach Vermut', a cargo de Naji Hakim. Así pues, quienes mostraron pública ostentación de su irritación por el hecho de que Cameron tocase su ITO podrían haberse ahorrado el enojo si hubieran leído la información del concierto.

El órgano es un instrumento con unas tradiciones interpretativas y constructivas tan ricas como peculiares. Es un híbrido entre instrumento de viento y mecánico cuya caja acústica es la sala que lo contiene, de modo que no existen dos órganos iguales ni siquiera en el caso de instrmentos gemelos instalados en el mismo edificio, pues la acústica variaría en razón de la diferente orientación. En el caso del ITO, Carpenter solicitó además a sus constructores que incorporaran sonidos procedentes no sólo de grandes órganos catedralicios, sino también de los Würlitzer -unos instrumentos 'cinematográficos' creados al servicio de la fantasía, la imaginación y la emoción- que tanto le atraen.

Si en algún instrumento carece del menor sentido el mito del respeto a la intención del compositor, es en el órgano, pues más que en ningún otro, las partituras para este instrumento son una propuesta interpretativa y en ningún caso canónico. Cameron Carpenter es un artista del siglo XXI cuyo vehículo de expresión es la música. Ni por educación ni por sensibilidad concibe, ni le interesa, el concepto de canon y sus diversas derivaciones. Sí que está interesado en las tradiciones culturales, interpretativas y funcionales de su instrumento a la vez que concibe cómo repertorio organístico cualquier música susceptible de ser tocada por un órgano, con independencia de que originalmente fuese profana o religiosa, culta o popular, abstracta o al servicio de un espectáculo.

Es precisamente por ese motivo por el que me resultaba tan atractivo escucharlo -y repetir la escucha al día siguiente, domingo- del Concierto por órgano de Poulenc, una obra y un autor gozosamente híbridos, dolorosamente emocionales y gloriosamente imaginativos. En las manos, en los pies y sobre todo en el cerebro -el órgano se toca con el cerebro- de Carpenter el maravilloso Concierto de Poulenc se convirtió en un prodigio musical y espectacular de tal calibre que resultan mezquinos algunos comentarios que escuché en el descanso del concierto -"es imposible que Poulenc pidiese el registro de harmonium en el cuarto movimiento"-, una mezquindad que ignora el inagotable sentido del humor de Poulenc y su vital optimismo, capaz de romper con cualquier tabú estético o necedad moral.

Todo en la técnica superlativa y el descomunal talento musical de Carpenter están al servicio del acto creativo y apropiativo en la mejor tradición improvisatoria organística, hecho que quedó patente en los regalos -Bach incluido- en los cuales el propio ITO no fue capaz de responder con total eficiencia a los requerimientos tan lúcidos como apasionados del genial artista. Sin duda, le queda todavía a este admirable instrumento un camino para llegar a la perfección, por más que muchas de sus posibilidades nos lleven del asombro a la sonrisa cómplice, o a ambos simultáneamente.

Hruša y la Orquesta Nacional de España (ONE), cautivados y seducidos por Cameron, lo acompañaron en ambos días ejemplares interpretaciones del Concierto de Poulenc y deleitaron al público con una rara avis, El cazador maldito FWV 44 de Cesar Franck, cuya instrumentación deja ver la sonoridad de los órganos Cavaille-Coll de los que Franck fue destacado intérprete.

En la segunda parte la ONE sonó como en los mejores momentos de su historia en una matizada versión de Muerte y transfiguración Op. 24 de R. Strauss, inteligentemente dirigida por Hrusa y ejecutada con delectación por los músicos de la ONE, que disfrutaban a ojos vista. "Al césar lo que es del césar", y por parte de este cronista el reconocimiento de su satisfacción por tener ocasión de elogiar sin reservas a la Orquesta Nacional de España.

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